Huellitas

1 de Octubre de 2020 13:09

La historia de Dobby, el caniche al que acariciaban con bolsas de nylon

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El cambio de Dobby fue rotundo.

A Dobby lo cruzamos de casualidad en enero. Andábamos  de recorrida por los barrios y dimos con una mujer que necesitaba ayuda con unos perros que había levantado.  Al momento de irnos, nos dicen: "Allá en la esquina hay un perrito con sarna".

Nos acercamos hasta el lugar para ver en qué podíamos ayudar y quedamos heladas. Dobby estaba hecho un bollito sobre un pedazo de goma espuma, rodeado de basura y moscas. Era un día de mucho calor y no había ni rastros de un tacho con agua. De un trocito de piel le colgaba una mata de pelo sucio y apelmazado, el último atisbo de pelo en su cuerpo.

 

Mientras rogábamos para que lo entregaran, se paró con lo último que le quedaba de fuerza y se agarró de mi pierna como implorando auxilio. No había forma de dejarlo. Estaba con fiebre, desnutrido, sin un pelo, ni lugar para refugiarse, ni agua o comida. Ya tenía la mirada perdida: estaba resignado a morir ahí. 

Nos dijeron que hacía poco que estaba así, quisieron hacernos creer que lo querían y cuidaban y a la vez nos contaban que ya no le permitían entrar a la casa. Para tocarlo se ponían bolsas de basura en las manos para no contagiarse.

 

Ese día, mientras le dábamos su primer baño, le prometimos que nunca más iba a sufrir. Que iba arrancar una nueva vida.

No fue fácil, porque a veces cuesta más sanar un alma rota que un cuerpo destrozado, pero con el tiempo su mirada cambió.  Descubrimos al perro joven, dulce y simpático que había debajo de esas heridas.

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