Agua radioactiva, ruinas y fantasmas nazis: la historia olvidada de la Copelina
La estructura de piedra de la embotelladora todavía se puede apreciar.
Por Redacción 0223
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En la apacible zona rural de la Sierra de los Padres, a pocos kilómetros de Mar del Plata, las ruinas de La Copelina se mantienen como un testimonio silencioso de un pasado próspero y singular. Entre muros descascarados y ventanales sin vidrio, aún resiste la estructura de piedra que supo albergar una de las embotelladoras más importantes del sudeste bonaerense. El entorno natural, con sus lomas y arboledas, contrasta con el deterioro visible del edificio principal. La escena combina belleza paisajística con una atmósfera cargada de historia y misterio.
Hoy, quienes logran divisar la antigua planta desde el exterior encuentran restos de maquinaria, viejos generadores y sectores invadidos por la vegetación. El silencio reemplazó al incesante movimiento de camiones y operarios que alguna vez llenaron el predio. La fuente original continúa recibiendo agua del manantial, aunque ya no se la explota comercialmente como en tiempos de esplendor. El paso del tiempo convirtió al lugar en un símbolo de la arqueología industrial regional.
El supuesto vínculo con los nazis y el agua radioactiva
Las leyendas sobre supuestos refugiados nazis, sumadas a la antigua promoción del agua “radioactiva”, alimentaron durante décadas el imaginario popular. Aunque no existen pruebas concluyentes sobre aquellas versiones, la cercanía con episodios históricos de la Segunda Guerra Mundial fortaleció las especulaciones. Con el correr de los años, el mito terminó mezclándose con hechos comprobables, como la crisis económica y el avance de grandes empresas multinacionales. Así, la historia real y la ficción quedaron entrelazadas en la memoria colectiva.
Más allá de rumores y teorías, La Copelina representa una etapa particular del desarrollo productivo bonaerense, cuando la fe en el progreso científico impulsaba emprendimientos audaces. Su cierre hacia 1960 marcó el fin de una era para la industria local del agua mineral. Hoy, el predio permanece cerrado y señalizado, aunque continúa despertando la curiosidad de visitantes y exploradores urbanos. Entre naturaleza, decadencia y misterio, el antiguo manantial sigue siendo parte viva del patrimonio histórico regional.
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