Enfoque global

29 de Junio de 2020 19:16

Trump vs Biden: el juego de las diferencias

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Diferencias y similitudes en la agenda internacional de los dos candidatos de las elecciones de noviembre en Estados Unidos. El lugar de América Latina.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos de noviembre son las más importantes del cronograma electoral del 2020. Donald Trump y Joe Biden protagonizarán una disputa pareja con una retórica intensa y una demanda interna de cambios estructurales que se hizo notar en el último tiempo con movilizaciones masivas. 

Demócratas y Republicanos tiene diferencias en torno a la política interna pero, ¿hay diferencias en el plano externo? ¿Qué cambia en la política exterior norteamericana si el presidente es demócrata o repúblicano? ¿Qué debe esperar América Latina?

Como analizamos la semana pasada, la gestión Trump se caracteriza por su perfil rupturista en el plano global. El americanismo resumido en el  lema "Make América Great Again" se expresó en una tensión constante con los organismo multilaterales que incluyeron el fin de los acuerdos comerciales de su antecesor, Barack Obama, el intento abandonar el acuerdo de París por el cambio climático, presionar a los aliados de la OTAN para que aumenten su presupuesto y equiparen al de la Casa Blanca, amenazar de forma constante con retirar apoyo económico a la Organización Mundial de la Salud o cuestionar el rol de las Naciones Unidas. 

No hay dudas que dentro de las prioridades del presidente republicano no existe la palabra multilateralismo y todo lo que incluya a Estados Unidos deberá ser liderado, centralizado y capitalizado por la potencia del norte por las buenas o por las malas. El gran interrogante es qué proyecto tendrá Biden si ganan los demócratas, pues, si bien el desea reconstruir el liderazgo internacional de la era Obama,  el mundo del proyecto globalista se presenta muy diferente al de hoy. 

Obama priorizó el Tratado Transpacifico para frenar el avance de China  y hegemonizar el comercio en el eje Asia-Pacífico y confrontar de manera directa con Vladimir Putin, bajar tensiones con Irán y Cuba para incorporarlos al sistema internacional y reforzar la incidencia en la Unión Europea a través del Tratado Trans Atlántico. En términos comerciales, una eventual presidencia de Joe Biden vendría acompañada de un retorno de la agenda del cambio climático y la normalización de las relaciones con Cuba pero tendrá el desafío de pensar el rol de Estados Unidos en el periodo post-pandemia y despojar una teoría en crecimiento que indica cierta pérdida de relevancia internacional.

Para tal fin, los demócratas tienen en mente un Green New Deal que ofrezca una salida de la crisis como el New Deal de Franklin Roosevelt luego de la crisis 1930 con una inyección de recursos en los sectores más humildes, medidas de intervención en los mercados financieros como la famosa ley Glass-Steagall que separaba entre créditos consumo y la banca de inversión que fue derogada por la política de desregulación financiera de Bill Clinton en 1999 y subsidios a los sectores productivos pero con una mirada ecológica. 

Ese liderazgo que el ex vicepresidente pretende reconstruir no puede hacerse sin la región, por eso, América Latina seguirá siendo eje de intereses norteamericano. La presión sobre Venezuela y la postura en relación a Nicolás Maduro fue ratificada en campaña por ambos presidentes y sería extraño pensar un cambio de dirección con Biden en la Casa Blanca. En la medida que la mayoría de los gobierno de la región sigan alienados a los intereses de Washington, Estados Unidos mantendrá los esfuerzos para mantenerla bajo su influencia. 

Con el proyecto global como buen recuerdo que no volverá, Biden deberá apegarse al bilateralismo predominante de los últimos años y, como escenario demasiado optimista, volver a poner el foco en espacios como la Alianza del Pacífico. 

En definitiva, sea Biden o Trump, Estados Unidos tendrá que diseñar una estrategia para un mundo que se presenta incierto por la pandemia del coronavirus cuyas consecuencias serán devastadoras y en las que las palabras "New Deal" y "Plan Marshall" empiezan a sonar fuerte como una necesidad de recomposición internacional. Por el momento, Trump solo respondió con una nueva Doctrina de Monroe, una narrativa belicosa y muchos tuits incendiarios.

Volatilidad internacional, demandas estructurales internas y la urgencia de seguir siendo la principal potencia ante una China que crece a pasos agigantados son algunos de los desafios que tendrán por delante. 

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