¿Te acordás del Toque de Queda de Duhalde para los jóvenes de la Provincia?
En 1996, Eduardo Duhalde intentó regular la noche bonaerense con un decreto que limitaba horarios y prohibía la venta de alcohol a menores. La medida buscaba frenar el consumo de drogas y la violencia, pero terminó generando un fuerte rechazo, protestas juveniles y el cierre de boliches.
Corría 1996 y las estadísticas encendían todas las alarmas: el consumo de drogas crecía, aparecían nuevos estupefacientes en el mercado y el alcohol circulaba sin freno en las madrugadas bonaerenses. En ese escenario, el gobernador Eduardo Duhalde decidió dar un golpe de timón. Asesorado por Juan Alberto Yaría, entonces Secretario de Prevención de Adicciones, abrió un debate que atravesó la política y la sociedad: ¿Qué tipo de noche queríamos para la juventud?
El Decreto que cambió la madrugada
En el plano jurídico, Eduardo Duhalde se apoyó en el artículo 9 de la Ley 11.582, sancionada el 6 de enero de 1995, que facultaba a la Provincia de Buenos Aires a establecer los horarios de la actividad nocturna. Con esa base, el 3 de junio de 1996, Duhalde firmó el Decreto 1.555.
La medida imponía límites estrictos:
- Discotecas, cabarés y bingos debían cerrar a las 3 de la mañana en invierno y a las 4 en verano.
- Restaurantes, pubs y cafeterías podían extenderse apenas media hora más.
- Se prohibía la venta de alcohol en locales con presencia de menores.
- Las sanciones eran duras: multas de hasta 50.000 pesos y clausuras.
La intención era clara: combatir la “nocturnidad” como caldo de cultivo del consumo de drogas. Sin embargo, el efecto fue inesperado. Mientras los adultos veían recortado su tiempo de diversión, los adolescentes de 14 a 18 años ganaban horas en la pista: podían bailar hasta las 3 o 4 de la madrugada, cuando antes solo lo hacían hasta medianoche.
Con esta decisión, Duhalde buscaba dar cumplimiento a uno de los compromisos centrales de su gestión, iniciada en 1991: limitar la noche como espacio de riesgo. Su argumento era contundente: las discotecas y locales bailables funcionaban como terreno fértil para el consumo. Sin embargo, los propios informes de la Secretaría de Prevención de las Adicciones, dependiente de su gobierno, señalaban otra realidad. Según esos estudios, la mayoría de los jóvenes no comenzaba a consumir dentro de las discotecas, sino en ámbitos más cotidianos: la calle, la casa de amigos o incluso el propio hogar.
Con la intención de implementar el decreto con toda su fuerza, en la Escuela de Cadetes de Policía Juan Vucetich se reunió una verdadera fuerza de mando: cerca de ochocientos jefes policiales, 124 intendentes y un amplio número de inspectores municipales. Allí recibieron la orden directa de poner en marcha la disposición firmada por el gobernador Eduardo Duhalde. El mensaje transmitido fue claro y sin rodeos: después de la medianoche, los adolescentes no debían permanecer en las calles.
Consecuencias inmediatas
El decreto golpeó de lleno a los empresarios de la noche. Según el empresariado, de los 600 locales bailables que funcionaban en la provincia, unos 200 cerraron sus puertas, una gran mayoría del Conurbano, incapaces de competir con la oferta más flexible de la Capital Federal. La medida, pensada para proteger a los jóvenes, terminó empujándolos a la calle en plena madrugada.
La reacción no tardó. La Federación Universitaria Argentina organizó fiestas en las universidades como protesta. La Juventud Radical reunió cerca de 100 mil firmas contra la norma. Los empresarios, por su parte, presentaron decenas de recursos de amparo que en su mayoría prosperaron. La bronca juvenil se mezcló con la política y la medida se convirtió en un símbolo de repudio al menemismo.
Para el sector empresario, la regulación nunca logró sostenerse en la práctica. Algunos la describieron como un mecanismo que terminó abriendo la puerta a nuevos negocios paralelos: según ellos, algunos funcionarios encargados de controlar los horarios habrían aprovechado la situación para obtener beneficios indebidos, aceptando sobornos a cambio de ignorar las infracciones.
Duhalde no dudó en señalar responsabilidades. Criticó a los padres que, “como avestruces”, preferían ignorar lo que ocurría en las discotecas. Aseguró que la droga estaba presente en casi todos los locales, aunque no siempre por acción de los dueños, sino por los propios jóvenes. “Hoy ningún chico de 16 años ignora dónde está la droga. Los que lo ignoran son los padres, los policías, los jueces, los políticos, los periodistas”, lanzó con dureza.
El fracaso de la cruzada
La falta de coordinación entre municipios y la Provincia de Buenos Aires terminó por vaciar de fuerza la medida. En 1998, un relevamiento reveló que el 85% de las discotecas no respetaba los horarios impuestos.
Es así que, tras años de cuestionamientos y desencuentros, la Legislatura bonaerense dio un giro en enero de 2001: aprobó la Ley 12.588, impulsada por el diputado radical Germán López, que trasladaba a los municipios la potestad de fijar los límites horarios. La iniciativa recibió el respaldo del ahora gobernador Carlos Ruckauf, quien ya había desactivado parcialmente disposiciones del Decreto 1555/96.
El sucesor de Duhalde derogó la norma para el verano de 2000. Su argumento fue que casi nadie la cumplía.
Además, la medida tuvo consecuencias políticas inmediatas. Una encuesta encargada por empresarios de la noche mostró que el 58% de los jóvenes que votaron por primera vez en 1997 rechazaron la boleta oficialista por su desacuerdo con la ley y el 80% de los 10.000 consultados calificó la medida como autoritaria.
Epílogo de una batalla inconclusa
La llamada “Ley Duhalde” nació como un intento de frenar la violencia, el alcohol y las drogas en la madrugada bonaerense. Terminó convertida en un decreto polémico, resistido por jóvenes y empresarios, y finalmente derogado por falta de cumplimiento. Para muchos, más que un límite a la noche, fue un recordatorio de que la juventud buscaba su propio espacio, incluso cuando el Estado intentaba marcar la hora de cierre.
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