Jugó en Aldosivi, participó en la Copa Libertadores y hoy maneja Uber mientras sueña con volver

Ascendió con Chacarita, pasó por Aldosivi y jugó la Copa Libertadores con Estudiantes. Hoy, a los 32 años, trabaja de Uber y Rappi mientras busca club y mantiene intacto su sueño de volver a una cancha.

Ascendió con Chacarita, pasó por Aldosivi y jugó la Copa Libertadores con Estudiantes. Hoy, a los 32 años, trabaja de Uber y Rappi mientras busca club y mantiene intacto su sueño de volver a una cancha.

12 de Febrero de 2026 13:45

Por Redacción 0223

PARA 0223

La historia de Matías Rosso atraviesa distintos escenarios del fútbol argentino: desde el ascenso vibrante con Chacarita hasta su paso por Aldosivi en Primera División, con escala en la Copa Libertadores defendiendo la camiseta de Estudiantes de La Plata. Sin embargo, lejos de las luces y los grandes contratos, hoy el volante rosarino se reinventa trabajando como Uber y Rappi mientras espera una nueva oportunidad profesional.

Su irrupción se dio en Chacarita, donde llegó con 17 años tras una prueba y rápidamente se ganó un lugar. Vivió en la pensión y fue quemando etapas hasta debutar en Primera. El ascenso desde la B Metropolitana a la B Nacional marcó un antes y un después en su carrera. Un partido clave ante Estudiantes de Caseros, donde ingresó desde el banco y convirtió en la remontada 4-1, fue determinante para un equipo que terminaría logrando el objetivo. “Fue hermoso, Chacarita es un club muy grande”, recordó sobre aquella campaña inolvidable.

El rendimiento en el Funebrero le abrió las puertas de Estudiantes de La Plata, donde dio un salto inmediato a la elite y tuvo la chance de disputar la Copa Libertadores. Pasó del ascenso a competir en el máximo torneo continental en apenas cinco meses. “Primera División es otro mundo”, reconoció sobre su experiencia en un plantel que venía de grandes campañas internacionales y que lo integró rápidamente.

Tras su etapa en el Pincha, Rosso continuó su camino en Aldosivi. Allí vivió otra experiencia en la máxima categoría, aunque las lesiones y la fuerte competencia interna le impidieron tener mayor continuidad. Incluso, una decisión de palabra lo marcó: cuando Nelson Vivas lo llamó para regresar a Estudiantes, ya tenía todo acordado con el Tiburón y decidió cumplir. “Son decisiones que uno toma y después tal vez se arrepiente, pero ya es tarde”, confesó.

Luego llegaron nuevos desafíos y también golpes duros, como la fractura de tobillo que lo dejó ocho meses fuera de las canchas. Más tarde, la pandemia terminó de complicar el panorama: con 27 años y sin club, regresó a Rosario, entrenó por su cuenta y esperó oportunidades en un mercado paralizado. Desde 2023 está sin equipo y alternó trabajos en una empresa local antes de dedicarse de lleno a Uber y Rappi para sostener a su familia.

A pesar de los obstáculos, la llama sigue encendida. En los últimos días volvió a entrenarse en un club de Rosario y mantiene la ilusión intacta. “Quiero que mis hijos me vean jugar”, afirmó. Con pasado en Chacarita, Aldosivi y la Copa Libertadores, Rosso representa a tantos futbolistas que conocieron la gloria y hoy siguen luchando en silencio por una nueva oportunidad, convencidos de que el fútbol siempre da revancha.