Jorge Llamas, el primer soldado marplatense reconocido en Malvinas

Cuando estalló la guerra, tenía 20 años y estaba esperando que autorizaran su baja del servicio militar obligatorio. Murió en combate el 3 de junio del '82, cuando un misil impactó en el radar en el que cumplía funciones. 

2 de Abril de 2022 08:12

A Jorge Llamas le faltaban días para finalizar el servicio militar obligatorio cuando los rumores de guerra comenzaron y sus superiores del Gada 601 le confirmaron que sería enlistado para viajar a Comodoro Rivadavia. “Jorge había ingresado al Servicio en el 81 en Artillería en el Gada 601 y tenía la baja ya, pero como se había empezado a rumorear que iban a ir a la guerra se tuvo que quedar”, recuerda su madre, Julia González de Llamas (80), en diálogo con 0223.

Cuando salió sorteado para cumplir con el servicio militar, Jorge tenía planeado terminar la escuela secundaria, se había anotado en la Escuela Nacional de Pesca Luis Piedrabuena (que funciona en Avenida de los Trabajadores al 600) y estaba de novio. “Era un chico muy alegre, muy optimista y siempre estaba rodeado de sus amigos”, dice su mamá, 40 años después.

El domingo 11 de abril, día de Pascuas, fue la última vez que Julia pudo reunirse con toda su familia. Jorge almorzó junto a su madre y su hermana menor y les dijo que al día siguiente partiría a Comodoro Rivadavia. “Sabíamos que algo estaba pasando porque antes de ese viaje había estado cuatro meses con instrucción militar de campaña en Santa Clara y nosotras lo íbamos a visitar allá”, cuenta y, a durante toda la charla insistirá en que hijo “nunca se quejó por la situación que le tocó”.

“El 11 almorzamos juntos, nos despedimos. El 12 viajó a Comodoro y el 18 de abril nos mandó la primera carta desde Malvinas”, explica. En esas misivas que intercambiaba con su familia, el joven describía el paisaje, hablaba sobre las hostiles condiciones climáticas de las islas y del hambre que pasaban en las trincheras. “Pero nunca en tono de queja”, resalta Julia. “En una carta -relata- nos contó que hacía 37 días que no se bañaba. Creo que eso, con lo obsesivo que era por el cuidado personal, debe haber sido de las cosas que más sufrió en las Islas”, cree. También reconoce que si bien él era consciente de la posibilidad de un desenlace trágico, prefería no pensar en ello.

Jorge Llamas cayó en combate el 3 de junio de 1982. Foto: Gentileza Familia Llamas

Durante poco menos de un mes, la vida de la familia Llamas trascendió con tranquilidad. Pero el sábado 3 de junio, Julia se levantó con un mal presentimiento. "Tenía una sensación rara, estaba muy intranquila, no sabía cómo explicarlo", sostiene. Inquieta, esa mañana temprano salió a buscar contención a la capilla de la Asunción de la Santísima Virgen, ubicada a metros del Hospital Materno Infantil, en donde trabajaba como enfermera. Habló un largo rato con el Padre "Manolo" que, recuerda, hizo todo lo posible por tranquilizarla.   

Con algo de calma, Julia abandonó la capilla y entró a trabajar. Cerca de las 13, sus compañeras le avisaron que el director del hospital la buscaba en la administración. "Me pareció raro porque un sábado al mediodía ya no queda nadie en la administración del hospital, pero mis compañeras insistieron para que fuera", se acuerdo. Cuando llegó a la oficina, se sorprendió al ver que, además del personal de la  recepción, había otros tres oficiales vestidos de traje. Pero nadie tuvo tiempo a decirle nada: Julia se desmayó en el pasillo. Cuando se recompuso, le dijeron que su hijo había sido alcanzado junto a otros tres soldados por un misil que impactó el radar que tenían a cargo. "Ahí confirmé que esa era la sensación  que había tenido todo el día", cuenta.

Lo que siguió fue una década de tratamiento para sobrellevar el duelo. "Me dieron atención psicológica, médica. Estuve contenida, pero me negaba a aceptar lo que nos habían dicho los militares. Estuve años esperando que Jorge llamara al portero, buscándolo cuando veía un soldado... Fueron años muy difíciles", relata la mujer que recién pudo aceptar la pérdida de su hijo cuando estuvo frente a su tumba, en 1991.

"Cada uno lo lleva como puede, es lo que nos tocó. Yo pude entender que Jorge había fallecido cuando viajé con la Cruz Roja a Malvinas". Para ese viaje, que duró 24 horas, a Julia le entregaron un mapa con la disposición de las tumbas para que pudiera llegar hasta los restos de su hijo. "A Jorge ya lo habían identificado y no me fue difícil encontrarlo", dice y recuerda la desesperación de otros familiares que "que daban vueltas por el cementerio, buscando dónde dejar las flores". Julia jamás pensó en traer los restos de su hijo al continente: Jorge Llamas, caído en combate, descansa en suelo argentino. 

Para canalizar parte del dolor por la pérdida de su hijo, Julia se acercó a la Fundación No me Olvides, que reúne a excombatientes, familiares de soldados caídos y civiles, que realizan distintas acciones para mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida en el conflicto. "Lo que buscamos es que el nombre de nuestros chicos no quede en el olvido", asevera. 

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