El secreto de la calle 461: los búnkeres olvidados que vigilaron submarinos nazi en Mar del Plata

Los bloques de hormigón situados en varias calles cerca de la costa quedaron vinculados a la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad quedó asociada al desenlace del conflicto internacional.

10 de Marzo de 2026 09:08

Por Redacción 0223

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En el extremo sur de Mar del Plata, donde el trazado del barrio Alfar se interna hacia la costa, es común encontrar bloques de hormigón que muchos vecinos bautizaron como antiguas defensas de guerra. Si bien la imaginación popular los vincula con puestos de vigilancia de la Segunda Guerra Mundial, no existe documentación oficial ni registro militar que confirme su origen bélico, aunque hay vínculos directos. Lo que sí es una realidad histórica innegable es que la ciudad fue escenario del desenlace de ese conflicto, cuando los submarinos alemanes U-530 y U-977 se entregaron en la Base Naval en 1945, marcando un hito que quedó grabado para siempre en la memoria colectiva local.

La presencia de estas moles de cemento en terrenos privados o al final de calles como la 461 tiene una explicación más terrenal: son, en su mayoría, restos de antigua infraestructura civil, sistemas de drenaje costero o cimientos de balnearios que quedaron abandonados hace décadas durante el proceso de urbanización de la zona. A medida que el barrio Alfar creció y se expandió hacia el sur, muchas de estas estructuras fueron integradas involuntariamente al paisaje residencial. A diferencia de las defensas militares diseñadas por ingenieros del Estado, estas piezas son vestigios de una época en la que la costa se construía de manera improvisada antes de que las normas de edificación urbana fueran estrictas.

En el Alfar todavía se aprecian los bloques macizos.

El mito urbano vinculado a los "búnkeres nazi"

El encanto de estas ruinas radica justamente en la confusión que generan al contrastar con las modernas viviendas que las rodean. Lo que comenzó como una necesidad de infraestructura urbana o protección privada de lotes frente al avance del mar, terminó convirtiéndose en un "mito urbano" que muchos prefieren creer antes que la explicación técnica. Es fascinante cómo un simple bloque de hormigón puede transformarse en un "búnker nazi" en la conversación del barrio. Así, los restos arquitectónicos quedaron relacionados a historias de espías y submarinos en lugar de simples vestigios de un pasado civil, aunque la leyenda quedó sentada.

Hoy, estos restos de hormigón representan una parte silenciada del paisaje cotidiano de la costa marplatense. Lejos de ser monumentos protegidos, actúan como un recordatorio de cómo La Feliz se transformó físicamente sobre sus propias huellas del pasado. Quien observe estos bloques en un terreno privado no está viendo un resto de ocupación militar, sino la prueba de una expansión urbana que, al avanzar sobre los acantilados, dejó enterradas piezas de su propia historia.