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Judiciales

15 de Octubre de 2019 20:21

Las claves de la condena a 10 años al militar que arrastró y mató a Nahuel Barragán

Maurette escuchó la parte dispositiva de la sentencia. (Foto: 0223).

Plena capacidad de internalizar normas, el aumento de la velocidad tras el impacto y una conducta indiferente como ejes en el fallo del Tribunal Oral en lo Criminal 1.

“Un fallo ejemplar” fue el primer análisis que el fiscal Rodolfo Moure y el abogado Maximiliano Orsini hicieron apenas conocida la pena a diez años de prisión a Yonathan Maurette como autor de homicidio simple con dolo eventual en concurso ideal con lesiones leves. En las 31 páginas de la sentencia que por unanimidad dio este martes el Tribunal Oral en lo Criminal 1, los jueces establecieron los puntos centrales que tuvieron en cuenta para tomar tal decisión.

Por unanimidad coincidieron en que el militar tuvo –a partir de su aptitud psicológica- plena capacidad y posibilidad cierta de internalizar normas por lo que más allá del consumo de marihuana “tuvo suficiente capacidad psico-fisica para la conducción del automotor, aun bajo una disminución en sus reflejos”. Para los jueces “estaba plenamente consciente de que estaba manejando un automotor y transitando por una zona hóstil o peligrosa”, como él la definió.  

A partir del desarrollo del debate, con las declaraciones de los dos testigos presenciales y de los peritos, además del análisis de fotografías y videos establecieron que estaba al tanto de las condiciones de transitabilidad existentes al momento del impacto. Uno de los puntos centrales de las pericias analizadas demostró que Maurette aumentó inmediatamente la velocidad –pasó de 59,07 a 70,92 kilómetros por hora- tras arrollar la motocicleta, a Mauricio Gómez y a Nahuel Barragán.

Más allá de que el imputado declaró que no pudo ver la existencia de las personas sobre la avenida o los vehículos, consideraron tras ver las imágenes que eso era imposible. En tal sentido tuvieron en cuenta que diez segundos antes otro vehículo pasó prudentemente y evitó la colisión.

Maximiliano Orsini y Rodolfo Moure. (Foto: 0223).

En su declaración el militar sostuvo que sintió un ruido muy fuerte que impactó en el parabrisas, confundiendo el golpe del cuerpo de Gómez con una piedra, que sintió miedo y pensando que le querían robar, continuó con la marcha acelerando, sin advertir ni darse cuenta tampoco del arrollamiento de Barragán y de haberlo enganchado con su automotor y arrastrado hasta su casa. Para uno de los jueces esto “es absolutamente inverosímil y falaz y tengo mis serias dudas sí su versión no lo ubica más cerca del dolo directo que de un delito culposo”. “Jamás pudo Maurette confundir el arrollamiento del cuerpo de Gómez con una piedra, máxime cuando el cuerpo de este se encontraba parado, impactando en el capot y luego en el parabrisas haciéndolo estallar”, agregó.

“Pretender hacernos creer que confundió semejante impacto con una piedra es subestimar nuestro intelecto o razonamiento. Ello porque jamás puede asimilarse el golpe de una piedra al golpe de un cuerpo humano, resultando el producido por este último absolutamente superior en su intensidad al que pueda provocar una piedra, por mas grande que sea. Y si tenemos en cuenta que Maurette nos referenció que estaba conduciendo consciente y con su limpia parabrisas en funcionamiento, jamás pudo pasarle desapercibido el volumen o bulto que impactó y confundirlo con una piedra, por más rápido que ello haya ocurrido”, sostuvieron.

En la sentencia completa a la que tuvo acceso 0223, recordaron que el imputado dijo que jamás se dio cuenta de que había atropellado a esa persona y mucho menos que la misma se había enganchado en su coche. También dijo que en el andar hacia su casa, notó algo raro, una sensación o desperfecto en una de sus ruedas, pero como supo tener problemas en el tren delantero anteriormente pensó que podía ser eso y prefirió irse a dormir y revisar bien el auto al día siguiente. “Ese fue precisamente el indicador reconocido por el propio imputado, que imponía bajarse del automotor y verificar –una vez fuera de la zona hostil y de fuego como él mismo la caracterizó-que es lo que había pasado en su rueda. Pero no, nuevamente en una absoluta indiferencia y desconsideración, continuó conduciendo hasta llegar al diente o elevación del pavimento (ubicado a ciento cincuenta metros del lugar del arrollamiento) pudiendo haberlo evitado y quizás salvar la vida de Barragán”, concluyeron.

Para el Tribunal “la indiferencia por el prójimo verificada es cristalina y supera con holgura inexistentes distracciones”. “Las decisiones previas­ e -incuestionables- que Maurette decidió asumir fueron conscientemente decisorias que devinieron en resultados fatídicamente fúnebres, y la representación del peligro y resultado que ocasionó esa conducta individual desplegada por el autor reconoce su antecedente concreto o génesis en la indiferencia previa asumida respecto a las normas y al prójimo”, sostuvieron.

Antes de dictar veredicto condenatorio, Pablo Viñas, Facundo Gómez Urso y Ricardo Perdichizzi señalaron que el imputado “no fue un incauto y/o cándido automovilista y/o negligente, quien, por haber inadvertidamente violado un deber de cuidado, haya casualmente encontrado –con sorpresa para él- un desenlace luctuoso, sino muy por el contrario”.

“Maurette tuvo una representación de una probabilidad concreta y no remota (como la verificada en el caso Sasso, Federico, causa n° 4965, registro de este Tribunal) de un resultado antinormativo y no obstante no le importó, de desinteresó y continuó con su conducción llevándose por delante dos seres humanos con indiferencia suprema”, indicaron para calificar a los hechos como constitutivos del delito de homicidio simple con dolo eventual en perjuicio de Paulo Nahuel Barragán en concurso ideal con lesiones leves en perjuicio de Mauricio Ezequiel Gómez.

Eximentes, atenuantes y agravantes

El Tribunal descartó cuestiones eximentes de la responsabilidad penal y valoraron como atenuantes la falta de sentencia condenatoria, el buen concepto  y el grado de arrepentimiento y el pedido de perdón a los familiares de ambas víctimas, el cual fue expresado en intensa congoja en varias oportunidades, impresionando veraz y sincero.

En cuanto a los agravantes pedidos por la fiscalía y el particular damnificado, valoraron “la extensión del daño causado (la víctima fallecida era una persona joven que transitaba su adolescencia con muchos proyectos futuros frustrados) y las secuelas psicológicas hacia su madre, traducido en el hecho de ser su único hijo, su único compañero de convivencia, ausencia que le ha significado estar bajo tratamiento psiquiátrico y medicada para continuar transitando la vida”.

Tal como se informó oportunamente, también inhabilitaron a Maurette por diez años para la conducción de automotores y ordenaron –una vez que la sentencia quede firme- el decomiso del Peugeot 206, dominio EXQ 120 con el que se produjo el siniestro.