Del más allá al teatro: por primera vez, una médium hace una sesión en vivo y ni el más escéptico queda a salvo

Durante poco más de una hora, la tarotista y médium Noelia Pace propone a quienes van a verla al teatro conectarlos con los seres que partieron a otros planos y tienen algo para decir. Alerta spoiler: creer o reventar.

19 de Enero de 2022 08:44

La invitación llega a través de una gacetilla de prensa a mi mail. “Por primera vez en Argentina: una médium sube al escenario de verano para romper los prejuicios sobre ‘aquello que antes sucedía a puertas cerradas’”. Debajo, la imagen de una mujer sobre un escenario, que abre apenas el telón. Y enseguida: "Sesión en vivo. Noelia Pace, la médium. Conectarás con seres de otro plano. Mediumnidad y sanación de tu energía". Me parece una gran nota y mis compañeros de redacción coinciden. Pero nadie se ofrece a acompañarme. Voy sola. Antes, stalkeo un poco: se define como vidente, tarotista, especialista en esoterismo y estudiante de astrología; tiene poco más de 3800 seguidores en Instagram y otros tantos en Facebook; y suele ser consultada en distintos programas de radio.

Es lunes por la tarde y en Mar del Plata la lluvia vino a terminar con una larga semana de calor asfixiante. La llovizna constante aunque inofensiva obliga a la gente a caminar lo más cerca posible de los techos, que sirven de resguardo pero a medias: cada tanto, alguna canaleta o desagüe que da a la calle los empuja de nuevo al centro de la vereda para evitar un chorro de agua helada sobre la cabeza y el zigzag que hacen familias enteras con carritos de bebé y abuelos incluidos hace que el riesgo de chocarse contra otros sea altísimo. Sobre todo en la calle Rivadavia, en pleno centro de Mar del Plata, en donde conviven los comercios de artesanías y recuerdos de la ciudad, ropa, zapatillas y accesorios para celulares, con princesas de Disney empapadas y con máscaras transparentes, el vaquero Woody de Toy Story con la cabeza torcida porque quien lleva el traje busca renovar el aire; y transformistas que invitan a ver las mejores imitaciones de Susana Giménez y Moria Casán a la medianoche, de lunes a lunes, dos funciones para reírte como nunca, vas a ver, mi amor.

Pace tiene previsto presentarse el próximo lunes en el Teatro Victoria.

En las puertas del Teatro Victoria, la fila de los que esperan para entrar a ver a la médium se arma varios minutos antes de la hora prevista para la función. Alcanzo a contar veintidós personas, sólo cinco son varones. Estoy casi al final y llego a escuchar que uno de los asistentes es jurado de los Premios Estrellas de Mar. El hombre no demora en presumir su condición y se reconoce algo contrariado con la propuesta. ¿En qué rubro enmarcar este espectáculo? Esa es su gran preocupación. Así se lo dice a la mujer que tiene adelante y que confiesa haber viajado desde Balcarce junto a su hija para ver a la médium. Ella trata de convencerlo de que va a vivir una experiencia única: le cuenta que la consultó a Noelia hace unos años, cuando el comercio familiar empezó a ir mal. Le cuenta, también, que la contactó cuando su hija, ahí presente para dar fe del testimonio, enfermó de Covid y estuvo grave. “Me dijo que se iba a complicar pero al final saldría adelante”, asegura ante la mirada desconfiada del jurado, que ahora se lo nota intrigado. La chica, que asiente todo el tiempo, apunta a reforzar el concepto: “Ella es la que pronosticó todo esto de la pandemia, lo dijo por Instagram y mirá lo que pasó”.

Como siempre que se trata de un espectáculo que incluye la interacción con el público, ruego que me toque en las últimas filas, lo más lejos posible del escenario y cerca de la salida para que, en caso de necesitar escapar, mi huida pase desapercibida. No tengo suerte: fila tres, a cuatro butacas del pasillo. En las primeras, están los seguidores más fieles de la médium; ella, incluso, los va a reconocer y saludar por el nombre cuando, once minutos antes de las veintiuna salga por fin al escenario. La gente ya estaba impaciente y los más osados habían comenzado a aplaudir  para dar cuenta de la espera, aunque sin demasiadas repercusiones en el resto de la sala. Noelia Pace, entonces, sale a escena y saluda, no sin antes aclarar que a ese momento le correspondía otra música, no la de Abel Pintos, que es la que finalmente se escuchó. Adjudica el error a Mercurio retrógrado y yo me río debajo del barbijo, pero el resto permanece inmutable. Entonces, dudo por primera vez: ¿fue un chiste? ¿Fue muy malo o lo entendí yo sola? ¿Lo entendí? ¿Mercurio retrógrado provoca ese tipo de yerros?.

Gran parte de su público ya la había visto en otras ocasiones o la habían contactado de forma particular.

-Soy médium, pero me encanta que me digan bruja. Hoy vamos a conectar con almas que partieron, que están a punto de irse. Somos energía-, dice, mientras baja hacia el pasillo de la sala del Teatro Victoria y encara a la mujer que está sentada en el primer lugar, a su derecha. “Tenés una enorme sabiduría, sólo que no sos consciente de ella. Animate”, le pide, sin dejar de mirarla fijo a los ojos. La mujer asiente y llora en silencio debajo del tapabocas. El sonido del aire acondicionado es lo único que impide que el silencio sea absoluto en ese espacio ubicado a escasos metros de la calle Rivadavia, en donde, ya convertida en peatonal, es una marea humana.

En el fondo del escenario, las imágenes de mandalas verdes, azules y violetas que mutan en rojos, anaranjados y amarillos, invitan a dar el primer paso fundamental para lograr lo que aparentemente vinimos a hacer todos: conectarnos con los que ya se encuentran en otro plano. Manos en las rodillas, los brazos relajados, allá vamos. Un hormigueo me recorre las piernas, pero no me preocupo: es algo que suele ocurrirme cuando paso mucho tiempo sentada. Ya va a pasar.

-¿Con quién querés conectarte?-, pregunta, micrófono en mano, a una pareja. La respuesta de la mujer será la misma que se escuchará a lo largo de la siguiente hora y pico, el tiempo que dura el encuentro: “Con mi mamá y con mi papá”. Incluso, cuando llegue mi turno, después de reconocer que estoy ahí por simple curiosidad, impulsada por el interés del resto, voy a decir que quiero saber de mi viejo, que murió hace poco más de cinco años. Es inevitable.

Noelia Pace es tarotista, vidente y estudia Astrología.

Ante cada requerimiento, la médium se detiene, cierra los ojos unos instantes y larga descripciones de los cuerpos que tenían esas almas que, aún en el más allá -¿en dónde?-, siguen preocupados por problemas familiares, sucesiones y hasta piden perdón por no haber estado lo suficiente. Al principio, advierto que son generalidades: hay hombres con poco pelo, ya envejecidos, mujeres que tuvieron roles centrales y cuya ausencia duele demasiado. Pienso que esas reseñas de la médium podrían servirnos a cualquiera, que son comodines listos para adaptarse a infinidad de situaciones; sólo sería cuestión de asociar y ya. Sin embargo, a medida que recorre el teatro, los espectadores pedirán detalles y hasta se animarán, en algunos casos, a decir que no conocen a nadie con esas características. Esto, lejos de desanimarla, impulsa a la médium a profundizar en pormenores que sólo conoce cada uno: cegueras en un ojo, una forma particular de reírse, la mirada esquiva de un padre abandónico, un hermano que no llegó a nacer, el pedido de una tía que murió hace menos de un año para que su sobrina se quede al menos con las pertenencias que había en esa casa que fue suya y que ya está a la venta. El efecto es inmediato: ante esto, la persona que espera el mensaje, rompe en llanto y a Noelia Pace parece conforme con el resultado, satisfecha, no por las lágrimas ajenas, sino por haber logrado su cometido.

Cuando toca el turno del jurado de los Estrella de Mar, al hombre se lo ve más escéptico que nunca y se ataja: está acá porque ese es su trabajo. Pero eso no le va alcanzar para evitar que la médium hurgue en su árbol genealógico y le hable, en particular, de su abuelo. De nuevo: algunas vaguedades al principio, hasta que el detalle del desprendimiento de la retina en un ojo del hombre le da credibilidad al asunto.

Más atrás, una mujer que perdió a uno de sus mellizos durante el parto, hablará de la culpa que siente por no haber podido “salvarlo” pero se irá con la promesa de que esa alma, su bebé muerto, es ahora un ángel que la acompaña. Ese será el momento más duro de la noche: el desconsuelo de esa madre nos alcanza como la llovizna de esta tarde de verano; escuchamos su deseo de pedirle perdón y compartimos en silencio respetuoso la necesidad de creer que sí, que es verdad, es un angelito que la va cuidar mientras viva. Ojalá.

Ahora es mi momento y, como ya anticipé, me arriesgué a preguntar por mi papá. No di precisiones, tampoco formulé una pregunta: sólo expliqué que después de escuchar al resto, ahora yo también quería saber, no sé qué, pero saber. Noelia me pide que yo misma sostenga el micrófono mientras ella se concentra. El mensaje que me transmite, otra vez, podría servirle a cualquiera de los que están ahí. Agradezco, no por desinterés, sino porque a esa altura ya me siento incómoda con tantas miradas clavadas en la nuca. Pero la médium no acusa recibo y sigue. Me habla -supuestamente, en función de lo que dice mi papá, cuya presencia ella percibe y a mí me da bronca no poder sentir- de algo tan mío que ni siquiera había compartido con mi gente más cercana. Me mira fijo, siento que quiere indagar si acertó. Digo que sí, que voy a animarme y vuelvo a agradecer.

La médium se toma el tiempo suficiente para conversar con cada uno de los asistentes a su sesión "pública".

Los últimos minutos de la sesión están destinados a meditar y concentrarse en la respiración para expulsar de nuestro cuerpo aquello que nos hace mal con cada exhalación, y reemplazarlo con pensamientos positivos, con luz, según explica. En la despedida, ella misma sortea tres regalos que le cedieron la marca de ropa que la vistió para la ocasión y un ejemplar de “Transmutar y Sanando”, su primer libro. Luego, acompaña a cada uno hacia la salida y les entrega un folleto con su número de teléfono para quienes quieran averiguar algo más, y separa a dos o tres de la fila para hablarles en privado.

Salgo con el papel en la mano y camino rápido por el medio de la calle, quiero encontrar un taxi. Ya no llueve pero está fresco y es tarde. Me subo a uno que aguarda el cambio de la luz del semáforo en la esquina de Rivadavia y San Luis y recién ahí guardo el folleto en el bolsillo del pantalón. Pienso en esta crónica, en mi incredulidad cuando se me ocurrió venir y, después de haber visto tanto durante este rato, me siento mal por desconfiar. ¿Lo inventó? ¿Pudo haber tanta casualidad? ¿Mi papá se apareció esta noche en la sala de un teatro del centro marplatense para enviarme ese mensaje a través de una médium que nunca había visto en mi vida? 

Ojalá.

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