¿Se dobla o se rompe?

Por Mariano Suárez

La historia es así:

Cambiemos llegó al poder en Mar del Plata en 2015, con un candidato casi marginal que logró derrotar a la principal exponente de la Unión Cívica Radical en las Paso y luego arrasó en las elecciones generales ante Gustavo Pulti.

Carlos Arroyo, un candidato con un votante cautivo potenciado por un hartazgo del oficialismo, se convirtió en intendente de General Pueyrredon, la segunda ciudad con mayor cantidad de votantes en la provincia de Buenos Aires. Con Emiliano Giri como artífice de la campaña, el flamante jefe comunal llegó al poder y se apoyó, en buena medida, en la experiencia en gestión de la Unión Cívica Radical para conformar su gabinete. Además, más por falencias propias que por elección, también depositó en el partido centenario la defensa en el cuerpo legislativo de los temas clave.

Hoy, casi tres años después, Arroyo y la UCR protagonizan duelos cada vez más salvajes. Esta semana, por caso, el secretario de Hacienda Hernán Mourelle volvió a acusar a los concejales de la UCR, particularmente a Vilma Baragiola y Cristina Coria, de defender intereses de grupos económicos concentrados de Mar del Plata. Pero esta vez sumó dos componentes. Uno fue que dijo que Coria era la “Chirolita” de Baragiola. Y dos, en la catarata de dardos, acusó a las gestiones de Elio Aprile y Daniel Katz de haber gestionado en contra de los marplatenses.

“Esto ya superó un límite, porque está cuestionando a la UCR en su conjunto”, dijo un radical que analizó el conflicto entre el arroyismo y su partido.

Tal es así, que el secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, tocado por la acusación del secretario de Hacienda (formó parte de la gestión Katz) le puso a Arroyo la renuncia arriba de la mesa. Vicente atraviesa una encrucijada desde hace tiempo: él se reconoce radical, pero todo el arco político lo identifica como arroyista. Hoy está en fuego cruzado.

Mourelle, por cierto, nunca ocultó su desprecio por los radicales.  Desde sus primeras horas en Mar del Plata, en varias reuniones privadas (y no tanto) con dirigentes y periodistas repetía que uno de los principales problemas que tenía la gestión era que los radicales ponían palos en la rueda.

Sin embargo, a esta altura ya nadie duda de que el polémico secretario de Hacienda no habla solo en su nombre. “Está claro que va a ser el brazo armado de Arroyo”, razonó un hombre cercano a una de las concejales atacadas en las últimas horas. Otro opinó que son dos dirigentes con escaso freno inhibitorio.

Arroyo siempre tuvo cortocircuitos con el radicalismo, pero siempre evitó reconocerlo públicamente. Con el desembarco de Mourelle en el gabinete encontró el modo de decir mucho de lo que piensa sin exponerse. Pero la estrategia ya no surte efecto: “Si no estuviera de acuerdo lo hubiese desautorizado o lo manda a callar. Obviamente está detrás”, opinaron operadores de la UCR.

Desde el entorno del jefe comunal admiten que desde hace tiempo están disgustados con ciertos manejos del radicalismo, especialmente en el ámbito legislativo.  Es que allí es donde más se notan las desavenencias. Sin embargo, aclaran que Arroyo fue muy generoso con el radicalismo a la hora de repartir cargos.

Coria y Vilma todavía tienen funcionarios en el Ejecutivo. Si estuvieran tan enojadas ya le hubiesen pedido que se fueran”. La frase, con matices, la repitieron un radical que no forma parte de ese sector y un arroyista.

Las concejales, por el momento, no planean retirar sus hombres de la gestión, pero sí analizan iniciar acciones judiciales contra Mourelle.

¿Qué opina la Provincia? Por su peso electoral, el gobierno de María Eugenia Vidal siempre siguió atentamente la realidad de Mar del Plata. De hecho, envió distintos funcionarios de su entorno para que “controlen” el municipio. Uno de ellos fue el propio Mourelle, que llegó por recomendación (imposición) del ministro de Economía bonaerense Hernán Lacunza.

“Hace rato que ni siquiera hablamos con él. Ya ni siquiera te digo un intento de controlarlo: no le pedimos ni que nos muestre los números”, reconocieron días atrás funcionarios del gobierno de Vidal. Más allá de esa relación quebrada entre Mourelle y el gobierno provincial, en varios momentos el gobierno provincial intervino de manera directa. Por caso, cuando el municipio quiso quitarle la exención de tasas a los teatros de Mar del Plata fue la propia Vidal quien desautorizó esa medida y confirmó que no se aplicaría.

“Hoy con todos los problemas que hay a nivel nacional y provincial el tema de Mar del Plata es secundario”, dijo un dirigente radical. Un vidalista apuntaló esa idea: “La provincia lo único que quiere es que Mar del Plata no estalle. Estas peleas no son centrales”.

Las diferencias están claras y son cada vez más marcadas. Resta saber quién romperá primero con quién.

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¿Se dobla o se rompe?

Baragiola y Arroyo transitan el peor momento de su relación. Foto: 0223. 

La historia es así:

Cambiemos llegó al poder en Mar del Plata en 2015, con un candidato casi marginal que logró derrotar a la principal exponente de la Unión Cívica Radical en las Paso y luego arrasó en las elecciones generales ante Gustavo Pulti.

Carlos Arroyo, un candidato con un votante cautivo potenciado por un hartazgo del oficialismo, se convirtió en intendente de General Pueyrredon, la segunda ciudad con mayor cantidad de votantes en la provincia de Buenos Aires. Con Emiliano Giri como artífice de la campaña, el flamante jefe comunal llegó al poder y se apoyó, en buena medida, en la experiencia en gestión de la Unión Cívica Radical para conformar su gabinete. Además, más por falencias propias que por elección, también depositó en el partido centenario la defensa en el cuerpo legislativo de los temas clave.

Hoy, casi tres años después, Arroyo y la UCR protagonizan duelos cada vez más salvajes. Esta semana, por caso, el secretario de Hacienda Hernán Mourelle volvió a acusar a los concejales de la UCR, particularmente a Vilma Baragiola y Cristina Coria, de defender intereses de grupos económicos concentrados de Mar del Plata. Pero esta vez sumó dos componentes. Uno fue que dijo que Coria era la “Chirolita” de Baragiola. Y dos, en la catarata de dardos, acusó a las gestiones de Elio Aprile y Daniel Katz de haber gestionado en contra de los marplatenses.

“Esto ya superó un límite, porque está cuestionando a la UCR en su conjunto”, dijo un radical que analizó el conflicto entre el arroyismo y su partido.

Tal es así, que el secretario de Gobierno, Alejandro Vicente, tocado por la acusación del secretario de Hacienda (formó parte de la gestión Katz) le puso a Arroyo la renuncia arriba de la mesa. Vicente atraviesa una encrucijada desde hace tiempo: él se reconoce radical, pero todo el arco político lo identifica como arroyista. Hoy está en fuego cruzado.

Mourelle, por cierto, nunca ocultó su desprecio por los radicales.  Desde sus primeras horas en Mar del Plata, en varias reuniones privadas (y no tanto) con dirigentes y periodistas repetía que uno de los principales problemas que tenía la gestión era que los radicales ponían palos en la rueda.

Sin embargo, a esta altura ya nadie duda de que el polémico secretario de Hacienda no habla solo en su nombre. “Está claro que va a ser el brazo armado de Arroyo”, razonó un hombre cercano a una de las concejales atacadas en las últimas horas. Otro opinó que son dos dirigentes con escaso freno inhibitorio.

Arroyo siempre tuvo cortocircuitos con el radicalismo, pero siempre evitó reconocerlo públicamente. Con el desembarco de Mourelle en el gabinete encontró el modo de decir mucho de lo que piensa sin exponerse. Pero la estrategia ya no surte efecto: “Si no estuviera de acuerdo lo hubiese desautorizado o lo manda a callar. Obviamente está detrás”, opinaron operadores de la UCR.

Desde el entorno del jefe comunal admiten que desde hace tiempo están disgustados con ciertos manejos del radicalismo, especialmente en el ámbito legislativo.  Es que allí es donde más se notan las desavenencias. Sin embargo, aclaran que Arroyo fue muy generoso con el radicalismo a la hora de repartir cargos.

Coria y Vilma todavía tienen funcionarios en el Ejecutivo. Si estuvieran tan enojadas ya le hubiesen pedido que se fueran”. La frase, con matices, la repitieron un radical que no forma parte de ese sector y un arroyista.

Las concejales, por el momento, no planean retirar sus hombres de la gestión, pero sí analizan iniciar acciones judiciales contra Mourelle.

¿Qué opina la Provincia? Por su peso electoral, el gobierno de María Eugenia Vidal siempre siguió atentamente la realidad de Mar del Plata. De hecho, envió distintos funcionarios de su entorno para que “controlen” el municipio. Uno de ellos fue el propio Mourelle, que llegó por recomendación (imposición) del ministro de Economía bonaerense Hernán Lacunza.

“Hace rato que ni siquiera hablamos con él. Ya ni siquiera te digo un intento de controlarlo: no le pedimos ni que nos muestre los números”, reconocieron días atrás funcionarios del gobierno de Vidal. Más allá de esa relación quebrada entre Mourelle y el gobierno provincial, en varios momentos el gobierno provincial intervino de manera directa. Por caso, cuando el municipio quiso quitarle la exención de tasas a los teatros de Mar del Plata fue la propia Vidal quien desautorizó esa medida y confirmó que no se aplicaría.

“Hoy con todos los problemas que hay a nivel nacional y provincial el tema de Mar del Plata es secundario”, dijo un dirigente radical. Un vidalista apuntaló esa idea: “La provincia lo único que quiere es que Mar del Plata no estalle. Estas peleas no son centrales”.

Las diferencias están claras y son cada vez más marcadas. Resta saber quién romperá primero con quién.

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