Entrevista

1 de Marzo de 2020 20:22

Ricardo Alfonsín: "Hay radicales que sienten culpa por haberse juntado con el PRO"

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En un mano a mano con 0223, el embajador designado en España fue muy crítico con el rol actual del partido centenario y ponderó a Alberto Fernández: "Está haciendo lo que hubiese hecho un gobierno radical".

Efusivo. Sí, así se lo nota a Ricardo Alfonsín cuando da sus primeros pasos por el hotel Nuevo Ostende: se muestra efusivo en cada abrazo que concede, en cada saludo, en cada reencuentro con pares y correligionarios, pero también se sienten efusivas sus palabras y su crítica dirigida a los que precisamente critican por criticar, a los que sostienen ese comportamiento que él califica como "patológico" y distintivo dentro de la clase política argentina. 

Su tono y sus gestos lo ratifican: es evidente que al hombre designado como embajador de España no le tiembla el pulso para lanzar cuestionamientos feroces a los sucesivos gestos negativos que acusa de dirigentes que hoy se escudan bajo la bandera de la Unión Cívica Radical (UCR), la misma que él levanta y defiende desde que tiene uso de razón. 

Sin titubeos ni vacilaciones, Alfonsín condena a los correligionarios que todavía, después del saldo que dejaron los cuatro años de Gobierno de Mauricio Macri, apoyan la alianza con Juntos por el Cambio y lamenta que el partido centenario no se imponga con otro peso en la toma de decisiones para abogar por una oposición "más comprensiva". 

Responsabilidad, seriedad y cooperación, son los tres pilares sobre los cuales se funda el pedido del funcionario diplomático a la oposición que enfrenta a la gestión de Alberto Fernández, en el marco de un diagnóstico que no deja de trazar con preocupación. Por un lado, porque el referente radical reconoce una profunda crisis en el país, que hasta considera como más grave de la que recibió Macri en 2015, pero también porque advierte un gran "deterioro" en el nivel de discusión que propone la dirigencia política.

"Muchos saben que acompañaron decisiones que no son radicales y, en todo caso, lo que les molesta es que yo señale esta inconsecuencia. Entiendo que les moleste y los quiero mucho pero yo me siento más obligado por las ideas que por los afectos", asegura Alfonsín, mientras sus manos vuelan como si fueran un argumento más de sus conceptos y sus lentes de marco negro descansan en su pierna izquierda.

El embajador llegó este viernes a Mar del Plata para participar de la charla “Progresismo y Peronismo. Diálogos por la igualdad” organizada por el espacio político Progresistas en Red, y que contó con la presencia de otros dirigentes como la ministra de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia de Buenos Aires, Fernanda Raverta.

En el mano a mano con 0223, el exdiputado nacional ratifica su respaldo al presidente e insiste en que las primeras medidas de su Gobierno coinciden con las que habría hecho una administración de tinte radical. "Tienen que ser serios los que ahora están pidiendo un plan. Qué plan puede haber si no sabemos en qué términos negociamos la deuda", señala.

-¿Cómo está viendo al país?

-Muy complejo y hay que decírselo a la sociedad para no generar falsas expectativas y no creer que la cosas se pueden resolver de la noche a la mañana. La situación hoy es más compleja que la que había en 2015. No se trata de una apreciación subjetiva: los indicadores socioeconómicos oficiales lo demuestran. Además, hay otras cuestiones que no se consideraban preocupantes en el 2015 como pasa ahora con la deuda. Espero que haya colaboración y cooperación de todos, que nadie sea demagogo. Se van a registrar mejorías pero paulatinamente. Hay que ser muy serios con lo que se le dice a la sociedad. Confío que las políticas aplicadas, que representan un cambio respecto de la filosofía en la que se inspiraban las políticas aplicadas por el anterior Gobierno, van a ir dando respuestas a los requerimientos de los sectores más vulnerables de la sociedad, sobre todo.

-¿Y está viendo esa cooperación por parte la oposición?

-No, no veo esa cooperación globalmente. Más bien veo lo contrario: incomprensión. Siempre digo que nada bueno se puede esperar de un país en donde tanto el oficialismo como la oposición definen sus posiciones políticas a partir de especulaciones electorales en lugar de definirlas en función de lo que consideran mejor para el país. Me parece que hay mucha preocupación en el 2021. Algunos en la oposición están muy preocupados por eso y cuando uno tiene esta preocupación como prioridad, casi sin quererlo,  engañándose mismo, quiere ver todo malo porque piensa que de esa forma se pueden favorecer sus chances electorales y veo que hay, en este sentido, falta de comprensión acerca de los problemas que hay. Si esto sigue, pueden pasar cosas muy serias en el país como la aparición de liderazgos autoritarios, reñidos con los valores fundamentales de la democracia, que en nombre de compensaciones económicas y sociales van a pedir que sacrifiquemos valores fundamentales y ahí nos vamos a terminar agarrando la cabeza después de un tiempo. Todos deben actuar con mucha responsabilidad.

-Y dentro de la oposición, ¿Cómo ve que está actuando el radicalismo?

No está haciendo lo suficiente para tratar de que la oposición sea más comprensiva, cooperativa y responsable y no especule tanto en lo electoral. En la oposición en sentido amplio, y cuando digo esto me refiero no solo a los partidos políticos sino al complejo económico, cultural y social, y allí hay algunos que están actuando de manera muy cuestionable, casi como si estuvieran más preocupados por el error del Gobierno que por su acierto. La UCR tiene un rol muy importante a cumplir advirtiendo estas conductas. Todavía no lo hizo pero espero que lo haga más adelante.

-Por estas diferencias y las críticas que recibió por aceptar el cargo en la Embajada de España, ¿Se siente más distanciado de la UCR?

Yo me siento distanciado de las ideas que defendió la UCR desde el 2015 en adelante. No fueron las ideas radicales y a mí nadie me puede discutir eso porque fui 8 años diputado, sé lo que dijimos en Gualeguaychú, qué fue lo que dijimos cuando se consideró que las Paso no las ganara el partido y las ganara el PRO. Nosotros íbamos a tratar de influir en las decisiones porque pensábamos distinto, que no íbamos a acompañar cuestiones que no creíamos convenientes para el país y terminamos haciendo todo lo contrario. Entonces por eso me empecé a diferenciar. Fui consecuente: yo hice más radicalismo que los que me cuestionaban a mí porque me decían que no acompañaba las decisiones del PRO. Mis posiciones eran las posiciones del partido hasta el 2015.

Y con la decisión de aceptar el cargo en la Embajada, tuve comprensión de los dirigentes más representativos; sólo algunos sectores minoritarios que incluso se atribuyen representaciones que no tienen han dicho cosas que ni vale la pena comentar porque tienen tan bajo nivel argumental que habla más de ellos que de mí.

-Bueno, porque hace poco hubo un encuentro en el club Quilmes de Mar del Plata con Ernesto Sanz, Alfredo Cornejo y otros referentes del partido...

-Ah, no sabía...

-Y se siguen escuchando algunas críticas a esta decisión de estar en la Embajada, ¿Le duelen? ¿Le importan?

-Vengo criticando mucho a mi partido y estoy seguro de que todos saben que tengo razón. Muchos saben que acompañaron decisiones que no son radicales y, en todo caso, lo que les molesta es que yo señale esta inconsecuencia. Yo entiendo que les moleste y los quiero mucho pero yo me siento más obligado por las ideas que por los afectos. Y no crean que me resulta fácil andar haciendo comentarios críticos respecto de mis correligionarios. Las otras críticas, que apuntan a consideraciones personales, agresivas y sin fundamento, ni me interesan. Eso habla del deterioro de la calidad de cierta dirigencia en la política.

-¿Y desde qué lugar cree que puede hacer un aporte en su rol como embajador?

-Creo que puedo y debo desarrollar una tarea útil. Esa es mi aspiración para con los argentinos. Le pido que Dios me ayude y ojalá pueda estar a la altura de las circunstancias para que las cosas salgan lo mejor posible. Y también para estar a la altura de la confianza que depositó sobre mí el presidente, que tuvo un gesto de amplitud y apertura que no fue suficientemente valorado. Esto debería ser leído como un mensaje a favor del diálogo, en contra la grieta, y no fue analizado desde este punto de vista. Espero que la sociedad sí lo haya hecho. No hay que confundir lo que dicen algunos medios con lo que piensa la sociedad.

-En ese punto, ¿Cree que hay un mayor grado de sensibilidad para con cualquier medida o palabra que provenga de Alberto Fernández?

-Depende de dónde se vea. Yo veo una doble vara, por ejemplo, con el tema de las jubilaciones. Yo creo que es un buen proyecto y habrá que ver cómo avanza. Cuando se presentó el proyecto de la Ley de Emergencia, muchísimos de Cambiemos le reprochaban al oficialismo que no presentaba un proyecto modificando los regímenes de privilegio del Poder Judicial y de la Embajada. Y cuando lo presentó lo empezaron a criticar porque decían que pretendía vaciar la Justicia. No sé qué intenciones leen. No se puede decir cualquier cosa. Y hay proyectos firmados por radicales y hombres del PRO que son mucho más duros y ambiciosos que el que presentó el oficialismo. Que se pongan de acuerdo. Eso es lo que me preocupa porque estas cosas son las que le hacen perder a la sociedad la confianza en la política: no es bueno decir una cosa un día y decir otra al mes siguiente.

-¿Y a Alberto Fernández cómo lo ve? ¿Cree que pudo superar en estos meses de gestión el estigma de no tener liderazgo político ante la presencia de Cristina?

-Hubo un esfuerzo por instalar ese estigma. No es casualidad. Hay muchos que están más preocupados porque le vaya mal al Gobierno que porque le vaya bien. El hecho de que en la realidad no se verifiquen los vaticinios de lo que supuestamente iba a ocurrir a esta altura, en vez de satisfacerlos y dejarlos contentos, parece que se ofuscan y vuelven a insistir con que van a ocurrir las cosas que decían. Parece que quisieran que pasen cosas malas. Igual, no son tan extraños en la política este tipo de comportamientos patológicos y creo que la sociedad puede hacer mucho para modificar esto y que se abandonen estas actitudes.

-Entonces, las cosas las está haciendo bien el Gobierno...

-Sí, yo creo que sí porque el contexto tampoco deja mucho margen de maniobra y deja al Estado con las manos atadas. Tienen que ser serios los que le están pidiendo ahora un plan al Gobierno. Qué plan puede haber si no sabemos en qué términos negociamos la deuda con el FMI y con los acreedores. Si no hay un plan, ni siquiera lo creerían los inversores. Yo creo que en este contexto difícil y de escasa libertad en la acción Alberto está haciendo lo que hubiera hecho un Gobierno radical. Si estuviéramos en un contexto muy diferente y en una Argentina mucho mejor, nos podríamos poner mucho más ambiciosos y exigentes pero en este escenario no se puede pedir tanto.

-¿En qué términos sería 'radical' esta gestión?

-Siempre dije que el peronismo y el radicalismo son primos hermanos. Nosotros tenemos muchos más parecidos en la política económica y social con el peronismo que con el PRO. Con ellos compartimos el deseo de representar a la clase media y de los que más requieren de la acción de la política para ver satisfechas sus necesidades fundamentales; de que la economía es tan importante que no puede quedar liberada a la mano del mercado; y la idea de que no alcanza con una economía primarizada y que hace falta industrializar, que hace falta implementar políticas de protección inteligente del mercado de trabajo y de la industria interna. En esto coincidimos mucho más con el peronismo que con el Pro. Solo un ignorante puede decir que no es así. Pero ahora como los radicales se reunieron con una fuerza que piensa tan distinto lo que deben tener es algún sentimiento de culpa oculto.

 

 

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