Kicillof abrió las sesiones ordinarias de la Legislatura bonaerense: "Es necesario cambiar el rumbo nacional"
En la apertura del 154° período de sesiones ordinarias, el gobernador cuestionó el rumbo económico de la Nación, denunció un “ataque al federalismo” y afirmó que la crisis no es inevitable sino producto de decisiones políticas.
Por Redacción 0223
PARA 0223
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aseguró este lunes ante la Asamblea Legislativa que "hay otro camino" y subrayó que "el sufrimiento no es necesario para creer y que la Argentina no está condenada a esta pesadilla", por lo que destacó la necesidad de "cambiar el rumbo nacional".
Acompañado por el presidente de la Cámara baja, Alejandro Dichiara, y la vicegobernadora, Verónica Magario, el mandatario dio inicio al 154° período de sesiones ordinarias, donde ante diputados y senadores manifestó: "Desde Paolo Rocca a Domingo Cavallo, desde Mirta Legrand a Carlos Melconian, todos le están señalando al presidente lo evidente: la Argentina no va bien".
Al msimo tiempo, agregó que "después de más de dos años de gobierno, no se cumplió ninguno de los pronósticos del presidente: no se produjo una recuperación rápida, en V corta, ni de ninguna clase".
En el mensaje ante ministros, miembros de la Suprema Corte, intendentes bonaerenses, legisladores nacionales y provinciales que brindó de pie, sobre un atril, también expresó: "Vemos, en cambio, trabajadores despedidos o fuertemente endeudados a los que no les alcanza el salario, empresarios quebrados o al borde del cierre, jubilados pauperizados, y estudiantes, docentes, artistas y científicos sin un mango".
Luego, sostuvo: "Esta apertura de sesiones se produce en un año especial, cuando se cumplen 50 años del último golpe militar. Hoy no vivimos en dictadura, pero sí somos testigos del ascenso de las extremas derechas que en muchos países están atacando la convivencia democrática, y la idea misma de comunidad".
En el mismo sentido, el líder bonaerense apuntó que "tristemente, también nuestro país se convirtió en un laboratorio de una derecha extrema que llega al poder y gobierna exaltando el odio, consagrando al insulto y a la humillación como método político", y resaltó que "es un proyecto que gobierna a fuerza de represión, violencia y amenazas, con persecución judicial y condenas injustas".
En ese marco, remarcó que "tampoco es una coincidencia que este clima de autoritarismo vaya de la mano de proyectos económicos que generan exclusión, desigualdad y que vacían de contenido social a la democracia", y que de este modo "la sociedad se fractura progresivamente entre una minoría repleta de privilegios y mayorías repletas de privaciones".
El gobernador describió el contexto económico actual como un escenario sin lugar “para fantasías ni voluntarismos” y aseguró que incluso referentes admirados por la derecha hablan de estanflación, “la peor de las combinaciones: recesión e inflación”.
Según planteó, tras más de dos años de gestión “no se cumplió ninguno de los pronósticos del presidente” y lo que se observa es una realidad marcada por despidos, endeudamiento y caída del poder adquisitivo. Entonces, citó una advertencia que -según dijo- atraviesa distintos sectores: “La Argentina no va bien”.
Al repasar indicadores, señaló que el consumo masivo cayó con fuerza -ventas minoristas 10 puntos abajo y mayoristas 20%- y que productos básicos como leche, carne y yerba están en mínimos históricos. Indicó además que la morosidad “se triplicó” en el último año, con un 9,3% de créditos impagos y niveles aún mayores fuera del sistema bancario, y a la par sostuvo que “casi todos los sectores productivos se desplomaron”: la industria cayó 10%, la construcción 26% y el comercio 6%, mientras que desde la asunción de Milei “cerraron cerca de 30 empresas por día”.
Kicillof también advirtió que muchas firmas trabajan con la mitad de su capacidad instalada -apenas 53,8% en promedio- y que la inversión extranjera directa registró saldo negativo por primera vez en 22 años. En términos laborales, afirmó que “cada cuatro minutos se pierde un puesto de trabajo registrado” y puntualizó que ya son 299.600 los empleos formales destruidos, con crecimiento de la informalidad.
A su vez, definió que “la macro está mal y la micro está horrible” y que el supuesto crecimiento que exhibe el Gobierno “es en realidad el crecimiento de la desigualdad”, y cuestionó el rumbo del oficialismo, al señalar que aspira a “destruir el Estado y la industria nacional, y a imponer en Argentina lo que llaman el ‘modelo de Perú y Paraguay’”. A su entender, ese esquema implica “primarización productiva y precarización laboral” y pone en riesgo la salud pública, el sistema universitario y la clase media".
"Si seguimos 6 años más en este rumbo, Argentina corre peligro de perder sus rasgos productivos y culturales más destacados, como país y como sociedad. Este no es ‘un ajuste más’: es una disputa por el tipo de país que aspiramos a ser”, manifestó. Atribuyó esa crisis “al programa económico del Gobierno nacional” y dijo que “no es un plan basado en la libertad de mercado” dado que hay precios clave que el gobierno fija y controla estrictamente: el tipo de cambio, los salarios y jubilaciones, la tasa de interés y las tarifas”.
También rechazó la idea de que el ajuste actual fuera inevitable. “Esto no es una tragedia natural ni un terremoto”, afirmó, al atribuir la caída de la industria, el empleo y el poder adquisitivo a decisiones políticas concretas. A su entender, instalar que “no había alternativa” es parte de una narrativa que busca desmovilizar y justificar el deterioro. “El sufrimiento no es necesario para crecer”, subrayó, y aseguró que la Argentina no está condenada a esta “pesadilla”.
El gobernador sostuvo que, aunque la Provincia actúe como “escudo y red”, no existen soluciones provinciales para una crisis nacional. “Ninguna provincia se salva si el país se hunde”, afirmó, al advertir que ni gobernadores, intendentes, empresarios ni trabajadores pueden revertir por sí solos un rumbo económico en el que “nadie crece” y quienes producen “están bajo amenaza”. Por eso, planteó que es imprescindible "cambiar el rumbo nacional".
Por último, dejó su definición central: “Hay otro camino”. Un camino -enumeró- para bajar la inflación sin destruir la industria y el trabajo, para integrarse al mundo sin someterse y para recuperar un proyecto de desarrollo con un Estado presente. “El futuro le pertenece al pueblo argentino”, concluyó y convocó a trabajar por él “sin descanso y con amor a la patria”.
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