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Las paradojas del empacho de langostino

Las paradojas del empacho de langostino

Roberto Garrone

El marisco se consolida como la estrella del caladero. Su precio internacional baja pero sigue siendo más rentable que pescar merluza. El impacto en la fuerza laboral marplatense.

El langostino patagónico es un marisco de la familia de los crustáceos invertebrados. Parecen tener es una gran capacidad para reproducirse. Hace una década, se calificaba como buena una temporada donde contabilizaban 20 mil toneladas de desembarco anual.

El año pasado se desembarcaron 130 mil, toda una marca histórica. Su venta al exterior impulsó los números de la pesca hacia arriba en un contexto general de gris a oscuro. Su talón de Aquiles es que no genera mucho trabajo en tierra

Casi la mitad de las divisas generadas –más de 1500 millones de dólares- correspondieron a la comercialización del crustáceo. El año pasado se exportaron 106 mil toneladas, un 20% más que en el 2013 y su valor promedio fue de 7 mil dólares la tonelada.

Si no fuera por la revolución naranja del langostino –más genuina que la del motonauta, hija de una pauta oficial obscena- la pesca nacional que exporta el 95% de lo que produce, y todavía se mantiene en pie, hoy habría estallado en varias partes, dinamitada por la suba de los costos de producción y el atraso cambiario.

Todos los balances en rojo que arroja la comercialización de otras especies, como merluza y calamar, se maquillan con langostino, que de paso, es capaz de incluir a todos los estratos de flota. 

Lo pescan los barcos artesanales y costeros en las costas de Rawson desde principios de año, también los fresqueros de altura y los tangoneros, barcos que lo tienen como especie objetivo y lo congelan a bordo, cuando el recurso migra hacia la jurisdicción de aguas nacionales.

Pero el langostino también tiene un lado B. El marisco ha comenzado a encender las primeras luces de alarma. La sobre abundancia que tuvo el año pasado, sumado a la recuperación de la producción de langostino de cultivo en países asiáticos como India, Indonesia y Vietnam, generó en el épilogo del 2014 una pronunciada caída en el precio. 

Argentina vende principalmente langostino entero, cola; pelado y desvenado. España, Japón, China, Francia y Estados Unidos son sus principales compradores. Al producto más grande comercialmente se lo conoce como L1. Aumenta el número mientras se achica en tamaño, hasta el L5. El kilo de L1 llegó a cotizar más de 14 dólares en la época de oro, cuando había menos recurso, pero más demanda. 

El mes pasado se realizó en Bruselas, Bélgica, una nueva edición de Seafood, la feria más importante del sector en Europa. Argentina tuvo un stand con 24 empresas participantes, donde todas ofrecieron langostino y se encontraron con que los precios no se habían recuperado.

El mercado del viejo continente afronta una crisis por la devaluación del Euro. Para los empresarios el langostino baja, pero para el consumidor, cada vez es más caro.  Así y todo, las ventas aumentan. Mientras que en el año 2012 se registró el envío de 135.824 toneladas de productos pesqueros, por un monto superior a los 593 millones de dólares, en 2013 las exportaciones treparon a las 150.409 toneladas por más de 630 millones de dólares. El 2014 se enviaron 156.792 toneladas por casi 690 millones. Detrás de ese crecimiento está la figura del crustáceo.

“Comparado al año pasado el L-1 congelado a bordo bajó un 15%”, contó Federico Angeleri, de Pesquera Veráz, que participó en la feria de Bruselas. En los productos de menor calidad, la merma es mayor. 

El Informe de Coyuntura que emite la Subsecretaría de Pesca y que marca la evolución de capturas y exportaciones de las distintas especies, revela que en el primer bimestre del año, las 15 mil toneladas (un 35% más que en el primer bimestre del 2014) que ya se llevan exportadas tuvieron un precio promedio de 6430 dólares, apenas un 2,3% menos que para el mismo período del año pasado.

Daniel Bertuche es el referente del Inidep para el langostino. Biólogo, jefe del Programa Crustáceos del Inidep, dictó las recomendaciones para sacarle mayor provecho a una especie de ciclo anual: delimitar las zonas de pesca en función de su desplazamiento. Y pescarlo solo cuando tiene mayor valor comercial. 

En recientes declaraciones a Revista Puerto, el investigador planteó que la extraordinaria abundancia del langostino en el Mar Argentino, como de otros invertebrados, es la consecuencia de un cambio que se ha producido en el ecosistema.

“El langostino dejó de fluctuar. Comenzó a aumentar su abundancia hasta explotar el año pasado. Esto no es manejo, esto es otra cosa, hasta tal punto que el año pasado fueron 226 los barcos que declararon capturas de langostino, de los cuales 49 tenían a la merluza como objetivo hasta 2013; nunca visto”, dijo Bertuche. 

Con las cámaras frigoríficas llenas de langostino, al igual que la de los clientes en Europa, con precios más bajos y una zafra que se anticipa igual de extraordinaria que la del año pasado, nadie apuesta a que los precios se mantengan.

“Siempre es más fácil abrir mercados con un producto que vale 6 dólares y no con uno que vale 15”, subraya Angeleri que ve a esta sobre abundancia y retracción de precios una oportunidad para golpear nuevas puertas. Pesquera Veraz aporta el 50% del langostino argentino que se consume en Estados Unidos

Aún con precios bajos, salir a pescar langostino es una alternativa más redituable que perseguir merluza al sur de la veda o intentar encontrar concentraciones de magrú (caballa) y anchoíta

Los cambios que evidencia el langostino involucran incluso un aumento en el área de pesca. Históricamente se lo pescó frente a Chubut y Santa Cruz, muy lejos de Mar del Plata. Hoy los tangoneros congeladores están pescando el marisco a la altura de Viedma, con casi 20 mil kilos por día de pesca. El año pasado, el 16% de los desembarques de langostino correspondieron a buques marplatenses. En este 2015 la porción de la torta será más grande.

Y ahí se activa otra luz roja. Tras la fiebre del langostino serán muchos más barcos los que no aportarán materia prima fresca para aceitar la cadena productiva en tierra en la industria pesquera local, dependiente del pescado fresco.

El que viene será un tiempo en que se deberán activar mecanismos capaces de readecuarse a este nuevo mensaje que emite el caladero. Acá no hay incentivos para quien genera horas de trabajo; aunque en menor porcentaje, también pagan derechos de exportación.

Si bien hay empresas que apuestan por sumarle valor, como pasa con otros recursos donde impera el comoditie, también acá se vende langostino en bloque a países como Tailandia, Vietnam y hasta a Perú. En esos destinos se lo reprocesa e ingresa a competir en un mercado global, con mayores beneficios de los que apuestan acá.

Si todavía la industria pesquera marplatense ha sido incapaz de reformular un convenio colectivo de trabajo que data de 1975, tal vez ahora deban acomodarse a lo que dicte el langostino. Y su abundancia.

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Las paradojas del empacho de langostino

El marisco se consolida como la estrella del caladero. Su precio internacional baja pero sigue siendo más rentable que pescar merluza. El impacto en la fuerza laboral marplatense.

El langostino patagónico es un marisco de la familia de los crustáceos invertebrados. Parecen tener es una gran capacidad para reproducirse. Hace una década, se calificaba como buena una temporada donde contabilizaban 20 mil toneladas de desembarco anual.

El año pasado se desembarcaron 130 mil, toda una marca histórica. Su venta al exterior impulsó los números de la pesca hacia arriba en un contexto general de gris a oscuro. Su talón de Aquiles es que no genera mucho trabajo en tierra

Casi la mitad de las divisas generadas –más de 1500 millones de dólares- correspondieron a la comercialización del crustáceo. El año pasado se exportaron 106 mil toneladas, un 20% más que en el 2013 y su valor promedio fue de 7 mil dólares la tonelada.

Si no fuera por la revolución naranja del langostino –más genuina que la del motonauta, hija de una pauta oficial obscena- la pesca nacional que exporta el 95% de lo que produce, y todavía se mantiene en pie, hoy habría estallado en varias partes, dinamitada por la suba de los costos de producción y el atraso cambiario.

Todos los balances en rojo que arroja la comercialización de otras especies, como merluza y calamar, se maquillan con langostino, que de paso, es capaz de incluir a todos los estratos de flota. 

Lo pescan los barcos artesanales y costeros en las costas de Rawson desde principios de año, también los fresqueros de altura y los tangoneros, barcos que lo tienen como especie objetivo y lo congelan a bordo, cuando el recurso migra hacia la jurisdicción de aguas nacionales.

Pero el langostino también tiene un lado B. El marisco ha comenzado a encender las primeras luces de alarma. La sobre abundancia que tuvo el año pasado, sumado a la recuperación de la producción de langostino de cultivo en países asiáticos como India, Indonesia y Vietnam, generó en el épilogo del 2014 una pronunciada caída en el precio. 

Argentina vende principalmente langostino entero, cola; pelado y desvenado. España, Japón, China, Francia y Estados Unidos son sus principales compradores. Al producto más grande comercialmente se lo conoce como L1. Aumenta el número mientras se achica en tamaño, hasta el L5. El kilo de L1 llegó a cotizar más de 14 dólares en la época de oro, cuando había menos recurso, pero más demanda. 

El mes pasado se realizó en Bruselas, Bélgica, una nueva edición de Seafood, la feria más importante del sector en Europa. Argentina tuvo un stand con 24 empresas participantes, donde todas ofrecieron langostino y se encontraron con que los precios no se habían recuperado.

El mercado del viejo continente afronta una crisis por la devaluación del Euro. Para los empresarios el langostino baja, pero para el consumidor, cada vez es más caro.  Así y todo, las ventas aumentan. Mientras que en el año 2012 se registró el envío de 135.824 toneladas de productos pesqueros, por un monto superior a los 593 millones de dólares, en 2013 las exportaciones treparon a las 150.409 toneladas por más de 630 millones de dólares. El 2014 se enviaron 156.792 toneladas por casi 690 millones. Detrás de ese crecimiento está la figura del crustáceo.

“Comparado al año pasado el L-1 congelado a bordo bajó un 15%”, contó Federico Angeleri, de Pesquera Veráz, que participó en la feria de Bruselas. En los productos de menor calidad, la merma es mayor. 

El Informe de Coyuntura que emite la Subsecretaría de Pesca y que marca la evolución de capturas y exportaciones de las distintas especies, revela que en el primer bimestre del año, las 15 mil toneladas (un 35% más que en el primer bimestre del 2014) que ya se llevan exportadas tuvieron un precio promedio de 6430 dólares, apenas un 2,3% menos que para el mismo período del año pasado.

Daniel Bertuche es el referente del Inidep para el langostino. Biólogo, jefe del Programa Crustáceos del Inidep, dictó las recomendaciones para sacarle mayor provecho a una especie de ciclo anual: delimitar las zonas de pesca en función de su desplazamiento. Y pescarlo solo cuando tiene mayor valor comercial. 

En recientes declaraciones a Revista Puerto, el investigador planteó que la extraordinaria abundancia del langostino en el Mar Argentino, como de otros invertebrados, es la consecuencia de un cambio que se ha producido en el ecosistema.

“El langostino dejó de fluctuar. Comenzó a aumentar su abundancia hasta explotar el año pasado. Esto no es manejo, esto es otra cosa, hasta tal punto que el año pasado fueron 226 los barcos que declararon capturas de langostino, de los cuales 49 tenían a la merluza como objetivo hasta 2013; nunca visto”, dijo Bertuche. 

Con las cámaras frigoríficas llenas de langostino, al igual que la de los clientes en Europa, con precios más bajos y una zafra que se anticipa igual de extraordinaria que la del año pasado, nadie apuesta a que los precios se mantengan.

“Siempre es más fácil abrir mercados con un producto que vale 6 dólares y no con uno que vale 15”, subraya Angeleri que ve a esta sobre abundancia y retracción de precios una oportunidad para golpear nuevas puertas. Pesquera Veraz aporta el 50% del langostino argentino que se consume en Estados Unidos

Aún con precios bajos, salir a pescar langostino es una alternativa más redituable que perseguir merluza al sur de la veda o intentar encontrar concentraciones de magrú (caballa) y anchoíta

Los cambios que evidencia el langostino involucran incluso un aumento en el área de pesca. Históricamente se lo pescó frente a Chubut y Santa Cruz, muy lejos de Mar del Plata. Hoy los tangoneros congeladores están pescando el marisco a la altura de Viedma, con casi 20 mil kilos por día de pesca. El año pasado, el 16% de los desembarques de langostino correspondieron a buques marplatenses. En este 2015 la porción de la torta será más grande.

Y ahí se activa otra luz roja. Tras la fiebre del langostino serán muchos más barcos los que no aportarán materia prima fresca para aceitar la cadena productiva en tierra en la industria pesquera local, dependiente del pescado fresco.

El que viene será un tiempo en que se deberán activar mecanismos capaces de readecuarse a este nuevo mensaje que emite el caladero. Acá no hay incentivos para quien genera horas de trabajo; aunque en menor porcentaje, también pagan derechos de exportación.

Si bien hay empresas que apuestan por sumarle valor, como pasa con otros recursos donde impera el comoditie, también acá se vende langostino en bloque a países como Tailandia, Vietnam y hasta a Perú. En esos destinos se lo reprocesa e ingresa a competir en un mercado global, con mayores beneficios de los que apuestan acá.

Si todavía la industria pesquera marplatense ha sido incapaz de reformular un convenio colectivo de trabajo que data de 1975, tal vez ahora deban acomodarse a lo que dicte el langostino. Y su abundancia.

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