De mansión de la aristocracia a centro clandestino: el oscuro final de una histórica casona de Mar del Plata
Pese a que el edificio pasó por múltiples reconversiones, hoy solo quedan algunos escombros.
Por Redacción 0223
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La imponente estructura de Villa Joyosa, construida en 1916 frente al mar en la zona norte de Mar del Plata, pasó de ser un símbolo de la aristocracia a una leyenda urbana cargada de tragedia. Esta mansión neocolonial, ubicada estratégicamente sobre la Ruta 11 cerca del Parque Camet, destacaba por su gran torre visible a kilómetros y sus patios interiores.
Diseñada por los arquitectos Soto Acebal, Fontana y Cremonte, la propiedad fue concebida originalmente como una lujosa residencia de veraneo para las familias más influyentes del país. Sin embargo, su destino cambió drásticamente con el paso de las décadas, convirtiéndose en un ícono del misterio local.
Durante la década de 1970, el esplendor arquitectónico de la casona se desvaneció al ser utilizada como un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar argentina. Este oscuro capítulo marcó para siempre la identidad del lugar, que tras el regreso de la democracia intentó reconvertirse sin éxito en una exclusiva casa de té y, posteriormente, en una discoteca.
Los relatos sobre su pasado trágico y la atmósfera lúgubre del edificio alimentaron durante años diversas historias sobre fenómenos inexplicables en su interior. Con el tiempo, el abandono y el vandalismo transformaron al antiguo palacio en una ruina peligrosa.
Por qué demolieron la estructura de Villa Joyosa
La degradación estructural de la estancia y los constantes reclamos de los vecinos por la inseguridad en la zona llevaron al municipio de General Pueyrredón a tomar una decisión definitiva sobre el predio. En junio de 2021, las máquinas excavadoras procedieron a la demolición controlada de lo que quedaba de sus muros, eliminando el riesgo de derrumbe que amenazaba a los transeúntes.
A pesar de su desaparición física, el sitio sigue siendo un punto de referencia para los historiadores y aquellos interesados en la arqueología urbana marplatense. Los escombros que aún permanecen en el terreno son el último vestigio de un patrimonio que no pudo ser recuperado.
La desaparición de su silueta en el horizonte costero cerró un ciclo de más de cien años de transformaciones, leyendas y decadencia frente a las costas de Camet. Para los residentes de la ciudad, la mansión sigue viva en la memoria colectiva como "la casa maldita" que el mar y el tiempo terminaron de devorar.
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