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Entre repudios y denuncias de acoso, Hernán Mourelle atraviesa su semana más crítica

Entre repudios y denuncias de acoso, Hernán Mourelle atraviesa su semana más crítica

Por Mariano Suárez

Eran las 12 del mediodía del 22 de septiembre de 2017 cuando Hernán Mourelle fue oficializado como secretario de Hacienda de General Pueyrredon, en reemplazo de Gustavo Schroeder. Se convirtió así en el tercer funcionario en ese cargo durante la gestión de Carlos Arroyo, quien hasta unas horas antes de tomarle juramento jamás había escuchado su nombre. Un nombre que en la última semana fue el que más se repitió en los medios de comunicación y le trajo un dolor de cabeza al jefe comunal.

Mourelle llegó directamente enviado por el ministro de Economía Hernán Lacunza. Se trata de un dirigente del Pro, que venía trabajando desde hace tiempo en el espacio, pero siempre en cargos de poca exposición. Luego de criticar una y otra vez el manejo de las cuentas por parte del municipio de General Pueyrredon, el gobierno provincial decidió intervenir de manera directa: impuso el secretario de Hacienda.

“Debe ser el mejor secretario de Hacienda que ha tenido la Municipalidad en toda su historia”. La frase pertenece al propio intendente. Sin embargo, no puede ser considerada como una opinión sólida. Arroyo la pronunció apenas 15 días después de que Mourelle desembarcara en Mar del Plata. Poco tiempo para poder hacer semejante apreciación. Además, Arroyo acostumbra a realizar frases grandilocuentes que superan los márgenes razonables. De hecho había lanzado manifestaciones similares sobre Fernando Telpuk y Ana María Crovetto. Hoy ninguno de los dos forma parte de la gestión y, con formas distintas, ambos se fueron arrojando críticas al intendente.

Sin embargo, con el correr de los meses Mourelle se puso al frente de batallas que el intendente Arroyo había iniciado, pero en las que no había terminado de meterse de lleno. Primero fue contra el Sindicato de Trabajadores Municipales (STM). Luego contra la empresa 9 de Julio. Contra los fomentistas. Y, por si fuera poco, lo acompañó en cada una de las peleas contra el dueño del multimedios La Capital Florencio Aldrey Iglesias.

Lejos del perfil habitual de un secretario de Hacienda, Mourelle comenzó a sobresalir por su espíritu combativo y sus frases picantes. Ese estilo, que fue encantando poco a poco a Arroyo, lo fue alejando cada vez más del gobierno provincial. “Nosotros lo mandamos para que haga un trabajo técnico, no queremos que tenga un perfil elevado”, repetían desde el entorno de Lacunza cada vez que una frase del secretario de Hacienda se convertía en noticia.

Al mismo tiempo, Mourelle se sintió cómodo con las personas más cercanas al intendente: su hijo Guillermo y su yerno Mauricio Loria.

Mourelle todavía no cumplió un año al frente de la Secretaría de Hacienda de General Pueyrredon. Aunque no es demasiado tiempo hay una certeza: su relación con el radicalismo fue mala desde el primer día. Y hoy es irreconciliable.

A principio de año su nivel de exposición creció cuando el oficialismo debió discutir el presupuesto. Una discusión que se extendió hasta abril en una sesión que terminó en plena madrugada. Fue el radicalismo, integrante de la alianza Cambiemos, uno de los sectores que más reparos puso al proyecto elaborado por el secretario de Hacienda.

Tras esas semanas de tensión, el nombre de Mourelle volvió a desaparecer de la escena pública. Hasta hace algunas semanas cuando distintos sectores comenzaron a hacer públicos sus reproches por los fuertes aumentos de tasas que sufrieron este año. La Sociedad Rural y los productores agropecuarios fueron los que más alto levantaron la voz y consiguieron el respaldo de la Unión Cívica Radical.

Mourelle se puso al hombro la decisión del intendente de vetar la ordenanza y volvió a disparar contra los radicales. Con ese conflicto todavía tibio, el secretario de Hacienda se generó otra pelea: acusó a los presidentes de Quilmes, Peñarol, Alvarado y Aldosivi de “chantas” por “quedarse con la plata de todos los vecinos de Mar del Plata”.

El conflicto de fondo es que los clubes de Mar del Plata que representan a la ciudad en torneos nacionales están eximidos de pagar el canon por el uso de los estadios José María Minella y Polideportivo. Sin embargo, desde hace tiempo el municipio tiene la intención de que paguen los gastos que conlleva abrir los estadios: luz, gas, seguros, horas extras para el personal y demás.  El argumento de Mourelle es que la ordenanza los exime de pagar, pero no les otorga el derecho de explotación publicitaria en los escenarios.

La calificación de “chantas” desvirtuó toda la discusión. Y lo obligó a Arroyo a convocar de urgencia a los presidentes de los clubes para pedirles disculpas y garantizarles que, por el momento, no se modificará la situación actual. Incluso el propio Mourelle se retractó de sus dichos (pese a que lo repitió en dos medios distintos con varias horas de diferencia).

Esa pelea innecesaria se dio en el marco de una acusación mucho más severa: una denuncia por coacción de una empleada municipal contra el secretario de Hacienda. La joven dijo en la Justicia que Mourelle le trabó una bonificación porque pretendía tener relaciones sexuales con ella.

El funcionario salió rápidamente a desmentir los hechos y desacreditar a la denunciante: relató que desde que llegó a Mar del Plata le venía pidiendo una bonificación que no le correspondía y dejó entrever que había escalado posiciones a partir de una relación de noviazgo con el secretario privado de Arroyo. 

Este miércoles la fiscalía tomó las primeras testimoniales al respecto.  El jefe comunal todavía no hizo ninguna mención al tema, aunque es seguro que, de ser consultado, dirá que no conoce los detalles de la denuncia y no puede emitir una opinión de un tema que desconoce, una idea que ha repetido ante cada tema espinoso que se tramitó en la Justicia.

Sus decisiones no solo lo enfrentan con los radicales. En las últimas semanas, el presidente del Concejo Deliberante Guillermo Sáenz Saralegui enfureció cuando se enteró que le había trabado designaciones y ascensos para varios empleados del cuerpo legislativo. No parece un tema central, porque las acciones de Saralegui están golpeadas desde hace tiempo. Pero algunos salieron a respaldarlo: en la última reunión de la comisión de Hacienda, la radical Cristina Coria y el vidalista Alejandro Carrancio permitieron la aprobación de diversos pedidos de informes al Ejecutivo. También le reclamaron formalmente la ordenanza complementaria, que nunca llegó al Concejo.

En los pasillos del municipio también se habla de otro arriesgado plan de Mourelle, que en términos concretos podría ser favorable para el municipio, pero podría tener connotaciones políticas complejas: licitar las cuentas sueldos de todos los empleados municipales y trasladarlas del Banco Provincia a entidades privadas. Esa medida supondría tener mejores condiciones para el municipio, pero significaría un golpe tremendo para la banca oficial en Mar del Plata que dinamitaría una relación ya estallada del intendente con la gobernadora María Eugenia Vidal.

“Es indomable”, definieron a Mourelle dos colaboradores del entorno de Arroyo. Algunos dejaron entrever que el intendente no está contento con lo sucedido. Primero, una pelea con los clubes más importantes de Mar del Plata y luego un escándalo judicial, en una época en las mujeres lograron fuerte respaldo social ante ese tipo de hechos.

Otros aseguran que Arroyo valora su solidez técnica y, por sobre todo, su carácter. “En algún punto, son parecidos”, confiaron. Aunque también aclararon que es difícil saber cuándo Arroyo está enojado de verdad.

 

 

 

 

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Entre repudios y denuncias de acoso, Hernán Mourelle atraviesa su semana más crítica

Todavía no pasó un año desde que Mourelle asumió el cargo como secretario de Hacienda. 

Eran las 12 del mediodía del 22 de septiembre de 2017 cuando Hernán Mourelle fue oficializado como secretario de Hacienda de General Pueyrredon, en reemplazo de Gustavo Schroeder. Se convirtió así en el tercer funcionario en ese cargo durante la gestión de Carlos Arroyo, quien hasta unas horas antes de tomarle juramento jamás había escuchado su nombre. Un nombre que en la última semana fue el que más se repitió en los medios de comunicación y le trajo un dolor de cabeza al jefe comunal.

Mourelle llegó directamente enviado por el ministro de Economía Hernán Lacunza. Se trata de un dirigente del Pro, que venía trabajando desde hace tiempo en el espacio, pero siempre en cargos de poca exposición. Luego de criticar una y otra vez el manejo de las cuentas por parte del municipio de General Pueyrredon, el gobierno provincial decidió intervenir de manera directa: impuso el secretario de Hacienda.

“Debe ser el mejor secretario de Hacienda que ha tenido la Municipalidad en toda su historia”. La frase pertenece al propio intendente. Sin embargo, no puede ser considerada como una opinión sólida. Arroyo la pronunció apenas 15 días después de que Mourelle desembarcara en Mar del Plata. Poco tiempo para poder hacer semejante apreciación. Además, Arroyo acostumbra a realizar frases grandilocuentes que superan los márgenes razonables. De hecho había lanzado manifestaciones similares sobre Fernando Telpuk y Ana María Crovetto. Hoy ninguno de los dos forma parte de la gestión y, con formas distintas, ambos se fueron arrojando críticas al intendente.

Sin embargo, con el correr de los meses Mourelle se puso al frente de batallas que el intendente Arroyo había iniciado, pero en las que no había terminado de meterse de lleno. Primero fue contra el Sindicato de Trabajadores Municipales (STM). Luego contra la empresa 9 de Julio. Contra los fomentistas. Y, por si fuera poco, lo acompañó en cada una de las peleas contra el dueño del multimedios La Capital Florencio Aldrey Iglesias.

Lejos del perfil habitual de un secretario de Hacienda, Mourelle comenzó a sobresalir por su espíritu combativo y sus frases picantes. Ese estilo, que fue encantando poco a poco a Arroyo, lo fue alejando cada vez más del gobierno provincial. “Nosotros lo mandamos para que haga un trabajo técnico, no queremos que tenga un perfil elevado”, repetían desde el entorno de Lacunza cada vez que una frase del secretario de Hacienda se convertía en noticia.

Al mismo tiempo, Mourelle se sintió cómodo con las personas más cercanas al intendente: su hijo Guillermo y su yerno Mauricio Loria.

Mourelle todavía no cumplió un año al frente de la Secretaría de Hacienda de General Pueyrredon. Aunque no es demasiado tiempo hay una certeza: su relación con el radicalismo fue mala desde el primer día. Y hoy es irreconciliable.

A principio de año su nivel de exposición creció cuando el oficialismo debió discutir el presupuesto. Una discusión que se extendió hasta abril en una sesión que terminó en plena madrugada. Fue el radicalismo, integrante de la alianza Cambiemos, uno de los sectores que más reparos puso al proyecto elaborado por el secretario de Hacienda.

Tras esas semanas de tensión, el nombre de Mourelle volvió a desaparecer de la escena pública. Hasta hace algunas semanas cuando distintos sectores comenzaron a hacer públicos sus reproches por los fuertes aumentos de tasas que sufrieron este año. La Sociedad Rural y los productores agropecuarios fueron los que más alto levantaron la voz y consiguieron el respaldo de la Unión Cívica Radical.

Mourelle se puso al hombro la decisión del intendente de vetar la ordenanza y volvió a disparar contra los radicales. Con ese conflicto todavía tibio, el secretario de Hacienda se generó otra pelea: acusó a los presidentes de Quilmes, Peñarol, Alvarado y Aldosivi de “chantas” por “quedarse con la plata de todos los vecinos de Mar del Plata”.

El conflicto de fondo es que los clubes de Mar del Plata que representan a la ciudad en torneos nacionales están eximidos de pagar el canon por el uso de los estadios José María Minella y Polideportivo. Sin embargo, desde hace tiempo el municipio tiene la intención de que paguen los gastos que conlleva abrir los estadios: luz, gas, seguros, horas extras para el personal y demás.  El argumento de Mourelle es que la ordenanza los exime de pagar, pero no les otorga el derecho de explotación publicitaria en los escenarios.

La calificación de “chantas” desvirtuó toda la discusión. Y lo obligó a Arroyo a convocar de urgencia a los presidentes de los clubes para pedirles disculpas y garantizarles que, por el momento, no se modificará la situación actual. Incluso el propio Mourelle se retractó de sus dichos (pese a que lo repitió en dos medios distintos con varias horas de diferencia).

Esa pelea innecesaria se dio en el marco de una acusación mucho más severa: una denuncia por coacción de una empleada municipal contra el secretario de Hacienda. La joven dijo en la Justicia que Mourelle le trabó una bonificación porque pretendía tener relaciones sexuales con ella.

El funcionario salió rápidamente a desmentir los hechos y desacreditar a la denunciante: relató que desde que llegó a Mar del Plata le venía pidiendo una bonificación que no le correspondía y dejó entrever que había escalado posiciones a partir de una relación de noviazgo con el secretario privado de Arroyo. 

Este miércoles la fiscalía tomó las primeras testimoniales al respecto.  El jefe comunal todavía no hizo ninguna mención al tema, aunque es seguro que, de ser consultado, dirá que no conoce los detalles de la denuncia y no puede emitir una opinión de un tema que desconoce, una idea que ha repetido ante cada tema espinoso que se tramitó en la Justicia.

Sus decisiones no solo lo enfrentan con los radicales. En las últimas semanas, el presidente del Concejo Deliberante Guillermo Sáenz Saralegui enfureció cuando se enteró que le había trabado designaciones y ascensos para varios empleados del cuerpo legislativo. No parece un tema central, porque las acciones de Saralegui están golpeadas desde hace tiempo. Pero algunos salieron a respaldarlo: en la última reunión de la comisión de Hacienda, la radical Cristina Coria y el vidalista Alejandro Carrancio permitieron la aprobación de diversos pedidos de informes al Ejecutivo. También le reclamaron formalmente la ordenanza complementaria, que nunca llegó al Concejo.

En los pasillos del municipio también se habla de otro arriesgado plan de Mourelle, que en términos concretos podría ser favorable para el municipio, pero podría tener connotaciones políticas complejas: licitar las cuentas sueldos de todos los empleados municipales y trasladarlas del Banco Provincia a entidades privadas. Esa medida supondría tener mejores condiciones para el municipio, pero significaría un golpe tremendo para la banca oficial en Mar del Plata que dinamitaría una relación ya estallada del intendente con la gobernadora María Eugenia Vidal.

“Es indomable”, definieron a Mourelle dos colaboradores del entorno de Arroyo. Algunos dejaron entrever que el intendente no está contento con lo sucedido. Primero, una pelea con los clubes más importantes de Mar del Plata y luego un escándalo judicial, en una época en las mujeres lograron fuerte respaldo social ante ese tipo de hechos.

Otros aseguran que Arroyo valora su solidez técnica y, por sobre todo, su carácter. “En algún punto, son parecidos”, confiaron. Aunque también aclararon que es difícil saber cuándo Arroyo está enojado de verdad.

 

 

 

 

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