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Sobre Julio Cortázar, a 35 años de su muerte

Sobre Julio Cortázar, a 35 años de su muerte

Por Bernabé Tolosa

Se cumplieron 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Un escritor que rompió con los paradigmas del género fantástico, pero que además dio origen al “boom” latinoamericano y al sentido de identidad de la literatura latinoamericana.

Se cumplieron 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Escritor, poeta y traductor que no solo supo romper el paradigma del cuento tradicional fantástico con su obra, sino también desafió las convenciones de la forma de una novela.

Estas fechas, generalmente, motivan varias circunstancias. Así, por ejemplo, muchos descubren al autor, otros se reconcilian con él y algunos también lo ponen como referente a imitar. Pero es sabido que lo mejor es siempre dejarlo a tiempo para poder crecer a la par de su legado.

Dicen que luego de leer Rayuela de Julio Cortázar, Luis Harss, percibió el nacimiento de la novela latinoamericana. Hasta ese instante histórico, según Harss, todas podían ser analizadas y pensadas desde la categoría de “literatura nacional”. Ahora sería distinto. Cortázar lo había cambiado todo, además de sumarse a un fenómeno y a un corpus de características similares, que era mucho más vasto que individualidades literarias, darían forma a lo que luego llamaría el propio Harss “el boom” en su libro Los nuestros.

 

Muchos, por aquel tiempo, consideraban que el “boom” estaba más relacionado con el rápido incremento de venta de libros  que con un fenómeno más abarcativo en materia de identidad. Como sea, los lectores tenían su lugar de privilegio en dicho fenómeno.

En la etapa más madura de su obra, independientemente del género en que se desempeñaba, Julio Cortázar siempre intentó, en una primera instancia, enfrentar la realidad. Muchos de sus cuentos fantásticos figuran como los más celebrados de la literatura. Pero su “fantástico” es diferente al de Borges o al de Silvina Ocampo. Su género y su estilo partían de las situaciones cotidianas que, según él mismo, ya tenían una cuota enorme de fantasía. Más o menos funcionaba así: algo irrumpía su vida y esto era algo fantástico. Una fantasía con una cuota mínima de realismo que luego era narrada en clave literaria. El “fantástico cotidiano” como lo bautizó Abelardo Castillo. Así, el elemento fantástico irrumpe en el relato realista, de una frase a otra. En un movimiento completamente sintáctico.

 

Ciento cincuenta y cinco capítulos dividen las casi 700 páginas de la edición original de Rayuela de 1963. En su primera página aparece aquel “tablero de dirección” que te anticipa que este libro es muchos libros, pero por sobre todo “dos” libros. El que seguís linealmente en tu lectura y aquel que podés ir armando vos, lector. París, Buenos Aires, La Maga, Olivera, Rocamadur, el Club de la serpiente, nombres que uno identifica rápidamente con la obra.

Rayuela es una novela que necesita de un lector activo para ganar en complejidad, lo que no implica que se pierda así, algo del lenguaje poético y de las cuestiones existenciales que nutren la historia, a lo largo de toda su lectura. Pero la forma, que parece siempre que es lo más llamativo de la novela, no lo es todo. También cuenta con un estilo muy personal, personajes muy bien trabajados y una voz narrativa sumamente interesante. Es decir, hay vida más allá del salto de capítulo en capítulo.

El lector, como ya se dijo, ocupa un lugar preponderante. Será esta una característica más de la literatura de Cortázar.  En Rayuela construye e interpreta a los personajes para cimentar la trama; da forma así a una novela donde uno necesita  identificarse con sus personajes. Si no se logra desde el inicio, se abandona rápidamente.  Ya lo estilaba de esta manera el autor cuando creó a Johnny Carter, protagonista del cuento El perseguidor (Las armas secretas). De esta forma, el personaje inspirado en Charly Parker, “delineará  personajes medianos, incluso mediocres”, dice Martín Prieto, pero “con cierta grandeza personal que genera un empatía inmediata” en toda su obra.

 

Así como Cortázar se conformó en un clásico de nuestra literatura, también se conformó rápidamente el clásico de enfrentarlo a Borges. Sostiene Alan Pauls en Trance (Ampersand – 2018), “Borges sería el colmo de la lecturas extemporáneas y Cortázar, el de la oportuna. No hay forma de llegar a Borges a tiempo, a la hora señalada, con todo lo que hay que tener; con Cortázar es al revés, lo imposible es la impuntualidad: su gran mérito es un mérito de timing: sabe siempre cuándo ser pertinente

Cortázar utilizó muy bien los juegos del lenguaje y la idea del humor para su literatura. Algunos críticos aseguran que él consideraba al humor como aquella particularidad humana que lograba trastocar la realidad. Así las cosas podían abandonar sus funciones habituales y convertirse en otras diferentes, logrando circunstancias a medio camino de un hecho real, un relato y un disparate ilógico con muchas lecturas. Casa Tomada, No se culpe a nadie, o las actitudes y las ocurrencias de los Cronopios y los Famas son claros ejemplos.

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Mucho se puede hablar y se habla sobre él. Desde su literatura y hasta su militancia. Fue y es reconocido como uno de los pilares de la literatura nacional. Así también es que muchos intentan imitarlo creyendo que sus juegos del lenguaje y la toma de circunstancias habituales como material literario es fácil de llevar a cabo. Algunos se dan cuenta a tiempo. Otros no.

Dice Beatriz Sarlo: “Sin duda, Cortázar es fácil de enseñar y habría que ver por qué. Hipótesis: la claridad formal y constructiva de Cortázar, como la de Poe o Maupassant, despierta la ilusión de que puede ser repetida”.

Cortázar poseía una visión seria de la literatura y una visión humorística del mundo. Combinación perfecta para una literatura de lo cotidiano fantástico. Y si no, podemos leer o releer cualquiera de sus obras literarias para poder acceder a ese “otro lado” que debía buscar todo poeta, como sostenía el propio autor.  

Julio Cortázar nacido en Bruselas en 1914, durante una estancia temporal de sus padres en esa ciudad, es uno de los escritores argentinos más importantes de todos los tiempos. Realizó estudios de Letras y de Magisterio, y trabajó como docente en varias ciudades del interior de Argentina. En 1951 fijó su residencia definitiva en París, desde donde desarrolló una obra literaria única dentro de la lengua castellana. Algunos de sus cuentos se encuentran entre los más perfectos del género. Rayuela conmocionó el panorama cultural de su tiempo y marcó un hito insoslayable dentro de la narrativa contemporánea. Cortázar murió en París en 1984.

 

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Sobre Julio Cortázar, a 35 años de su muerte

Se cumplieron 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Un escritor que rompió con los paradigmas del género fantástico, pero que además dio origen al “boom” latinoamericano y al sentido de identidad de la literatura latinoamericana.

Se cumplieron 35 años de la muerte de Julio Cortázar. Escritor, poeta y traductor que no solo supo romper el paradigma del cuento tradicional fantástico con su obra, sino también desafió las convenciones de la forma de una novela.

Estas fechas, generalmente, motivan varias circunstancias. Así, por ejemplo, muchos descubren al autor, otros se reconcilian con él y algunos también lo ponen como referente a imitar. Pero es sabido que lo mejor es siempre dejarlo a tiempo para poder crecer a la par de su legado.

Dicen que luego de leer Rayuela de Julio Cortázar, Luis Harss, percibió el nacimiento de la novela latinoamericana. Hasta ese instante histórico, según Harss, todas podían ser analizadas y pensadas desde la categoría de “literatura nacional”. Ahora sería distinto. Cortázar lo había cambiado todo, además de sumarse a un fenómeno y a un corpus de características similares, que era mucho más vasto que individualidades literarias, darían forma a lo que luego llamaría el propio Harss “el boom” en su libro Los nuestros.

 

Muchos, por aquel tiempo, consideraban que el “boom” estaba más relacionado con el rápido incremento de venta de libros  que con un fenómeno más abarcativo en materia de identidad. Como sea, los lectores tenían su lugar de privilegio en dicho fenómeno.

En la etapa más madura de su obra, independientemente del género en que se desempeñaba, Julio Cortázar siempre intentó, en una primera instancia, enfrentar la realidad. Muchos de sus cuentos fantásticos figuran como los más celebrados de la literatura. Pero su “fantástico” es diferente al de Borges o al de Silvina Ocampo. Su género y su estilo partían de las situaciones cotidianas que, según él mismo, ya tenían una cuota enorme de fantasía. Más o menos funcionaba así: algo irrumpía su vida y esto era algo fantástico. Una fantasía con una cuota mínima de realismo que luego era narrada en clave literaria. El “fantástico cotidiano” como lo bautizó Abelardo Castillo. Así, el elemento fantástico irrumpe en el relato realista, de una frase a otra. En un movimiento completamente sintáctico.

 

Ciento cincuenta y cinco capítulos dividen las casi 700 páginas de la edición original de Rayuela de 1963. En su primera página aparece aquel “tablero de dirección” que te anticipa que este libro es muchos libros, pero por sobre todo “dos” libros. El que seguís linealmente en tu lectura y aquel que podés ir armando vos, lector. París, Buenos Aires, La Maga, Olivera, Rocamadur, el Club de la serpiente, nombres que uno identifica rápidamente con la obra.

Rayuela es una novela que necesita de un lector activo para ganar en complejidad, lo que no implica que se pierda así, algo del lenguaje poético y de las cuestiones existenciales que nutren la historia, a lo largo de toda su lectura. Pero la forma, que parece siempre que es lo más llamativo de la novela, no lo es todo. También cuenta con un estilo muy personal, personajes muy bien trabajados y una voz narrativa sumamente interesante. Es decir, hay vida más allá del salto de capítulo en capítulo.

El lector, como ya se dijo, ocupa un lugar preponderante. Será esta una característica más de la literatura de Cortázar.  En Rayuela construye e interpreta a los personajes para cimentar la trama; da forma así a una novela donde uno necesita  identificarse con sus personajes. Si no se logra desde el inicio, se abandona rápidamente.  Ya lo estilaba de esta manera el autor cuando creó a Johnny Carter, protagonista del cuento El perseguidor (Las armas secretas). De esta forma, el personaje inspirado en Charly Parker, “delineará  personajes medianos, incluso mediocres”, dice Martín Prieto, pero “con cierta grandeza personal que genera un empatía inmediata” en toda su obra.

 

Así como Cortázar se conformó en un clásico de nuestra literatura, también se conformó rápidamente el clásico de enfrentarlo a Borges. Sostiene Alan Pauls en Trance (Ampersand – 2018), “Borges sería el colmo de la lecturas extemporáneas y Cortázar, el de la oportuna. No hay forma de llegar a Borges a tiempo, a la hora señalada, con todo lo que hay que tener; con Cortázar es al revés, lo imposible es la impuntualidad: su gran mérito es un mérito de timing: sabe siempre cuándo ser pertinente

Cortázar utilizó muy bien los juegos del lenguaje y la idea del humor para su literatura. Algunos críticos aseguran que él consideraba al humor como aquella particularidad humana que lograba trastocar la realidad. Así las cosas podían abandonar sus funciones habituales y convertirse en otras diferentes, logrando circunstancias a medio camino de un hecho real, un relato y un disparate ilógico con muchas lecturas. Casa Tomada, No se culpe a nadie, o las actitudes y las ocurrencias de los Cronopios y los Famas son claros ejemplos.

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Mucho se puede hablar y se habla sobre él. Desde su literatura y hasta su militancia. Fue y es reconocido como uno de los pilares de la literatura nacional. Así también es que muchos intentan imitarlo creyendo que sus juegos del lenguaje y la toma de circunstancias habituales como material literario es fácil de llevar a cabo. Algunos se dan cuenta a tiempo. Otros no.

Dice Beatriz Sarlo: “Sin duda, Cortázar es fácil de enseñar y habría que ver por qué. Hipótesis: la claridad formal y constructiva de Cortázar, como la de Poe o Maupassant, despierta la ilusión de que puede ser repetida”.

Cortázar poseía una visión seria de la literatura y una visión humorística del mundo. Combinación perfecta para una literatura de lo cotidiano fantástico. Y si no, podemos leer o releer cualquiera de sus obras literarias para poder acceder a ese “otro lado” que debía buscar todo poeta, como sostenía el propio autor.  

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