¿Dónde estabas durante el Argentinazo de diciembre del 2001, cuando el pueblo dijo basta a las medidas económicas asfixiantes?

El modelo neoliberal, el desempleo y el ajuste a jubilados fracturaron la paz social. La brutal represión contra dirigentes sindicales y sociales dejó más de diez heridos, uniendo a la clase media y sectores populares en el reclamo. Mar del Plata fue epicentro de un hartazgo colectivo contra la política y ciertos dirigentes. Así se vivió el “argentinazo” en la ciudad.

El clima era espeso, los comercios bajaban sus persianas mientras la policía acompañaba a los manifestantes.

5 de Abril de 2026 08:59

El nombre quedó grabado a fuego: el “Argentinazo”. Fue el desenlace inevitable de una década, la de los 90, que bajo el sello del neoliberalismo terminó por asfixiar el tejido social. Privatizaciones, desempleo récord y un hambre que ya no pedía permiso se convirtieron en el paisaje cotidiano de millones. En Mar del Plata, la crisis no era una noticia lejana de la Capital, se respiraba en cada esquina.

El preludio del caos

Hacia fines de 2001, la paciencia social estaba agotada. El antecedente inmediato habían sido las elecciones legislativas de octubre, donde el "voto bronca" y la abstención marcaron un récord histórico de rechazo a la clase política. En las calles marplatenses, la tensión crecía al ritmo del ajuste: el recorte del 13% en jubilaciones y salarios estatales fue el último empujón hacia el abismo.

Los días previos a las fiestas de diciembre fueron de una angustia eléctrica. En los barrios, la falta de alimentos proyectaba una sombra sobre la mesa navideña. El 18 de diciembre, en un intento por contener lo inevitable, el entonces intendente Elio Aprile se reunió con referentes sindicales, agrupaciones sociales y el jefe de la Policía Departamental, Carmelo Impari. El pacto parecía claro: profundizar la distribución de comida para evitar desmanes y permitir que las columnas marcharan, sin provocar descontrol, para manifestar un descontento que a esa altura alcanzaba a todas las clases sociales.

El día que la institucionalidad se quebró

El miércoles 19 de diciembre comenzó con una apariencia de normalidad administrativa. En el Concejo Deliberante se trataba el ajuste en el INIDEP a través de una audiencia pública. Fue el último acto de institucionalidad antes de la tormenta. Mientras los dirigentes sociales negociaban canastas navideñas en el Palacio Municipal, el aire cambió de golpe: el Gobierno nacional, encabezado por Fernando de la Rúa, anunciaba por cadena nacional el estado de sitio impuesto a través de un decreto.

Al salir de la audiencia, la noticia golpeó a los manifestantes: las garantías constitucionales estaban suspendidas. En paralelo, la tensión se trasladaba a la intersección de Luro y San Juan. Allí, más de mil personas marchaban exigiendo alimentos y pagos adeudados de planes sociales frente a la entidad bancaria del lugar. El clima era espeso, los comercios bajaban sus persianas mientras la policía acompañaba a los manifestantes.

La cacería en las calles

La represión no tardó en estallar. En Luro y San Juan, el avance policial impidió el paso de la marcha hacia el centro de la ciudad. Lo que siguió fue una persecución que se extendió hasta las vías del ferrocarril en la avenida Champagnat. Gases, palos y balazos de goma transformaron la arteria en un campo de batalla.

Simultáneamente, frente al Municipio, el escenario era igual de violento. Bajo las órdenes directas de Impari, las fuerzas policiales cargaron contra quienes estaban en la calle. En ese operativo, planificado, según algunas versiones, ya que el propio Impari había estado en las reuniones previas y conocía los movimientos de los distintos sectores, se actuó con una precisión tal que evitó que los medios de comunicación se encontraran en los puntos de conflicto. Esto provocó que no quedaran registros fílmicos del momento exacto de la represión, donde fueron detenidos los dirigentes Daniel Barragán, quien en aquel momento se desempeñaba como Defensor del Pueblo del Municipio, Hugo Canavesio y Daniel Cesario.

Los tres fueron trasladados, primero, a la comisaría primera, después a la cuarta y, por último, al Hospital Interzonal. “El recuerdo más extraordinario de todos es que, cuando llegamos al Higa, el personal del hospital, que era afiliado a ATE, salió al playón a recibirnos. La directora de ese momento, Susana Gómez, tomó la decisión de internar a todos los que llegaban heridos, que eran fundamentalmente los de la calle San Juan, porque lo que Impari quería era detener a cada uno que llegara lastimado al hospital”, recordó Barragan en 0223 unos años más adelante.

Rostros de la resistencia

La jornada dejó un saldo de entre 10 y 12 heridos graves. La imagen del dirigente social Jorge Agüero, con el torso marcado por las postas de goma, se convirtió en el símbolo de la ferocidad policial en la ciudad. Otros referentes como Raúl Calamante, Osvaldo Rozas y Fernando Cuesta también sufrieron el rigor de un operativo que muchos calificaron como una decisión personal y desmedida del jefe policial, rompiendo los acuerdos previos de no confrontación. “Por eso, para Daniel Barragán, no hay dudas de que avanzar contra las protestas pacíficas fue una decisión “personal y única” del titular de la Departamental”, sostenía este medio a los 20 años de aquel hecho.

Mientras en los barrios periféricos comenzaban los primeros saqueos, la noticia de la renuncia de Domingo Cavallo cerca de la medianoche provocó un giro inesperado. La clase media "ahorrista", golpeada por el corralito, se sumó a los sectores populares. El sonido de las cacerolas se mezcló con los gritos de “¡Que se vayan todos!”.

El final del vuelo

La caída del gobierno de Fernando de la Rúa se selló con la imagen del helicóptero despegando de la Casa Rosada, dejando atrás un país herido y decenas de muertos en todo el territorio nacional. En Mar del Plata, aunque afortunadamente no hubo víctimas fatales, la cicatriz quedó abierta. Aquel diciembre no fue solo un estallido, fue el punto de llegada de un largo proceso de deterioro que cambió para siempre la relación entre el pueblo y sus representantes.

(*) Fotos de Fabián Gastiarena y Ricardo Tamalet.