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El desafío de agregarle valor a la merluza

El desafío de agregarle valor a la merluza

Roberto Garrone

Mientras la Fundación Vida Silvestre propone certificar la pesquería para garantizar la sustentabilidad del recurso, el Inidep hace casi un año que no realiza campañas de investigación.  

La realidad de la industria pesquera marplatense está dominada por las urgencias de un negocio que no encuentra rentabilidad en casi ninguna de sus principales pesquerías o sí, pero solo para la flota congeladora, que produce en alta mar y esquiva mejor los altos costos de las estructuras productivas en tierra.

Son tiempos donde las sirenas que alertan emergencias permanecen encendidas y no dan tiempo para pensar en lo importante: planificar el futuro cuando cambien las reglas de juego pero donde se deberá asegurar la sustentabilidad de las pesquerías y mejorar el acceso a los mercados.

La Fundación Vida Silvestre presentó días pasados el “Estudio de mercados de la cadena de suministro de pescado blanco proveniente de la República Argentina”, un estudio que analiza la evolución de estas especies y los desafíos para sostener y aumentar los beneficios de su explotación sin incrementar sus capturas.

El pescado blanco en nuestro caso está dominado por la merluza común, de cola, negra y polaca. La hubbsi es la piedra basal desde donde se construyó la industria pesquera nacional y tiene en Mar del Plata al principal puerto de operaciones a partir de sus grandes volúmenes de captura, que son descargados regularmente por la flota durante todo el año, genera una porción importante de las exportaciones y miles de puestos de trabajo. 

Pero sobre todo, el pescado blanco tiene un gran potencial para generar productos con más valor agregado. Hoy lejos de haber incentivos para quienes sumen valor, las empresas deben pagar aranceles de exportación del 5% para este tipo de productos.

La pesquería de merluza, incluyendo las diferentes especies, se ubica tercera en volumen dentro del mercado internacional del pescado blanco, totalizando alrededor de 1.150.000 t/año, detrás de la Alaska pollock y del bacalao. 

La Argentina es un actor relevante dentro de este mercado: exporta el 9% de la producción global de estas especies, principalmente a la Unión Europea, Brasil, USA, Japón y China.

Guillermo Cañete es coordinador del Programa Marino de Vida Silvestre. "Nuestro país exporta más del 90% de su producción pesquera y hay una tendencia en los mercados mundiales a generar una demanda creciente de productos provenientes de pesquerías sustentables. En este contexto, la Argentina se encuentra en una buena situación para poder aprovechar esta oportunidad y posicionarse como país productor de productos pesqueros responsable".

Vida Silvestre propone extender la certificación del MSC que detentan las pesquerías de merluza de cola, vieira patagónica y anchoíta bonaerense al resto del pescado blanco. La certificación implica una apuesta a elevar los estándares de calidad ambiental. Un producto de una pesquería certificada no solo tiene mayor valor en la góndola sino que es la punta de lanza para abrir nuevos mercados.

“Creemos que esta tendencia puede ser una oportunidad para elegir un camino en el que podamos, una vez más, demostrar que producir y conservar los recursos naturales es posible", concluye Cañete. 

El informe de Vida Silvestre plantea la necesidad de un cambio. Abandonar  el actual patrón de comercio (exportación de commodities con bajo valor agregado), que producen menos empleo y distribución de la renta, y que para crecer requieren mayores volúmenes de captura y pone en riesgo la sustentabilidad del recurso.

La organización ecologista pugna por un patrón de comercio donde tengan preponderancia los productos con mayor valor agregado y procesamiento, que generan más empleo, de manera sustentable, que cumplan con los requisitos de los compradores más exigentes.

Para asegurar un mar sano y productivo para las actuales y futuras generaciones, Vida Silvestre promueve la implementación efectiva del manejo basado en el ecosistema, que apunta a gestionar los recursos pesqueros a partir de una mirada integral del ecosistema, con prácticas que aseguren que la actividad económica respete y se adapte a los ciclos naturales y procesos del mar argentino.

Pero  (siempre aparece uno que pone en jaque las buenas intenciones), para lograr ese manejo se necesita tener mayor conocimiento de los recursos pesqueros, y es justamente lo que está faltando desde hace casi un año.

El Inidep es el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, el más importante que tiene la actividad para conocer el estado de los recursos. Ubicado en la Escollera Norte del puerto local, hace casi 10 meses que no realiza ninguna campaña con sus barcos de investigación.

Los tripulantes de las embarcaciones del organismo aplican una medida de fuerza para mejorar sus salarios. Entre que ninguno de los gremios que los representan son signatarios de convenio con el estado nacional, que algunos quieren tener un garantizado mayor cuando los barcos no naveguen, y que las autoridades no han mostrado serias intenciones de encontrar una salida –nunca llamó a conciliación obligatoria-, la parálisis se ha hecho norma en el Inidep.

En este tiempo de negociaciones, cuartos intermedios, ofertas y contra propuestas se han perdido estudios vitales como la campaña de evaluación global de merluza, la más importante que tiene la pesquería, indispensable si se quiere saber a ciencia cierta en qué situación se encuentra el recurso. Clave también para cualquier proceso de certificación.

Un recurso, que a decir de los armadores, en los primeros tres meses del año no tuvo ni la abundancia ni el tamaño suficiente como para que la flota fresquera pueda operar con cierta regularidad sobre las concentraciones del efectivo sur.

Para mayo está programada una campaña en el buque “Holmberg” para evaluar los desovantes de merluza en el stock norte, el efectivo más cerca del puerto marplatense y cuyo estado biológico es más precario que el patagónico. Nadie por estas horas confirma que podrá hacerse.

El "Estudio de mercado de la cadena de suministro de pescado blanco proveniente de la República Argentina" fue realizado por el licenciado Gabriel Sesar. El aporte de Vida Silvestre busca consolidar un nuevo modelo de pesquería, sustentable desde lo ambiental, social y económico.

Como ese modelo necesita del aporte y concordancia de todos los actores involucrados, es que todavía falta mucho para que tome forma.

 

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El desafío de agregarle valor a la merluza

Mientras la Fundación Vida Silvestre propone certificar la pesquería para garantizar la sustentabilidad del recurso, el Inidep hace casi un año que no realiza campañas de investigación.  

La realidad de la industria pesquera marplatense está dominada por las urgencias de un negocio que no encuentra rentabilidad en casi ninguna de sus principales pesquerías o sí, pero solo para la flota congeladora, que produce en alta mar y esquiva mejor los altos costos de las estructuras productivas en tierra.

Son tiempos donde las sirenas que alertan emergencias permanecen encendidas y no dan tiempo para pensar en lo importante: planificar el futuro cuando cambien las reglas de juego pero donde se deberá asegurar la sustentabilidad de las pesquerías y mejorar el acceso a los mercados.

La Fundación Vida Silvestre presentó días pasados el “Estudio de mercados de la cadena de suministro de pescado blanco proveniente de la República Argentina”, un estudio que analiza la evolución de estas especies y los desafíos para sostener y aumentar los beneficios de su explotación sin incrementar sus capturas.

El pescado blanco en nuestro caso está dominado por la merluza común, de cola, negra y polaca. La hubbsi es la piedra basal desde donde se construyó la industria pesquera nacional y tiene en Mar del Plata al principal puerto de operaciones a partir de sus grandes volúmenes de captura, que son descargados regularmente por la flota durante todo el año, genera una porción importante de las exportaciones y miles de puestos de trabajo. 

Pero sobre todo, el pescado blanco tiene un gran potencial para generar productos con más valor agregado. Hoy lejos de haber incentivos para quienes sumen valor, las empresas deben pagar aranceles de exportación del 5% para este tipo de productos.

La pesquería de merluza, incluyendo las diferentes especies, se ubica tercera en volumen dentro del mercado internacional del pescado blanco, totalizando alrededor de 1.150.000 t/año, detrás de la Alaska pollock y del bacalao. 

La Argentina es un actor relevante dentro de este mercado: exporta el 9% de la producción global de estas especies, principalmente a la Unión Europea, Brasil, USA, Japón y China.

Guillermo Cañete es coordinador del Programa Marino de Vida Silvestre. "Nuestro país exporta más del 90% de su producción pesquera y hay una tendencia en los mercados mundiales a generar una demanda creciente de productos provenientes de pesquerías sustentables. En este contexto, la Argentina se encuentra en una buena situación para poder aprovechar esta oportunidad y posicionarse como país productor de productos pesqueros responsable".

Vida Silvestre propone extender la certificación del MSC que detentan las pesquerías de merluza de cola, vieira patagónica y anchoíta bonaerense al resto del pescado blanco. La certificación implica una apuesta a elevar los estándares de calidad ambiental. Un producto de una pesquería certificada no solo tiene mayor valor en la góndola sino que es la punta de lanza para abrir nuevos mercados.

“Creemos que esta tendencia puede ser una oportunidad para elegir un camino en el que podamos, una vez más, demostrar que producir y conservar los recursos naturales es posible", concluye Cañete. 

El informe de Vida Silvestre plantea la necesidad de un cambio. Abandonar  el actual patrón de comercio (exportación de commodities con bajo valor agregado), que producen menos empleo y distribución de la renta, y que para crecer requieren mayores volúmenes de captura y pone en riesgo la sustentabilidad del recurso.

La organización ecologista pugna por un patrón de comercio donde tengan preponderancia los productos con mayor valor agregado y procesamiento, que generan más empleo, de manera sustentable, que cumplan con los requisitos de los compradores más exigentes.

Para asegurar un mar sano y productivo para las actuales y futuras generaciones, Vida Silvestre promueve la implementación efectiva del manejo basado en el ecosistema, que apunta a gestionar los recursos pesqueros a partir de una mirada integral del ecosistema, con prácticas que aseguren que la actividad económica respete y se adapte a los ciclos naturales y procesos del mar argentino.

Pero  (siempre aparece uno que pone en jaque las buenas intenciones), para lograr ese manejo se necesita tener mayor conocimiento de los recursos pesqueros, y es justamente lo que está faltando desde hace casi un año.

El Inidep es el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, el más importante que tiene la actividad para conocer el estado de los recursos. Ubicado en la Escollera Norte del puerto local, hace casi 10 meses que no realiza ninguna campaña con sus barcos de investigación.

Los tripulantes de las embarcaciones del organismo aplican una medida de fuerza para mejorar sus salarios. Entre que ninguno de los gremios que los representan son signatarios de convenio con el estado nacional, que algunos quieren tener un garantizado mayor cuando los barcos no naveguen, y que las autoridades no han mostrado serias intenciones de encontrar una salida –nunca llamó a conciliación obligatoria-, la parálisis se ha hecho norma en el Inidep.

En este tiempo de negociaciones, cuartos intermedios, ofertas y contra propuestas se han perdido estudios vitales como la campaña de evaluación global de merluza, la más importante que tiene la pesquería, indispensable si se quiere saber a ciencia cierta en qué situación se encuentra el recurso. Clave también para cualquier proceso de certificación.

Un recurso, que a decir de los armadores, en los primeros tres meses del año no tuvo ni la abundancia ni el tamaño suficiente como para que la flota fresquera pueda operar con cierta regularidad sobre las concentraciones del efectivo sur.

Para mayo está programada una campaña en el buque “Holmberg” para evaluar los desovantes de merluza en el stock norte, el efectivo más cerca del puerto marplatense y cuyo estado biológico es más precario que el patagónico. Nadie por estas horas confirma que podrá hacerse.

El "Estudio de mercado de la cadena de suministro de pescado blanco proveniente de la República Argentina" fue realizado por el licenciado Gabriel Sesar. El aporte de Vida Silvestre busca consolidar un nuevo modelo de pesquería, sustentable desde lo ambiental, social y económico.

Como ese modelo necesita del aporte y concordancia de todos los actores involucrados, es que todavía falta mucho para que tome forma.

 

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