¿100 días para enamorarse?

Por Augusto Taglioni

Andrés Manuel López Obrador cumplió los primeros 100 en el poder en México. Desafíos para gobernar un país complejo. 

Andrés López Obrador es un destello de progresismo en medio de una ola conservadora en América Latina, tal vez, porque México viene arrastrando décadas de gobiernos de derecha que no resolvieron los problemas estructurales del país. 

Sin ir mas lejos, AMLO habló de corrupción en toda la campaña electoral en un eje que pudo haber sido utilizado por Macri en Argentina o Bolsonaro en Brasil. La diferencia es clave, el presidente de México relacionó este flagelo al neoliberalismo. “La corrupción es sinónimo a neoliberalismo”, repite cada vez que puede. 

En esta línea, el presidente anunció en su mensaje presidencial de hace algunos días que “los programas de austeridad, ahorro y de combate a la corrupción han hecho que su Administración tenga disponibles 700.000 millones de pesos (36.000 millones de dólares)”.

La corrupción en países como Argentina, Brasil o Ecuador han sido utilizados para utilizar la justicia para disciplinar al sistema política y justificar políticas de ajuste en el sector público. En México, se empezó a utilizar el dinero para poner dinero en el bolsillo de asalariados y pensionados. 

De esta manera, el gobierno de Obrador en estos tres meses entregó dinero a 13 millones de personas mayores de 65 años y prometió que para el primer semestre de este año esta cifra aumentará a 18 millones de beneficiarios. Además, nueve millones de estudiantes de los sectores más humildes recibirán 60.000 millones de pesos durante 2019, unos 3.000 millones de dólares, en becas.

La economía fue (sigue siendo, claro) uno de los más importantes de desafíos, especialmente si tenemos en cuenta que México es la segunda economía de la región e integrante del G20. El presidente sostuvo que "la economía está en marcha. Crece poco, pero no hay ni asomo de recesión como quisieran nuestros adversarios o como pronostican de mala fe sus analistas. Se van a quedar con las ganas”. La llegada del López Obrador vino acompañada con una recuperación del 4 por ciento del peso mexicano con respecto al dólar, una baja en la inflación y un aumento del 2,6% en la recaudación federal durante el primer bimestre del año respecto al mismo periodo de 2018.

Otros de las metas del gobierno es resolver la seguridad pública marcada por más de con 250 mil asesinatos y 40 mil desapariciones forzadas en 12 años. Las consecuencias de la militarización de la seguridad pública para “combatir al narcotráfico”.

Consultado para esta columna, el periodista mexicano Oswaldo Zavala dijo que “la creación de la Guardia Nacional-un híbrido entre Policía Federal y ejército para suplementar aspectos de la seguridad pública- fue una de las medidas más importante de los 100 días del gobierno mexicano.  Antes del Gobierno de Morena se registraban un promedio de 91,3 homicidios diarios, de diciembre a marzo de este año son 88.2. 

El resultado más optimista en materia de seguridad y justicia ha sido la disminución del robo de combustible, uno de los tres delitos que han sido catalogados como graves por ley en la presente Administración junto a la corrupción y los delitos electorales. 

En este contexto, es importante destacar que las redes de delincuentes pasaron de sustraer ilegalmente 81.000 barriles de hidrocarburos a 15.000, después de un operativo militar que provocó un importante desabasto de gasolina en varios Estados del país. 

En este aspecto, Zavala planteó que el 80 por ciento del robo se daba al interior, es decir, eran delitos de cuello blanco, no de ladrones ni traficantes, sino que se desarrollaba con el consenso de los funcionarios de las empresas y al interior de las refinerías. Estamos hablando de un saqueo sistemático con el consentimiento y corrupción de los altos mandos del país. Es peligroso y por ello ha costado movilizar al ejército para proteger las refinerías porque ocurría al interior de las trasnacionales.

El presidente mexicano tiene una de las prioridades puestas en la reconstrucción de la industria energética que es fundamental para el desarrollo nacional y por otro la de pacificar el país con una estrategia que se corra de la del narco como el enemigo doméstico para abordar los verdaderos problemas como el saqueo de los recursos, la corrupción y la pobreza.

 

Mirada regional

Andrés Manuel López Obrador tuvo que intervenir en el conflicto venezolano. Mientras los países del Grupo de Lima coincidieron en condenar a Nicolás Maduro y reconocer a Juan Guaidó sin medir los costos de una decisión de esas características, México optó por no entrometerse en asuntos internos y se propuso como mediador para que las partes en pugna dialoguen. 

A costa de una condena interna y externa, y a pesar de ser vecino de los Estados Unidos, principal interesado en una salida de Maduro de Venezuela, México se alió a Uruguay para intentar ser parte de solución. Por ahora eso no fue posible. 

López Obrador es la izquierda posible en un país en donde la hegemonía de la derecha modificó estructuralmente la matriz productiva para convertirlo en dependiente de la principal potencia. ¿Puede México mirar a América Latina como alternativa ante la difícil relación con Estados Unidos? Sí, pero no será de la noche a la mañana. La lógica de Trump obliga a todos los países de la región (progresistas o no) a configurar una relación intraregión que permita construir un contrapeso al ritmo de las relaciones bilaterales que propone Washington.  De la misma forma que pensar en condiciones laborales y de vida dignas para aquellos mexicanos que sufren las políticas antimigrantes de la Casa Blanca deberá ser otro de los grande desafíos.

El progresismo puede entusiasmarse con la llegada de López Obrador a México sin dejar de entender el contexto y el marco de alianza que se necesitaron para llegar al poder en un país que parecía imposible para la izquierda. Si la llegada fue difícil, imagínense gobernarlo. La izquierda posible tiene que hacer de México un país gobernable capaz de terminar con un esquema de corrupción y con un peso fuerte de la economía criminal que, según especialistas, representa mas del 10 por ciento del PBI total. Es muchísimo dinero si partimos de la base que el nuevo gobierno asumió con más del 50 por ciento de la población bajo el umbral de la pobreza con un salario mínimo de 88 pesos mexicanos diarios, estamos hablando de cuatro dólares diarios, 120 dólares al mes, uno de los salarios mínimos mas bajos de América Latina. 

 

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¿100 días para enamorarse?

Andrés Manuel López Obrador cumplió los primeros 100 en el poder en México. Desafíos para gobernar un país complejo. 

Andrés López Obrador es un destello de progresismo en medio de una ola conservadora en América Latina, tal vez, porque México viene arrastrando décadas de gobiernos de derecha que no resolvieron los problemas estructurales del país. 

Sin ir mas lejos, AMLO habló de corrupción en toda la campaña electoral en un eje que pudo haber sido utilizado por Macri en Argentina o Bolsonaro en Brasil. La diferencia es clave, el presidente de México relacionó este flagelo al neoliberalismo. “La corrupción es sinónimo a neoliberalismo”, repite cada vez que puede. 

En esta línea, el presidente anunció en su mensaje presidencial de hace algunos días que “los programas de austeridad, ahorro y de combate a la corrupción han hecho que su Administración tenga disponibles 700.000 millones de pesos (36.000 millones de dólares)”.

La corrupción en países como Argentina, Brasil o Ecuador han sido utilizados para utilizar la justicia para disciplinar al sistema política y justificar políticas de ajuste en el sector público. En México, se empezó a utilizar el dinero para poner dinero en el bolsillo de asalariados y pensionados. 

De esta manera, el gobierno de Obrador en estos tres meses entregó dinero a 13 millones de personas mayores de 65 años y prometió que para el primer semestre de este año esta cifra aumentará a 18 millones de beneficiarios. Además, nueve millones de estudiantes de los sectores más humildes recibirán 60.000 millones de pesos durante 2019, unos 3.000 millones de dólares, en becas.

La economía fue (sigue siendo, claro) uno de los más importantes de desafíos, especialmente si tenemos en cuenta que México es la segunda economía de la región e integrante del G20. El presidente sostuvo que "la economía está en marcha. Crece poco, pero no hay ni asomo de recesión como quisieran nuestros adversarios o como pronostican de mala fe sus analistas. Se van a quedar con las ganas”. La llegada del López Obrador vino acompañada con una recuperación del 4 por ciento del peso mexicano con respecto al dólar, una baja en la inflación y un aumento del 2,6% en la recaudación federal durante el primer bimestre del año respecto al mismo periodo de 2018.

Otros de las metas del gobierno es resolver la seguridad pública marcada por más de con 250 mil asesinatos y 40 mil desapariciones forzadas en 12 años. Las consecuencias de la militarización de la seguridad pública para “combatir al narcotráfico”.

Consultado para esta columna, el periodista mexicano Oswaldo Zavala dijo que “la creación de la Guardia Nacional-un híbrido entre Policía Federal y ejército para suplementar aspectos de la seguridad pública- fue una de las medidas más importante de los 100 días del gobierno mexicano.  Antes del Gobierno de Morena se registraban un promedio de 91,3 homicidios diarios, de diciembre a marzo de este año son 88.2. 

El resultado más optimista en materia de seguridad y justicia ha sido la disminución del robo de combustible, uno de los tres delitos que han sido catalogados como graves por ley en la presente Administración junto a la corrupción y los delitos electorales. 

En este contexto, es importante destacar que las redes de delincuentes pasaron de sustraer ilegalmente 81.000 barriles de hidrocarburos a 15.000, después de un operativo militar que provocó un importante desabasto de gasolina en varios Estados del país. 

En este aspecto, Zavala planteó que el 80 por ciento del robo se daba al interior, es decir, eran delitos de cuello blanco, no de ladrones ni traficantes, sino que se desarrollaba con el consenso de los funcionarios de las empresas y al interior de las refinerías. Estamos hablando de un saqueo sistemático con el consentimiento y corrupción de los altos mandos del país. Es peligroso y por ello ha costado movilizar al ejército para proteger las refinerías porque ocurría al interior de las trasnacionales.

El presidente mexicano tiene una de las prioridades puestas en la reconstrucción de la industria energética que es fundamental para el desarrollo nacional y por otro la de pacificar el país con una estrategia que se corra de la del narco como el enemigo doméstico para abordar los verdaderos problemas como el saqueo de los recursos, la corrupción y la pobreza.

 

Mirada regional

Andrés Manuel López Obrador tuvo que intervenir en el conflicto venezolano. Mientras los países del Grupo de Lima coincidieron en condenar a Nicolás Maduro y reconocer a Juan Guaidó sin medir los costos de una decisión de esas características, México optó por no entrometerse en asuntos internos y se propuso como mediador para que las partes en pugna dialoguen. 

A costa de una condena interna y externa, y a pesar de ser vecino de los Estados Unidos, principal interesado en una salida de Maduro de Venezuela, México se alió a Uruguay para intentar ser parte de solución. Por ahora eso no fue posible. 

López Obrador es la izquierda posible en un país en donde la hegemonía de la derecha modificó estructuralmente la matriz productiva para convertirlo en dependiente de la principal potencia. ¿Puede México mirar a América Latina como alternativa ante la difícil relación con Estados Unidos? Sí, pero no será de la noche a la mañana. La lógica de Trump obliga a todos los países de la región (progresistas o no) a configurar una relación intraregión que permita construir un contrapeso al ritmo de las relaciones bilaterales que propone Washington.  De la misma forma que pensar en condiciones laborales y de vida dignas para aquellos mexicanos que sufren las políticas antimigrantes de la Casa Blanca deberá ser otro de los grande desafíos.

El progresismo puede entusiasmarse con la llegada de López Obrador a México sin dejar de entender el contexto y el marco de alianza que se necesitaron para llegar al poder en un país que parecía imposible para la izquierda. Si la llegada fue difícil, imagínense gobernarlo. La izquierda posible tiene que hacer de México un país gobernable capaz de terminar con un esquema de corrupción y con un peso fuerte de la economía criminal que, según especialistas, representa mas del 10 por ciento del PBI total. Es muchísimo dinero si partimos de la base que el nuevo gobierno asumió con más del 50 por ciento de la población bajo el umbral de la pobreza con un salario mínimo de 88 pesos mexicanos diarios, estamos hablando de cuatro dólares diarios, 120 dólares al mes, uno de los salarios mínimos mas bajos de América Latina. 

 

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