El trabajo en el puerto sólo aumenta para los congeladores
Mar del Plata concentra la principal flota de barcos factoría. Aumento en la participación de desembarques, violación de la Ley de Pesca y falta de incentivos para los fresqueros explican el fenómeno. Las empresas más beneficiadas. El empleo que saca de tierra un barco congelador.
Lo dice el filetero, al que llaman dos veces por semana, para cortar una docena de cajones y volver a su casa a la espera de una changa que lo ayude a llegar a fin de mes. Lo repite el estibador, que suma pocos jornales vaciando bodegas con pescado encajonado. Lo sufre el marinero, que colecciona días en muelle a la espera de volver a alta mar.
Todos responsabilizan a los barcos arrastreros congeladores por la mengua del trabajo en tierra que afecta a los eslabones de la cadena ligada al pescado fresco. Y parte de razón tienen porque son los únicos que en estas épocas de vacas flacas, han aumentado su nivel de actividad.
En el 2007 la Cámara de Armadores de Buques Fresqueros de Altura, denunciaba que 38 barcos congeladores se llevaban el 35% de las asignaciones en aguas merluceras, mientras que más de 170 barcos fresqueros, recibían el 65% restante.
Mar del Plata es el principal puerto merlucero del país y asiento de la mayoría de ambas flotas. Hay empresas que cuentan con los dos tipos de barcos. A principios de siglo, los buques congeladores se contaban con una sola mano en el puerto local. Hoy no alcanza ni con los dedos de los pies.
Los números avalan esa concentración de merluza procesada en alta mar. El año pasado se declararon desembarques en todos los puertos por 233 mil toneladas del efectivo sur de merluza, la que se captura al sur del paralelo 41º. De dicho total, 161 mil toneladas, un 70%, se recibieron en Mar del Plata.
Una década atrás los números pueden sorprender. De un total de 240 mil toneladas, Mar del Plata recibió 156 mil en el 2005. ¿Cómo es que nadie se quejaba por la falta de trabajo?. La subdeclaración, pescar mucho más de lo que se declaraba en los partes de pesca, explican el fenómeno.
La estadística oficial es tan impecablemente entreverada que no se puede saber cuánta merluza descargó la flota arrastrera que opera desde Mar del Plata. Los desembarques están segmentados por especie, por puerto o por flota, pero no relaciona todos los elementos. Una manera de mostrar y ocultar a la vez.
En ese 2005, sin la concentración de barcos arrastreros que operan actualmente en el puerto local, dicha flota aportó 86 mil toneladas de merluza del stock sur y los fresqueros –tampoco podemos distinguir cuántos corresponden a barcos locales- 177 mil toneladas.
El año pasado, de las 233 mil toneladas, los fresqueros descargaron apenas 115 mil toneladas. Y los congeladores, 94 mil. La evolución de los que suben y los que bajan es tan tangible como los miles de obreros que aguardan en tierra por el pescado fresco.
Algunos analistas advierten que no falta trabajo en tierra por el aumento de la flota congeladora, sino que escasea justamente por la falta de rentabilidad de la flota fresquera y todo el proceso de filetear en tierra. Y el armador que puede elegir, opera con las unidades productivas más rentables. Y si encima los dejan transferir cuota de merluza de los fresqueros para los congeladores, violando la Ley de Pesca, han cantado bingo en el puerto. Un bingo triste.
La crisis de rentabilidad que afecta a los fresqueros generó el año pasado que antes de perder el cupo, los armadores decidieran devolverlo a la autoridad de aplicación. Se entregaron más de 32 mil toneladas. De los 37 barcos que rechazaron pescar, 17 fueron marplatenses. La mitad de la devolución fue reasignada a la flota congeladora.
Mientras no haya incentivos, como la baja arancelaria para el pescado procesado en tierra, los grandes beneficiarios seguirán siendo para un grupo concentrado de empresas. Las de siempre.
El Grupo Moscuzza encabeza el ranking de las empresas que más exportaron merluza en el 2014, a partir de datos de la Dirección de Economía Pesquera sobre información de Aduana. La información oficial es acotada: no da volúmenes ni generación de divisas.
Moscuzza tiene una capacidad para producir 2300 toneladas de producto elaborado congelado por marea. Sus fábricas flotantes son el “Itxas Lur”, “Stella Maris”, “María Liliana”, “María Eugenia” y “Don Pedro”.
En el tercer lugar del podio aparece otro apellido conocido: Solimeno. Este grupo, en manos de los hermanos Luis y Antonio, poseen la flota factoría más importante: “Luca Mario”, “Navegantes”, “Ponte de Rande”, “Paku”, “Borrasca”, “Navegantes II” y “Arrufo”. Algunos le dan respiro a la merluza y pescan langostino en aguas nacionales.
Estos barcos están equipados con fileteadoras automáticas, que no tienen la precisión de un filetero experimentado, pero como sobra volumen, hacen un buen trabajo. Además de generar filet, también producen empanados a bordo: bastones, medallones y filet crocantes de merluza. Del barco, a la góndola del supermercado europeo.
Fuera del podio se quedó Alberto Valastro. Su flota de arrastreros se compone del “Ceres”, “Géminis” y “Ventarrón”. Estos barcos, como los de Moscuzza, estuvieron en el ojo de la tormenta hace poco.
El medio especializado Revista Puerto divulgó semanas atrás, a partir de fotografías de los propios operarios, que hacían trampa para pescar mucho más de lo permitido. Colocaban filet de merluza en un rollo redondo y lo hacían pasar como un “chorizo”. En la jerga, una pieza de poco valor comercial, relleno con recortes y descartes, al que no se le aplica coeficiente de conversión y no se contabiliza como tonelada capturada. La voracidad expuesta en primer plano, pero que todavía no ha tenido sanción alguna.
La época de bonanza tras la salida de la convertibilidad, hace más de una década atrás, generó que Mar del Plata concentrara las cuotas individuales transferibles de captura de merluza a partir de la adquisición de barcos que llegaron desde la Patagonia.
Los hermanos Baldino, dueños de una flota fresquera de proporciones, se reconvirtieron al comprar y vaciar la pesquera Alpesca en Madryn. Transfirieron los permisos de pesca del “Cabo San Juan” y “Cabo Buen tiempo”. También se quedaron con el “Harengus”, la joya de la empresa homónima, otro estandarte de las ruinas en que se transformó la pesca patagónica, ligada a la merluza. Hoy operan con los congeladores “Beagle I” y “Coalsa I”.
También tienen barcos congeladores la empresa Mattera, el “Fonseca”, Polo Sur, el “Pioneros”, y Francisco Saverio Romano, el “Gustavo R”, un empresario al que le fue muy bien como autoridad pesquera años atrás.
Mencionamos en la columna de la semana pasada la necesidad de agregarle valor a la merluza hubbsi. De las 114 mil toneladas exportadas de carnes de merluza el año pasado, más de 80 mil toneladas corresponde a filetes congelados. Comoditys que podrían generar más divisas si se le suma horas de reproceso. Pero para eso se necesitan políticas afines.
César Lerena, consultor Senior en Alimentación, Pesca y Recursos Naturales, asegura que el modelo de congelar a bordo no genera valor. Y saca cuentas… “Un barco congelador captura 2700 toneladas de pescado por marea, para procesar mil toneladas de filet”.
El especialista toma como parámetro que los congeladores hacen 6 mareas por año. Muchos aseguran que el año pasado hicieron algunas más. Esas 6 mareas representan una captura total de 16,2 millones de kilos de pescado entero por año por barco.
Cada cajón contiene 34 kilos de merluza (algunos vienen con casi 40); es decir que para envasar lo que pesca un congelador en un año se necesitan unos 476.471 cajones. “Un operario filetea unos 9 cajones de promedio (algunos muchos más). Si trabajara 24 días al mes, filetearía unos 2592 cajones al año. Y se necesitarían 184 fileteros para procesar los 476 mil cajones.
“Hay que sumarle unos 80 operarios más entre envasadores, calibradores, camaristas y peones. Llegamos a 264 trabajadores en lugar de los 40 que realizan tareas en las plantas procesadoras de un buque congelador”, subraya Lerena.
Si es tan notorio el impacto negativo que genera el aumento de la operatoria con barcos congeladores los lectores se preguntarán a esta altura por qué no asoman decisiones políticas que desalienten esta tendencia.
La provincia de Buenos Aires tiene a Horacio Tettamanti, Oscar Fortunato y al exdiputado Rodolfo Iriart, como sus representantes en el Consejo Federal Pesquero. El organismo tiene, entre otras misiones, establecer políticas y desarrollos de la pesquera nacional, así como establecer capturas máximas y aprobar nuevos permisos de pesca.
Marineros, estibadores, transportistas, fileteros, peones de harineras abrigan pocas esperanzas de que cambien las reglas de juego y los representantes bonaerenses prioricen el trabajo de los barcos fresqueros y la generación de empleo en tierra.
Tettamanti, como empresario naval, se encarga de reparar los buques congeladores en su dique flotante, amarrado en el muelle 7. Oscar Fortunato es, también, presidente del Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (Cepa), una cámara empresaria integrada justamente por Moscuzza, Solimeno y Valastro.
Para llegar a esos lugares, a Tettamanti, Fortunato y a “Manino” Iriart los nombró el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, con el visto bueno del Intendente Municipal.
Feliz Día del Trabajador
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