El adiós a Lima Linda: un legado de sabor y memoria en Mar del Plata
Tras años de éxito, Lima Linda cierra sus puertas en Mar del Plata. El restaurante, pionero de la cocina peruana hecha por marplatenses y emblema de la vida familiar, fue mucho más que un lugar para comer: se convirtió en un espacio donde la gastronomía se mezcló con la memoria y los afectos.
Hay sabores que no se eligen, sino que se heredan. Para María Bertone, el aroma del ají amarillo y el contacto con la papa no son elementos exóticos, son, en cambio, el perfume de su infancia en Surco, Lima. Hija de un investigador de la FAO, María creció y vivió en Perú hasta su adolescencia, forjando un profundo amor por la gastronomía de esa región. Fue ese gusto el que, décadas más tarde, transformaría la escena culinaria de Mar del Plata.
Con ese impulso, María y su hermano Juan, quien también nació en Perú, ya instalados en la ciudad balnearia, decidieron fundar Lima Linda, el primer restaurante de cocina étnica gestionado por locales. Este proyecto trascendía lo meramente comercial, pues en él se ponían en juego la identidad familiar y la memoria.
Por eso, al conocerse esta semana que Lima Linda cerraba sus puertas, María, quien se había alejado de la sociedad comercial hace un tiempo, no pudo evitar expresar su tristeza: “Todo esto me da mucha bronca y, por supuesto, estoy muy triste. Ojalá este cierre no sea definitivo y el proyecto pueda volver en algún momento. Fue un sueño hecho realidad, un gran proyecto y, sin duda, el primer restaurante peruano reconocido en Mar del Plata que logró perdurar”, manifestó Bertone a 0223.
Un pacto entre hermanos
La historia de Lima Linda no nació en una oficina, sino de un vínculo de sangre. En 2018, Juan la convocó para concretar un anhelo postergado. María, que en aquel entonces gestionaba un café en la Villa Victoria Ocampo, sentía la urgencia de regresar a su verdadera pasión: la cocina. “Tenía ganas de cocinar, de cocinar de verdad”, confiesa.
Así surgió el primer restaurante peruano con peso propio en la ciudad. No se trataba de una copia fiel de un recetario limeño, sino de la “versión María”: una adaptación honesta y creativa. Ante la falta de ingredientes originales, como la papa amarilla o el queso fresco auténtico, desplegó su ingenio de chef para mantenerse lo más fiel posible a las raíces. “Viajé muchísimas veces al Mercado de Liniers, en Buenos Aires, para comprar lo necesario, hasta que conseguí que me enviaran los insumos desde allá. Otra de las cosas que tuvimos que adaptar fue el nivel de picante, acá el paladar es distinto”, recuerda sobre los primeros años.
—Durante estos días, ¿hubo algún momento o sensación que te hizo sentir que el lugar conserva algo muy propio o que te trajo un recuerdo fuerte?
—El otro día volví y me di cuenta de que el lugar tiene mucha impronta mía. Suelo no regresar a los espacios en los que trabajé, prefiero dejarlos atrás, como me ocurrió con el café de Villa Victoria: lo restauré y después nunca más entré a la Villa. Pero esta vez fui a comer y me sorprendió ver que mi esencia sigue ahí. En la decoración hay detalles que puse con mis propias manos, yo pinto y hago trabajos artesanales, e incluso había olvidado un pequeño mural que realicé. También están los pompones en las ventanas que coloqué yo misma. En general, le puse mucho cuerpo y energía a ese lugar, incluso los cocineros aprendieron conmigo. Fue un momento muy extraño.
Trayectoria y nuevos horizontes
Entrar a Lima Linda era sumergirse en el mundo visual y gastronómico de Perú. Sin embargo, este no era el primer proyecto de María en esa línea. Al mencionado café en Villa Victoria se suma su experiencia en María Bonita, el local de gastronomía mexicana que inauguró junto a su padre en la década de los 90.
Sobre aquel inicio, María aclara: “El restaurante mexicano lo inicié junto a mi papá, yo era muy joven cuando arrancamos. En ese proyecto me enfoqué sobre todo en la cocina y en la carta, pero no aporté mi faceta artística porque todavía no me dedicaba a eso, recuerdo que la decoración la hizo un profesional. En cambio, tanto en Lima Linda como en el café o en mi emprendimiento nuevo, participé en todo: desde la concepción de la carta hasta el diseño integral de la decoración. Han sido espacios donde pude volcar mi creatividad y mi estilo de manera integral”.
Lima Linda fue un éxito rotundo desde el primer día. Fue un espacio donde las reservas resultaban insuficientes y el público se encolumnaba frente a la puerta, aguardando con paciencia que las mesas se desocuparan. Todos conocían su ubicación, y quienes aún no lo habían visitado, llegaban atraídos por la promesa de su ceviche, la causa de pescado, el lomo saltado, las papas a la huancaína o el arroz chaufa de mariscos, siempre acompañados por un pisco sour o un shot de pisco.
Sin embargo, la pandemia lo cambió todo. Tras la temporada de 2020, sobrevino un arduo periodo de adaptación e intentos por sostener el proyecto. Con varios años de trayectoria y una entrega absoluta, el equipo tuvo que apelar a la imaginación y al delivery como un salvavidas indispensable. Al respecto, María enfatiza: “Durante la pandemia, el envío a domicilio fue una experiencia difícil, pero tuvimos que adaptarnos. La verdad es que lo detesto: la comida pierde calidad y se utiliza una cantidad enorme de descartables que terminan contribuyendo a esa isla de plástico gigantesca, vaya uno a saber dónde. Para mí es la peor opción, pero aun así lo hicimos, funcionó y nos ayudó a todos a sostenernos en aquel tiempo. Después, a Juan se le ocurrió abrir un pequeño local dedicado exclusivamente al delivery, y así continuamos con ambos espacios durante un tiempo”.
Hoy, tras conocerse la fecha de cierre, María se entristece, aunque reconoce que su presente requiere de toda su energía. “Ahora busco un poco más de libertad en la cocina, ya no quiero encasillarme en ‘comida peruana’ o ‘comida mexicana’”, sostiene. Ese es, precisamente, el estilo que busca imponer en su nuevo proyecto: un espacio ubicado en la intersección de Santiago del Estero e Hipólito Yrigoyen (Galería de Sabores), donde conviven la gastronomía gourmet, una galería de arte itinerante y un piano que marca el ritmo de las cenas.
El anuncio del adiós
El cierre se comunicó a través de sus redes sociales con un mensaje cargado de simbolismo: “No es solo un restaurante. Fueron 36 789 ceviches, 25 375 causas limeñas, 54 230 pisco sours y miles de abrazos, celebraciones y momentos compartidos”.
La imposibilidad de renovar el contrato de alquiler, sumada al complejo escenario actual, empujaron a Juan al cierre definitivo. “No podemos renovar el contrato y, en un contexto económico que no es el más favorable, decidimos bajar la persiana hasta nuevo aviso. El otro día me emocionaba porque estoy trabajando a la par con mi hija mayor, tal como laburaba yo con mi viejo hace treinta años”, contó Juan Bertone a 0223 hace pocos días.
Pese al final de esta etapa, las esperanzas están puestas en un eventual regreso. Mientras María sostiene que de las crisis surgen oportunidades, Juan se enfoca en transitar estos días finales. Al leer los mensajes y comentarios que sus seguidores dejan en las redes, desde comensales hasta antiguos empleados, se percibe con claridad que este no fue solo un local gastronómico. Lima Linda marcó la historia de Mar del Plata y permanecerá en la memoria colectiva por sus sabores y sus noches compartidas, un proyecto familiar y cultural que supo reunir afectos e historias, convirtiéndose en parte fundamental de la identidad emocional de la ciudad.
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