Golpe a la industria: una fábrica textil que trabaja con grandes marcas quedó al borde del colapso
La firma llegó a tener 120 empleados hasta el 2020, que una de las principales marcas comenzó a importar sus productos.
Por Redacción 0223
PARA 0223
Una empresa textil entró en concurso preventivo para reestructurar su deuda y continuar funcionando al verse afectada por las caídas en las ventas y el aumento de las importaciones.
Se trata de Fantome Group que trabaja con marcas como Reebok, Cheeky, Kappa y Kevingston. “El concurso preventivo constituye la única vía para preservar la actividad y garantizar una reorganización ordenada”, señalaron.
La fábrica textil logró la apertura de su concurso preventivo a comienzos de marzo, en medio de un cuadro financiero crítico: acumula 33 cheques rechazados por falta de fondos, por casi $45 millones, según registros del Banco Central.
La firma, radicada en Villa Devoto desde 2018, llegó a tener hasta 120 empleados en su mejor momento, con foco en el diseño y distribución de indumentaria para primeras marcas. Hoy sólo cuenta con 20 trabajadores que mantienen la fábrica en pie.
El punto de quiebre llegó en 2020, cuando Kevingston dejó de producir en el país y volcó su operación a importaciones. “Era el cliente que representaba casi todo el flujo de trabajo, su salida significó un quiebre estructural”, admitieron en la presentación judicial.
Con el correr del tiempo, otras marcas siguieron el mismo camino. La actividad logró sostenerse por un acuerdo con Distrinando S.A., licenciataria de Kappa y Reebok, para proveer indumentaria deportiva a clubes. Pero ese contrato se terminó en 2025 y la caída se aceleró.
En el expediente, Fantome Group vinculó su crisis al escenario general de la industria textil, golpeada por una “competencia diabólica” con productos importados y prácticas de venta por debajo del costo para sostenerse en el mercado.
A ese contexto le sumó la suba constante de insumos, energía y salarios, la presión impositiva y la falta de medidas contra el dumping. “Una empresa pequeña no soporta ese incremento de tasas ni la exigencia de cancelar líneas de crédito en esas condiciones”, declararon.
La situación se agravó a mediados del año pasado, cuando la Justicia ordenó dos embargos por más de $130 millones sobre sus cuentas. Sin capacidad de cubrirlos, la empresa terminó en cesación de pagos.
En paralelo, intentó reconvertirse: lanzó una marca propia, abrió un local en Belgrano y creó una unidad de bordado y estampado, hoy su principal ingreso.
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