El Lémur, una novela arltiana

La novela es de los autores locales Mauro De Angelis y Sebastián Chilano. Un texto escrito casi en su totalidad a través del mundo virtual. Un secuestro que no es y una lúdica mirada sobre el mundo de la literatura.

La novela recorrió un largo trayecto hasta llegar a su edición.

19 de Junio de 2022 08:10

Según los autores, la distancia funcionó en todo el proceso de escritura a cuatro manos. La novela se construyó en su totalidad en forma virtual. Uno le enviaba un fragmento de cualquier capítulo y el otro lo terminaba. La primera versión no tuvo casi corrección, ya estaba todo en aquellos mensajes. Así nació El lémur (Indómita Luz – 2022), la nueva novela de Mauro De Angelis y Sebastián Chilano.

La historia está sostenida por una tríada de personajes fantásticos: el poeta Marcelo Brizna, el Tajo Bonorino y Lanadia, el personaje femenino que equilibra toda la ficción y la vida de los otros dos. Por momentos policial, por otros costumbrista, El lémur sí tiene siempre humor y nostalgia.

El lémur es la nueva novela de Mauro De Angelis y Sebastián Chilano.

-¿El humor fue parte esencial en el plan inicial o aparece después con la historia?

- SC - Es que en realidad los mensajes iniciales tenían que ver con eso, eran mensajes en joda. Era hacer un chiste y contestar o sumar algo. El humor estaba presente desde el inicio. En realidad lo que intenté hacer yo es no arruinarle el humor a Mauro, claro está que yo soy la parte solemne.

- MDA - Estaba desde el comienzo porque era muy difícil hacer alguna otra cosa teniendo en cuenta los mensajes que nos mandábamos nosotros. Hay muchos mensajes de WhatsApp que yo los leo en el libro y digo: ‘Esto quedó tal cual’. Pero también tiene su encanto que esa parte del diálogo nuestro quedara. Así fue el origen, en realidad.

-¿Se vivía como una competencia entre ambos? ¿Eso suma al texto?

- SC - Siempre en la escritura a cuatro manos está eso, esa instancia de superación de lo que puso el otro y eso le da progreso al texto. No sé tampoco en que momento dijimos: “Esto es una novela”.

- MDA - Yo recuerdo que queríamos una novela en tercera persona y con Aira. Pero, después, la escritura nos llevó para cualquier lado.

El poeta Marcelo Brizna, en su patetismo y en su modo de enfrentar la vida, genera ternura. Es alguien que hace lo que puede con su vida. “Hay poco para quererlo y hace lo que puede y no puedo juzgarlo demasiado. Los tres personajes centrales son los que más laburamos para que queden bien construidos. Si ellos funcionaban, si su relación funcionaba, sabíamos que el libro iba a funcionar” sostiene Chilano.

- Y ¿qué busca, finalmente, Brizna?

- MDA - Parece movido por el resentimiento al principio, ¿no? Como que nota que la realidad es injusta con él y no lo es con el resto. Por ahí, en la figura de Aira él ve toda la conjunción de elementos que a él le son negados. Es un personaje que carece de autocrítica, siempre hay otras entidades que provocan que a él le vaya mal o haga mal las cosas.

- SC - Es un personaje que ya pasó su momento, pero él lo niega. Y, sin embargo, sigue buscando lo que ya no está, por eso hace esos planes absurdos.

La caracterización de los personajes y la intención de reinvindicar a otros tantos en una “patriada” que tiene poco futuro hacen de El lémur una novela con cierto acercamiento a la narrativa de Roberto Arlt. La casi presencia de César Aira posibilita que esa otra realidad alternativa se ponga en marcha. La figura del doble descomprime el peso del autor real de La liebre.

Un texto escrito casi en su totalidad a través del mundo virtual.

-Meterse como personajes dentro de la ficción también descomprime…

- SC - Fue liberador. Meternos era necesario. El texto pedía que estuviéramos ahí, burlándonos de nosotros mismos. Por ahí el humor funciona para eso, para mirarnos nosotros mismos.

-El humor casi siempre, o siempre, esconde algo. ¿Qué hay debajo de El lémur?

- MDA – Siempre tiene que haber algo más. Siempre transmite algo más. Sirve en ocasiones que las cosas son difíciles de decir y el humor ayuda a decirlas, depende de las lecturas también. Para mí es casi una forma natural al escribir, siempre trato de decir alguna otra cosa, acá hablo del fracaso, de las ganas de triunfar, ese patetismo narrarlo desde el humor.

- SC - Ese patetismo que a veces lo vemos en nosotros mismos.

-¿Y cuánto de la diversión del proceso de escritura pasó al texto?

- SC - Nos reímos más de lo que está en el libro. La apuesta es que sea inevitable que se rían en algún momento, pero sin dejar la historia. Acá hay una historia y eso pesa también.

- MDA - En el contexto que fue escrito era inevitable que saliera algo con humor. Es bastante igual a la forma en que nos sentíamos cuando la escribimos.

- SC - Hay algo también en Aira que es importante en ese sentido. Porque que sea un doble y no el verdadero aporta a la historia algo nuevo. Si era el verdadero Aira el protagonista de la historia, hubiese sido otro libro.

La novela recorrió un largo trayecto hasta llegar a su edición. Según sus autores, ese tiempo fue “una bendición”. Fue un tiempo que hizo que la historia madure. “La primera versión nos entusiasmó mucho, pero era un cúmulo de buenas escenas efectivas y graciosas y no había un historia trabajada como la que salió cuatro años después” cuenta Chilano. Y, casi como los personajes de la novela, De Angeli agrega, “La primera era más pegada a lo original, a los mensajes de WhatsApp. Después de la pandemia lo leímos y fue casi como escribirlo de nuevo, acomodando, sobre todo. En esa primera versión había otras subtramas que fueron volando”.

El lémur es una novela escrita a cuatro manos. Una historia donde, en la búsqueda de secuestrar al ganador del premio Nobel, César Aira, se chocan con una realidad alternativa y duplicada. Con un lenguaje nostálgico y humorístico te arrastra por el mundo del querer ser y el no poder. Ante la pregunta sobre cuánto del verdadero Aira hay en la historia, cierra Chilano: Aira desde que empieza a escribir tiene una idea que mantiene. Nada que ver con nosotros que vamos al tanteo al escribir. Entonces, decirte que tiene mucho de él sería ponernos en un lugar que no nos corresponde. Pero sí tiene lo que más tiene Aira: lo lúdico. Aira es literatura y literatura como juego y El lémur es un juego. No el chiste, sino lo lúdico”.

 

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