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Opinión

14 de Noviembre de 2019 11:58

Bolivia

Nació en Mar del Plata, el 17 de noviembre de 1961. 56 años. Licenciado en Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata. Diputado Provincial, 1999-2003. Presidente Comisión de Turismo, Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, 1999-2001. Presidente Comisión de Asuntos Cooperativos, Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, 2001-2003. Secretario de Extensión  y Relaciones con la Comunidad, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata. 2008-2010.

El Golpe de Estado sucedido en el país hermano de Bolivia no deberían llamarnos a confusiones conceptuales. Cabría entonces la condena, como única voz. Pero no. Extremando la paciencia debemos discutir algunos argumentos de quienes niegan tal cosa. Incluyendo desgraciadamente al Gobierno argentino.

El primero es la supuesta perpetuación en el poder de Evo Morales, quizás el más utilizado. Su materia se conforma de un discurso acusatorio por la reforma de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia (2008, aprobada 2009) que incluía la posibilidad de tan sólo dos mandatos consecutivos en la presidencia. El argumento también toma como elemento central el referéndum que le niega una nueva posibilidad al Presidente Morales por tan sólo 2 puntos de diferencia (2016) y menosprecia que el Tribunal Constitucional avalara su presentación de intentar un nuevo periodo presidencial.

La respuesta a quienes sostienen lo anterior es simple: la Constitución de Bolivia otorga al Tribunal Constitucional las potestades de interpretación. Es cierto que el Estado Plurinacional de Bolivia limita a dos periodos correlativos el tiempo de presidencia (art. 168). También es cierto que sólo prevé la suspensión de los derechos políticos en tres situaciones, ninguna de ellas el haber sido presidente o presidenta (art.28). Lo fundamental es que la propia Constitución otorga mayor jerarquía al Pacto de San José de Costa Rica (1969). Y en eso se basó el fallo del Tribunal.  Es una interpretación, puede gustar o no. Pero es legítima.

Se puede objetar las acciones posteriores al referéndum de 2016, pero esas críticas son en todo caso políticas no jurídicas.  Evo Morales tuvo a manos otra vía legal: recurrir por sus derechos ante el tribunal mencionado.

Nos guste a no, cada país elige sus mecanismo políticos.  Por caso: los EE.UU tiene un sistema electoral por el cual el que pierde, gana. Hilary Clinton ganó la elección de 2016 con el 48.18, frente al  46.09 del actual Presidente Donald Trump. A nadie se le ocurrió afirmar que es una dictadura.

De allí la doble vara con que se mide a los dirigentes latinoamericanos con aquellos de otras latitudes. Un historiador, Norberto Ferreras, apunto con certeza “Cuando reeligen a Angela Merkel es una estadista, cuando reeligen a Evo es un dictador”. La comparación asoló las redes sociales estos días comprensiblemente: Merkel lleva más años en el poder que Evo Morales, con quien por otra parte llevó adelante programas millonarios de inversión europeos en Bolivia.

De hecho muchas democracias no tienes impedimentos a las reelecciones. Felipe González fue catorce años Presidente de España (1982-1996) y veintitrés años Secretario General del PSOE.

El segundo bloque de argumentos tiene que ver con el supuesto fraude en las elecciones próximas pasadas. Cuyo resultado fue el triunfo del MAS de Evo Morales por más de 10 puntos. Ante las críticas el Presidente Morales llamó al dialogo. Ofreció un nuevo llamado a elecciones y solicitó la renuncia de los tres miembros del Tribunal Electoral. Pero la “oposición” no quería nuevas elecciones, quiso hacerse del gobierno por la fuerza. O -aún no lo sabemos- que la fuerza sea el gobierno (FF.AA y Policía).

Porque la reposición de verdades es hoy acuciante, debemos ser claro: todo ese enjambre de argumentos tenía como destino un Golpe de Estado. Viejo recurso en América Latina.

Durante más de una década Bolivia cambió su aspecto social y económico de manera contundente. La desigualdad de ingresos, medida por el índice de Gini, bajó de 0,60 hasta 0,47 entre el año 2005 y el 2014, según el Banco Mundial. Una baja significativa.

Con una política económica de crecimiento  sostenida en el tiempo, fueron hacia allí inversiones de todas partes del planeta, entre las que se destacan- como dijimos- las europeas. Como dijo otro historiador local: Evo Morales construyó capitalismo allí dónde no había.

Esto permitió un manejo idóneo de la deuda externa. El Presidente de origen Aymara sustituyó deuda pública tomada con anterioridad a tasa “argentinas” (9 al 11 % en dólares), por otra cuando el mundo rebasaba de dólares y a tasas del 3 o 4 %. Una idea conservadora pero brillante. La relación entre Deuda Externa y PIB (grado de solvencia) alcanzó a 24,5%, muy por debajo de su límite de 50% (Banco Central de Bolivia). La relación entre servicios de la Deuda Externa y  Exportaciones de Bienes y Servicios llegó a 7,9%, cuando se estima conveniente no sobrepasar esa relación más de un 20%.

En 2017 cada boliviano y boliviana debían externamente la suma de 1532 euros. Argentinos y argentinas en 2018, 8492.

La capitalización de dinero, otrora destinado a intereses, permitió un crecimiento exponencial de las reservas, que a Agosto de 2019 eran de “u$s 8.316,9 millones. Representan el 19% del PIB, uno de los ratios RIN/PIB más altos de la región” (informe Banco Central de Bolivia). Estas reservas le hubiesen permitido cubrir ocho meses de importaciones. Para quienes no lo saben otra relación (ratio) estimada es considerar sólidas las reservas si alcanzan para cubrir tres meses de las importaciones. Hasta este irracional y brutal Golpe de Estado, las reservas estaban es más del doble.

Para mensurar correctamente lo hecho por Evo Morales recordemos que el Ministro argentino Hernán Lacunza calculó en 10 mil millones la reservas líquidas de la Argentina hacia Diciembre del corriente año. Argentina tiene un PBI 13 veces superior al de Bolivia, por lo que las reservas –para equiparar-  deberían rodar los 116 mil millones de dólares. ¿Nos vamos entendiendo?

El Fondo Monetario Internacional consideraba que a fines de 2019 Bolivia habría crecido alrededor de un 4%, liderando las tasas de crecimiento en América Latina.

Probablemente no haya sido la acumulación de poder, ni el supuesto fraude electoral. La Constitución de 2009 incorporo más 100 artículos con derechos sociales. Es la primer Constitución de América Latina en reconocer las identidades de todo tipo, el derecho al autoreconocimiento y la igual entre hombres y mujeres. Aunque no parece habilitar la unión matrimonial de personas del mismo género. De los derechos que sobresalen por su importancia económica encontramos la propiedad colectiva de los recursos naturales, pero especialmente la de los hidrocarburos en el artículo 139.

Para las derechas, que por ahora lideran mayoritariamente, Bolivia era un mal ejemplo.

Ahora bien, es razonable advertir que el Golpe en Bolivia produjo un verdadero clivaje en nuestras democracias. Después de la ola de dictaduras en los años 60, 70, y parte 80, las confrontaciones de intereses e ideas se habían dado en un marco razonablemente democrático. La grosera detención de Lula en Brasil, que impidió su candidatura y el golpe perpetrado en Bolivia, obedecen a una lógica de control de las mayorías populares intensamente confrontativa. Esta lógica, a nuestro pesar, tendrá consecuencias inesperadas en nuestra región.