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Carlos arroyo

31 de Diciembre de 2018 20:47

Cómo fue el año de Arroyo

El intendente arrancó el año con una frase polémica y lo cierra con otra. En medio, tuvo varias peleas, algunas ganadas y otras abiertas. Su mayor satisfacción, afirma, es haber ordenado los números del municipio.  

El primer día del año, cerca del mediodía, el intendente Carlos Arroyo se acercó hasta el Yatch Club Playa Grande para encabezar el acto de recepción de los primeros turistas del año. Así, el jefe comunal saludó y distinguió a los primeros turistas que llegaron por las rutas 2 y 226, los que lo hicieron a través del tren y los que arribaron al aeropuerto Astor Piazzolla. Ese día soleado también inauguró una serie de polémicas que lo acompañaron a lo largo de todo el año.

“Vamos a mandar a alguna chica bonita a convencer empresarios a que vengan invertir a Mar del Plata”, dijo, a modo de broma, completamente fuera de época.

Y casi con todos los días de 2018 tachados en el almanaque, el 28 de diciembre, cerró con una nueva polémica: “Este no es un lugar digno para un intendente”, bramó antes de abandonar el acto en el que la gobernadora María Eugenia Vidal inauguró las playas públicas equipadas.

Así, desde el inicio del año y hasta el final el intendente de General Pueyrredon tuvo un nuevo año de polémicas, peleas y dolores de cabeza. Sin embargo, también trae un balance positivo para el intendente Arroyo: asegura que las cuentas del municipio finalmente se ordenaron y ya no atraviesa dificultades para pagar sueldos como ocurrió durante buena parte de 2017.

A la hora de enumerar los logros de 2018, el jefe comunal enumeró el "equilibrio financiero" de la municipalidad, aseguró que se "mejoró enormemente" las tareas de mantenimiento en barrios de las ciudad e, incluso, la relación de la Comuna con los vecinalistas de Mar del Plata.

 

De escobas, piñas y otras yerbas

La primera declaración pública de Arroyo en 2018 le trajo un sinfín de dolores de cabeza: la frase se replicó por todos los medios de la Argentina y luego de eso abandonó la escena pública por algunas semanas. Es que, sumado a su polémica frase, Mar del Plata en el inicio de 2018 enfrentó un duro conflicto con las empresas encargadas de operar el predio de disposición final de residuos y la basura se acumuló en las calles.

 

Sin embargo, un par de meses después volvió a la carga con otra frase a contramano de los tiempos que se viven. Se quejó por el mal estado de las veredas de Mar del Plata y lo atribuyó a que antes “las señoras salían a barrer la vereda” y ya no lo hacen más.

Con pocos días de diferencia, en la inauguración de sesiones ordinaria del Concejo Deliberante, el intendente se refirió a uno de los temas centrales del año (los tarifazos de gas) y destacó que logró la recategorización de la tarifa en Mar del Plata tras arduas discusiones con el entonces ministro de Energía Juan José Aranguren. Pero fiel a su estilo, fue un pasito más allá: “Me peleé una hora, por poco me agarro a trompadas”, lanzó.

Tal vez la principal polémica que enfrentó el jefe comunal fue la que giró en torno a los aportantes truchos de las campañas de Cambiemos, un tema que sacudió a la gobernadora María Eugenia Vidal como ningún otro en estos tres años.

 

Cuando le tocó el turno a Arroyo de hablar sobre su aparición en la lista de aportantes de la campaña de Cambiemos fue categórico. “Nosotros no hicimos ningún aporte”. Aquella frase significó alcanzar el momento de mayor tensión con el gobierno provincial y, especialmente, con la gobernadora Vidal, con quien pocos días antes había vuelto a compartir una foto en la Semana Social de la Iglesia.

Sin embargo, cuando parecía que la relación estaba totalmente quebrada, comenzaron a tallar otras cuestiones. Los desbaraustes económicos del gobierno nacional, con feroces devaluaciones y crisis cambiarias, hicieron notar a los armadores de Cambiemos que de cara al año electoral que está a punto de comenzar no podían darse el lujo de expulsar a nadie y comenzó una etapa de tregua.

 

Las peleas domésticas

Sobre el cierre del año, el jefe comunal también enfrentó varios conflicto en los que, en los hechos –al menos por ahora- salió victorioso, aunque luego habrá que evaluar el desgaste político de esas batallas.

El primero fue con la Mutual de Guardavidas, cuando el intendente resolvió no renovarle el contrato a la institución mediante el cual todas las temporadas contrataba a cerca de 80 guardavidas. El jefe comunal debió enfrentar situaciones de tensión, con acampes en la puerta del municipio y ruidosas protestas en lugares emblemáticos de la ciudad (como el monumento a los Lobos).

Sin embargo, Arroyo no torció su posición y prescindió del contrato con la Mutual. Finalmente, fue el gobierno provincial el que intervino y le garantizó la continuidad de los puestos laborales a este grupo de guardavidas.

 

El segundo tema fue (es en rigor, porque aún no está resuelto) mucho más complejo y delicado: docentes municipales.

La pelea comenzó cuando el jefe comunal decidió firmar una resolución que, a su criterio,  corregía un “error histórico”, mediante el cual los maestros del sistema municipal cobraban una bonificación por una cantidad de horas que no pasaban frente a sus alumnos. Ese cambio desató una fuerte tormenta con marchas, protestas y paros por parte de los docentes que sintieron que la decisión del intendente, lejos de corregir un error, solo buscaba reducirle el salario a los trabajadores que desde hacía más de 30 años lo percibían de ese modo.

En ese marco, intervino el Concejo Deliberante, que decidió sancionar una ordenanza que estableciera que la liquidación de la bonificación se hacía bajo esa cantidad de horas y eliminar así el presunto error en el que se amparó el jefe comunal. La pelea política, igual, no se calmó y los ediles resolvieron interpelar a los secretarios de Hacienda Hernán Mourelle y de Educación Luis Distéfano, responsables de la medida.

Pocas horas antes de que los funcionarios se hicieran presentes para dar explicaciones, el jefe comunal decidió vetar la ordenanza aprobada por el cuerpo legislativo. Así, la interpelación se dio en un marco de tensión muy marcado. Y tanto Mourelle como Distéfano no se presentaron con deseos de aquietarlos: cuestionaron al sindicato y a los concejales, prepotearon y rechazaron todas las críticas que recibieron.

El desenlace fue (pareció en ese entonces, al menos) un cachetazo para el Ejecutivo: rechazaron por insistencia el veto de Arroyo y dejaron firme la ordenanza aprobada semanas antes.

Cuando parecía que se trataba de una dura derrota del intendente y sus aliados en el cierre del año, Arroyo redobló la apuesta e hizo una denuncia por conflicto de poderes en la Suprema Corte de Justicia. El intendente asumió un riesgo muy alto al acudir al máximo tribunal: abrió la puerta para judicializar decisiones políticas, especialmente una en la que está en juego el salario de los trabajadores.

Sin embargo, cuando parecía que iba a pagar cara su obstinación, la Suprema Corte de Justicia dictó una medida cautelar en la que suspendió la aplicación de la ordenanza sancionada por el Concejo, mientras se estudia la cuestión de fondo.

Arroyo llega al final de 2018 con varias frases que lo pusieron en portadas indeseadas, una situación económica municipal que lo tranquiliza y que destaca en cada oportunidad y un conflicto abierto con los municipales por el cierre de la paritaria del año.