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Opinión

1 de Marzo de 2019 11:59

Cambiemos y su (des)manejo de los recursos educativos

es profesor, licenciado y doctor en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y docente en la carrera de Historia de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata. Sus investigaciones versan sobre la economía y la fiscalidad americana-argentina en diferentes períodos y regiones, desde fines del período colonial hasta nuestros días. Ha presentado sus investigaciones en jornadas y congresos de la especialidad y publicado sus contribuciones en revistas científicas de Argentina, España, Francia, Colombia, y México. Es compilador del libro Debates y diagnósticos sobre las sociedades coloniales latinoamericanas (2010).

El temporal de viento y lluvia del 21-22 de febrero pasado dejó en Mar del Plata una imagen que no por recurrente deja de ser preocupante: el mal estado edilicio de las instituciones educativas. Aulas inundadas, techos desvencijados, roedores en pasillos y goteras por doquier configuraban el paisaje de un número importante de escuelas marplatenses a días del inicio del ciclo lectivo 2019. Ante estas situaciones, fueron los trabajadores de la educación quienes, una vez más y como pudieron, intentaron reducir el nivel de daños que dejó el temporal.

Frente a este escenario, un breve repaso por los números del presupuesto de la actual gestión municipal, lejos de brindar tranquilidad a los vecinos marplatenses, alimenta la preocupación sobre la incierta situación edilicia de las instituciones escolares. Y sobre todo deja al descubierto las conexiones existentes entre un supuesto superávit de las cuentas municipales -celebrado por el ejecutivo- y el desfinanciamiento del sistema educativo.

El presupuesto educativo municipal para el año 2018 superó los 950 millones de pesos, de los cuales el mayor porcentaje se destinó a sueldos (aproximadamente el 97-98% del total). Para hacer frente a estas erogaciones, el municipio recibe desde 2009 partidas de dinero tanto de la administración nacional como provincial. Es decir que sólo un pequeño porcentaje del gasto educativo se destina a infraestructura, servicios y bienes de consumo. Esto representa ya un difícil punto de partida a la hora de proyectar mejores instalaciones e insumos necesarios para los alumnos y trabajadores de la educación en sus distintos niveles. Pero el panorama se vuelve más complicado si, además del ya poco presupuesto destinado para este tipo de necesidades, se analiza qué porcentaje del dinero comprometido finalmente se desembolsó para cubrir esos gastos. Pese a los discursos oficiales,la situación es preocupante, dado que, del reducido caudal de dinero reservado a infraestructura y mantenimiento escolar, la gestión de Cambiemos ha recurrido año a año a la subejecución del presupuesto educativo. Léase: gastar menos de lo que se ha comprometido.

La información disponible en la página del municipio permite concluir que entre enero de 2016 y septiembre de 2018 (último mes con datos actualizados) la gestión de Arroyo al frente del municipio sólo ejecutó, en promedio, un 72% de los fondos para “servicios no personales” en las escuelas (mantenimiento y limpieza, servicios profesionales, técnicos y comerciales, entre otros.). De algo más de 19 millones de pesos, sólo se ejecutaron 15 millones. Al ajustar la lente sobre la tendencia en la ejecución, el resultado no permite el optimismo: un 70% en 2016, un 88% durante 2017 y apenas un 55% durante 2018. Las consecuencias de esta falta de inversión en mantenimiento e infraestructura quedaron al descubierto -una vez más- durante el último temporal.

La ejecución de gastos por concepto de “bienes de consumo” (principalmente alimentos para los alumnos de los diferentes niveles educativos municipales) no brinda un mejor panorama: desde 2016 y hasta septiembre de 2018 apenas alcanzó el 59%. De un total de algo más de 59 millones de pesos sólo se gastaron efectivamente 34 millones. Si se desglosa el nivel de ejecución de estos gastos por año, la tendencia preocupa aún más: en 2016 se ejecutó un 76% del presupuesto, en 2017 un 71% y hasta septiembre de 2018 apenas se había invertido un 37% del total.La responsabilidad es compartida por la administración municipal y provincial: si la gestión de Arroyo desembolsó menos dinero para alimentos, los fondos girados por el gobierno provincial fueron mucho menores a los comprometidos en el presupuesto.Estas cifras no hacen sino confirmar lo que vienen denunciando hace meses los trabajadores de la educación: la merma en los envíos y la baja en la calidad de los alimentos destinados a los chicos de las escuelas marplatenses.

Aún sin tener en cuenta las consecuencias presupuestarias del conflicto desarrollado entre el ejecutivo municipal y los docentes por el pago del código 59, Cambiemos “ahorró” la abultada suma de 30 millones de pesos en educación en casi tres años. Con el agravante de que gran parte de ese dinero estaba destinado a los sectores más vulnerables: chicos que concurren a comer a escuelas cada vez más deterioradas.

El horizonte para 2019 no resulta alentador: en el proyecto de presupuesto del ejecutivo apenas se prevé un incremento del 11% de los recursos destinados a educación respecto a 2018 ¿a lo que habrá que sumarle, nuevamente, la subejecución? Con una inflación que superó el 47% el año pasado, el resultado esperable es la ya conocida combinación de falta de inversión en infraestructura, poca cantidad y mala calidad de alimentos y fuerte deterioro de los salarios de docentes y auxiliares. A días de comenzar un nuevo ciclo lectivo, los resultados del (des)manejo de recursos educativos por parte de la gestión de Cambiemos están a la vista.