El escribiente

29 de Agosto de 2021 08:32

Domitila y una voz que aún suena

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El grito de Domitila Barrios aún se escucha. En una edición artesanal, La pequeña editorial nos acerca el testimonio de quien logró derrocar la dictadura boliviana. La edición local se suma a las más de setenta que ya lleva el libro de Moema Viezer.

Lo nuevo de La pequeña Editorial surge en la voz, en el testimonio, de Domitila Barrios de Chungara, reconocida líder social que llevó adelante una lucha pacífica contra las dictaduras de René Barrientos Ortuño y de Hugo Banzer Suárez.

Si me permiten hablar. Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia (La pequeña editorial – 2021) de Moema Viezer es un libro que habla desde y de Bolivia. Pero sin inconvenientes se puede pensar y reconocer, aun hoy, en toda Latinoamérica y en otras partes del mundo.

Paradójicamente, en Bolivia recién se hizo una edición en el 2018, cuando la vicepresidencia del país la incluyó en la Biblioteca del bicentenario de Bolivia.

El proceso de edición llevó más de tres años. La editorial se comunicó con la propia autora, dio detalles de la edición artesanal y lograron hacerse del material. Esta nueva edición se suma a las más de 70, en más de 15 idiomas, que ya tiene en todo el mundo. Hablamos, entonces, de uno de los textos más universales que tuvo Bolivia, según palabras de Álvaro García Linera desde el prólogo del mismo.

Domitila pasó por todas las instancias por las que se cree que pasa cualquier responsable y fiel líder político que defiende las desigualdades de un pueblo: fue maltratada, discriminada, torturada, tuvo familiares desaparecidos y fue exiliada. Permanentemente fue recuperándose de todos esos golpes y dando mensajes coherentes ante la situación. Siempre puso el cuerpo. En un principio por los mineros, su marido lo era, luego por las amas de casa, más adelante por todos.

Después del exilio volvió a Bolivia y se instaló en Cochabamba, donde generó un centro de formación política especialmente destinado a las jóvenes de los barrios más empobrecidos: la Escuela móvil de Educación política Domitila, la que permanece hasta hoy.

Ella fue toda una lideresa que planteó en el seno de su comunidad, pero también para todo aquel que pudiera y quisiera escucharla, que había que cambiar las condiciones de vida.

Desde La pequeña Editorial aseguran que en las conversaciones con la autora, Moema Viezzer, se tuvo bastante presente la imagen de tapa. “Cuando uno ve las diversas tapas que tuvo este libro a lo largo de las distintas ediciones de la historia y del mundo, siempre hay situaciones de color local o mineros. Pero estamos hablando del testimonio de una mujer en una época donde la palabra de una mujer no era muy tenida en cuenta. Entonces se daba esta cosa extraña, donde siempre la imagen correspondía a otros.  Nosotros queríamos hacer algo distinto. Se tomó una imagen de la propia Domitila sonriendo y se la muestra ofreciendo sus manos abiertas desde donde salen algunos brotes.  Nos pareció muy adecuado, porque si bien es un libro que habla sobre el sufrimiento y la lucha, también habla de la permanente capacidad de resiliencia, de poner el cuerpo en juego, de entender que las condiciones van cambiando y que no se puede mantener de la misma forma una pelea”, aseguran.

Moema Viezzer  es una escritora, socióloga y militante feminista brasileña que conoció a Domitila en México en el año 1975. En ese momento, ambas participaban del Encuentro de mujeres paralelo al organizado por la ONU. Moema al escuchar el mensaje de Domitila, que discute con figuras del feminismo, propone alternativas y, sobre todo, dice lo que nadie del lado del pueblo, le propone primero ser su traductora y luego hacer el libro para que su testimonio no quede solo ahí.

Entonces, el libro se construye como una suerte de collage, tomando una gran cantidad de entrevistas que logran hacer juntas, conferencias y discursos que muestran momentos no muy gratos, dolorosos. Pero también tiene momentos muy luminosos. “En ellos se nos plantea que todos podemos ser parte de la revolución, que todos podemos ocupar un lugar en ese proceso. Se puede acceder a él también en clave de manual de construcción política” dicen los editores.

Sin dudas, Domitila es una persona que no solo enumera su sufrimiento sino que también permanentemente  logra preguntarse por los motivos y las condiciones de todo aquello que la lleva a esa situación. El mensaje puede leerse y pensarse, tranquilamente, desde el contexto del año en que fue escrito, pero también con lo que pasa hoy aún en muchos lugares del mundo. Esa es la gran riqueza del libro.

Existió, y existe, una infinidad de estrategias represivas que propusieron las fuerzas armadas del gobierno de Bolivia, justamente para desacreditar la palabra de las mujeres. Desde echar a sus maridos de los trabajos, diciéndoles que eran grandes trabajadores pero que lo hacían por sus mujeres, hasta difundir que iban a las reuniones en busca de hombres, así como el “dispositivo masacre” donde el ejército se acercaba al pueblo, a la reunión y dejaba como resultado muchos muertos.

El ninguneo por género y por clase social era constante. La violencia sostenida. Ella propone el diálogo y el reconocimiento. Firmes en sus convicciones y en sus decisiones, Domitila y el resto de las mujeres hacen frente. Los hombres, desacostumbrados a negociar, a dialogar con ellas, dudan, se sobresaltan. El propio Juan Lechin, dirigente sindical histórico de Bolivia, dicen que aseguró en algún momento: “puedo entenderme con cien mil hombres de la fuerza de la COB, pero no puedo entenderme con cuarenta mujeres dentro del sindicato”.

La pequeña editorial nos acerca el gran testimonio de Domitila (una mujer de las minas de Bolivia). Una  demostración de la desigualdad y la explotación que se ha sufrido. Pero también la prueba de la resistencia y del reclamo por la igualdad si se vence el miedo. Al decir de Eduardo Galeano: “El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro. Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste: —Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura… El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto:

Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar”

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