Plomeros y gasistas: cómo usan la IA para mantener vivo el oficio
Cómo es el interés en las nuevas generaciones y cómo se preparan para recibir la influencia de la Inteligencia Artificial. ¿Aliada o enemiga?
Por Redacción 0223
PARA 0223
La Inteligencia Artificial (IA) ya está entre nosotros y más allá de entretenernos, su inclusión en el mundo del trabajo causa temor ante la posibilidad de despidos masivos. Otras, en tanto, buscan asimilar esa tecnología mientras buscan profesionalizar su actividad. Se trata del oficio de plomería y gasista, que como muchos otros oficios por ahora “gambetean” la sustitución de las máquinas e incluso buscan convertirlas en herramientas complementarias sin reemplazar el trabajo técnico.
En diálogo con 0223, Agustín Lanzieri, creador de la comunidad Plomeros Sanitaristas Argentinos y presidente de la Asociación de Plomeros, analizó los desafíos del oficio, la formación de nuevos instaladores y el posible aporte de la IA al trabajo cotidiano.
En el marco de un importante encuentro de plomeros -gasistas que se realizó en Mar del Plata, Lanzieri sostuvo que en la Argentina “hay cerca de 60 mil instaladores sanitarios en actividad” y destacó que más allá que los gasistas tienen su matriculación, buscan jerarquizar la actividad de los plomeros, “para que tengan su matrícula y así mejorar la seguridad tanto para los clientes como para los propios trabajadores”.
“La idea es seguir mejorando y elevando la vara del oficio. La plomería implica responsabilidad porque trabajamos con instalaciones que deben ser seguras y con materiales que requieren conocimiento técnico”, explicó.
Juventud, divino tesoro
Según Lanzieri, la plomería sigue despertando interés entre los grupos etarios menos longevos, aunque muchas veces se instalan ciertos prejuicios sobre la escases de nuevas generaciones en el rubro. “Se suele decir que no hay jóvenes, pero en realidad sí los hay. Hemos hecho jornadas en distintos puntos del país y para no ir tan lejos, tuvimos un evento en Lincoln, a 400 kilómetros de Buenos Aires y la mayoría eran chicos de 18 años. También el oficio se transmite dentro de las familias, donde los padres enseñan a sus hijos”, señaló.
En ese sentido, argumentó que los centros de formación cumplen un rol clave. “Los cursos suelen tener una duración de entre uno y un año y medio, comenzando con módulos básicos de reparaciones domiciliarias. Los primeros pasos incluyen arreglos simples, como cambiar un vástago o un cuerito. Con el tiempo uno va tomando experiencia, se anima a trabajos más grandes y aprende mucho con el roce del oficio”, explicó.
Inteligencia artificial: ¿enemigo o aliado?
Uno de los temas que también aparece en la agenda del sector es el impacto de la inteligencia artificial en los oficios técnicos. Para Lanzieri, la tecnología puede convertirse en un aliado al trabajo del instalador. “Creemos que la IA no nos va a sacar el trabajo, pero sí puede complementarlo”, aseguró.
Entre las ideas que se analizan para el futuro aparece la posibilidad de utilizar herramientas digitales capaces de analizar imágenes de una instalación. Por ejemplo, a partir de una foto de un baño o una cocina, un sistema podría estimar medidas, calcular materiales necesarios o sugerir tipos de conexiones. “Hoy existen algunas herramientas, pero todavía son bastante básicas y no muy precisas. La idea es ir avanzando hacia soluciones más completas”, razonó.
En esa línea, desde el sector mantienen vínculos con instituciones académicas como el Instituto Universitario del Agua y Saneamiento, que funciona en el histórico Palacio de Aguas Corrientes en la Ciudad de Buenos Aires, donde se evalúan proyectos para incorporar tecnología más avanzada al trabajo cotidiano de los instaladores. “El objetivo es potenciar nuestro trabajo. Estamos muy lejos de que las máquinas nos reemplacen”, remarcó.
Un oficio “mundial”
Más allá de las particularidades normativas de cada país, Lanzieri sostuvo que la base del trabajo sanitario es universal, como ser el transporte de fluidos. “Las reglamentaciones pueden cambiar, pero el principio es el mismo. Con una pequeña adaptación, un plomero puede trabajar prácticamente en cualquier parte del mundo”, explicó.
Incluso, en encuentros recientes con especialistas internacionales surgieron comparaciones en torno al oficio en Argentina y en otras latitudes. “Hace poco participó un gerente de una empresa de Colombia en una jornada para instaladores y nos comentaba que en algunos aspectos estamos muy avanzados. Pero en otros todavía hay camino por recorrer”, concluyó.
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