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Una democracia aplazada

Una democracia aplazada

Por Augusto Taglioni

Los motivos por el cual el Supremo Tribunal Federal de Brasil volvió a suspender la discusión del Habeas Corpus que podía dejar en libertad a Lula. El expresidente llega 444 días en prisión. 

El Supremo Tribunal Federal decidió posponer la discusión del Habeas Corpus que podía favorece a Lula con la liberación de la cárcel. Lo aplazó nuevamente a pesar de las contundentes pruebas que indican que Sergio Moro fue total y absolutamente parcial en el proceso de detención que terminó con la detención del ex presidente. La pregunta es, ¿por qué? ¿Qué es lo que los  jueces supremos están evitando? ¿Qué más tiene que aparecer en la escena pública para que se compruebe que la detención de Lula es irregular, arbitraria y absurda?

Bueno, estas son las preguntas que sobrevuelan al vecino país desde que la Operación Lava Jato irrumpió en el escenario político brasileño. Para aproximarse a una respuesta mas o menos concreta debemos dejar mirar la realidad de Brasil desde una perspectiva del mundo justa para embarrarnos en el entendimiento de los intereses cruzados que gíran alrededor de lo que sucede.

Uno de los motivos está vinculado con el poder de fuego de la red O'Globo que se ha posicionado en defender de Sergio Moro y ha calificado a la investigación del sitio The Intercepted como una maniobra de hackers para derribar la Operación Lava Jato y "liberar a los corruptos". O Globo tiene una importante llegada a las capas sociales desencantadas con la política que suscriben la idea de que el problema de Brasil es la corrupción. Más allá de las críticas a Bolsonaro por haber desarrollado una alianza con los medios de comunicación evangelistas, en este pelea cerró filas con Moro. Una fuente consultada para esta columna dijo que "los supremos tienen miedo al escrache de los medios de comunicación". 

Otro elemento de presión de relevancia es del propio gobierno de Jair Bolsonaro y los militares que se manifestaron a través del muy influyente y actual asesor especial, General Vila Boas, el mismo que amenazó con salir a las calles el día anterior de la sesión que terminó dando luz verde para el encarcelamiento de Lula Da Silva. Esta misma fuente aseguró que estos sectores "pronostican un incendio socia si liberaran a Lula". Si miramos la capacidad de movilización demostrada por la derecha, no sería extraño que esto produzca altos niveles de virulencia. 

El debate del Habeas Corpus está paralizado desde el 5 de noviembre de 2018, luego de un brutal silenciamiento al que fue sometido Lula para no favorecer a su candidato presidencial, Fernando Haddad.  Si bien la parcialidad de Moro en el proceso estaba clara por el perfil que tuvo durante la investigación y quedó expuesta cuando fue designado ministro de Bolsonaro, esta maniobra se comprobó con los chats de Telegram publicados por The Intercepted. 

En este contexto, los jueces saben que estamos ante un mamarracho jurídico sin precedentes pero no se disponen a toma una decisión que puede costarle caro. Si nos metemos en el trazo fino del poroteo de los magistrados llegamos a la conclusión de que las posiciones están muy ajustadas y ese 6-5 en contra de Lula tiene muchas chances de revertirse. 

Hay otro elemento que gravita en el terreno de lo personal. Si bien muchos de los magistrados de la corte fueron nombrados por voluntad de Lula y Dilma Rousseff, los funcionarios judiciales aún no le perdonan al líder petista haber dicho que "tenemos una corte acobardada". Este audio filtrado ilegalmente por Moro en marzo de 2016 tocó una visera sensible en la corte, ya que, expuso la incapacidad del STF para frenar el avance de la de lo que se conoce como la República de Curitiba y su autonomía. Esta interna judicial viene de larga data y esta relacionada, entre otras cosas, por el estrecho vínculo de jueces y fiscales de Curitiba con el Departamento de Justicia de Estados Unidos. 

Aquí hay otro punto clave que no está directamente vinculado con el Habeas Corpus pero cristaliza el marco de disputa interno en el poder judicial. Celso de Mello se va del máximo tribunal el año que viene y su lugar quiere ser ocupado por Sergio Moro y Deltan Dallagnol. ¿Casualidad? Para nada, es el premio del rol de ambos en el caso de Lula. Se esperaba que luego de su paso por el ministerio, el destino de Moro sea el Supremo pero en el medio pasaron cosas. Las filtraciones perjudicaron a ambos y corren de atrás y entre los bolsonaristas aparecen con fuerza el nombre de Marcelo Bretas, juez de segunda region de Rio de Janeiro que, por citar un caso conocido, ordenó la detención del ex presidente Michel Temer. Sin Lula preso y el Lava Jato en agenda, Moro y Dallagnol pierden razón de ser. 

Estas son algunas explicaciones de una realidad insostenible y preocupante. En una reciente carta a su excanciller Celso Amorin, Lula sintetizó la situación actual en una simple frase: "mucha gente poderosa dentro y fuera del país no quiere que se haga la sesión", esta es la única explicación de sus 444 días en prisión.

 El Supremo decidió resignar el prestigio del que alguna vez gozó para protagonizar una nuevo acto de cobardía. Lo que se aplazó no fue un debate de un Habeas Corpus sino la posibilidad de Brasil de volver a ser un país más cercano a la normalidad.

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Los motivos por el cual el Supremo Tribunal Federal de Brasil volvió a suspender la discusión del Habeas Corpus que podía dejar en libertad a Lula. El expresidente llega 444 días en prisión. 

El Supremo Tribunal Federal decidió posponer la discusión del Habeas Corpus que podía favorece a Lula con la liberación de la cárcel. Lo aplazó nuevamente a pesar de las contundentes pruebas que indican que Sergio Moro fue total y absolutamente parcial en el proceso de detención que terminó con la detención del ex presidente. La pregunta es, ¿por qué? ¿Qué es lo que los  jueces supremos están evitando? ¿Qué más tiene que aparecer en la escena pública para que se compruebe que la detención de Lula es irregular, arbitraria y absurda?

Bueno, estas son las preguntas que sobrevuelan al vecino país desde que la Operación Lava Jato irrumpió en el escenario político brasileño. Para aproximarse a una respuesta mas o menos concreta debemos dejar mirar la realidad de Brasil desde una perspectiva del mundo justa para embarrarnos en el entendimiento de los intereses cruzados que gíran alrededor de lo que sucede.

Uno de los motivos está vinculado con el poder de fuego de la red O'Globo que se ha posicionado en defender de Sergio Moro y ha calificado a la investigación del sitio The Intercepted como una maniobra de hackers para derribar la Operación Lava Jato y "liberar a los corruptos". O Globo tiene una importante llegada a las capas sociales desencantadas con la política que suscriben la idea de que el problema de Brasil es la corrupción. Más allá de las críticas a Bolsonaro por haber desarrollado una alianza con los medios de comunicación evangelistas, en este pelea cerró filas con Moro. Una fuente consultada para esta columna dijo que "los supremos tienen miedo al escrache de los medios de comunicación". 

Otro elemento de presión de relevancia es del propio gobierno de Jair Bolsonaro y los militares que se manifestaron a través del muy influyente y actual asesor especial, General Vila Boas, el mismo que amenazó con salir a las calles el día anterior de la sesión que terminó dando luz verde para el encarcelamiento de Lula Da Silva. Esta misma fuente aseguró que estos sectores "pronostican un incendio socia si liberaran a Lula". Si miramos la capacidad de movilización demostrada por la derecha, no sería extraño que esto produzca altos niveles de virulencia. 

El debate del Habeas Corpus está paralizado desde el 5 de noviembre de 2018, luego de un brutal silenciamiento al que fue sometido Lula para no favorecer a su candidato presidencial, Fernando Haddad.  Si bien la parcialidad de Moro en el proceso estaba clara por el perfil que tuvo durante la investigación y quedó expuesta cuando fue designado ministro de Bolsonaro, esta maniobra se comprobó con los chats de Telegram publicados por The Intercepted. 

En este contexto, los jueces saben que estamos ante un mamarracho jurídico sin precedentes pero no se disponen a toma una decisión que puede costarle caro. Si nos metemos en el trazo fino del poroteo de los magistrados llegamos a la conclusión de que las posiciones están muy ajustadas y ese 6-5 en contra de Lula tiene muchas chances de revertirse. 

Hay otro elemento que gravita en el terreno de lo personal. Si bien muchos de los magistrados de la corte fueron nombrados por voluntad de Lula y Dilma Rousseff, los funcionarios judiciales aún no le perdonan al líder petista haber dicho que "tenemos una corte acobardada". Este audio filtrado ilegalmente por Moro en marzo de 2016 tocó una visera sensible en la corte, ya que, expuso la incapacidad del STF para frenar el avance de la de lo que se conoce como la República de Curitiba y su autonomía. Esta interna judicial viene de larga data y esta relacionada, entre otras cosas, por el estrecho vínculo de jueces y fiscales de Curitiba con el Departamento de Justicia de Estados Unidos. 

Aquí hay otro punto clave que no está directamente vinculado con el Habeas Corpus pero cristaliza el marco de disputa interno en el poder judicial. Celso de Mello se va del máximo tribunal el año que viene y su lugar quiere ser ocupado por Sergio Moro y Deltan Dallagnol. ¿Casualidad? Para nada, es el premio del rol de ambos en el caso de Lula. Se esperaba que luego de su paso por el ministerio, el destino de Moro sea el Supremo pero en el medio pasaron cosas. Las filtraciones perjudicaron a ambos y corren de atrás y entre los bolsonaristas aparecen con fuerza el nombre de Marcelo Bretas, juez de segunda region de Rio de Janeiro que, por citar un caso conocido, ordenó la detención del ex presidente Michel Temer. Sin Lula preso y el Lava Jato en agenda, Moro y Dallagnol pierden razón de ser. 

Estas son algunas explicaciones de una realidad insostenible y preocupante. En una reciente carta a su excanciller Celso Amorin, Lula sintetizó la situación actual en una simple frase: "mucha gente poderosa dentro y fuera del país no quiere que se haga la sesión", esta es la única explicación de sus 444 días en prisión.

 El Supremo decidió resignar el prestigio del que alguna vez gozó para protagonizar una nuevo acto de cobardía. Lo que se aplazó no fue un debate de un Habeas Corpus sino la posibilidad de Brasil de volver a ser un país más cercano a la normalidad.

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