El día que Mar del Plata descubrió uno de sus crímenes más horrendos

El hallazgo de un cuerpo momificado, decapitado y sin manos en un edificio céntrico de Mar del Plata sacudió a la justicia y a la sociedad. Un crimen con sello profesional que transformó un trámite de limpieza en una pesadilla. ¿Qué ocurrió en aquel departamento de la calle Corrientes?

Quien cometió el hecho quería borrar la identidad de la víctima para siempre.

22 de Febrero de 2026 08:38

Lo que parecía ser una jornada rutinaria de limpieza para la empresa Redi terminó convirtiéndose en el inicio de uno de los relatos más oscuros de la ciudad de Mar del Plata. El 10 de septiembre de 2021, en el departamento “B” del piso 18 de un edificio ubicado en la calle Corrientes al 1500, el personal contratado ingresó a un espacio que llevaba meses cerrado. La tarea, en apariencia simple, se transformó en pesadilla cuando, al mover un sillón, descubrieron detrás de este una bolsa que contenía lo inimaginable. El horror dejó de ser abstracto y se volvió palpable en ese instante.

Un hallazgo entre despojos y olvido

El equipo de trabajo entró con baldes y desinfectantes, con la misión de recuperar un inmueble que había sido foco de conflictos y usurpaciones. Sin embargo, detrás de un mueble, una bolsa plástica escondía el misterio más grande del edificio. Al abrirla, los trabajadores no encontraron desperdicios, sino los restos momificados de un hombre.

La escena era propia de una película de suspenso: al cuerpo no solo lo rodeaba el silencio de seis meses de abandono, sino que le faltaban la cabeza y las manos. El mensaje era claro: quien cometió el hecho quería borrar la identidad de la víctima para siempre. Un departamento cerrado por meses, una serie de intrigas alrededor del caso y un cadáver mutilado conformaban un escenario dantesco.

De la usurpación al misterio

El fiscal Leandro Arévalo fue quien estuvo a cargo de la investigación, (Imagen ilustrativa).

La historia del departamento es una cadena de irregularidades. Durante todo el 2020, el lugar fue ocupado por una pareja de septuagenarios, según las crónicas de la época, se trataba de Pedro José De Tomaso y una mujer llamada Margarita Bullo. Algunas versiones indican que la dueña les prestaba el departamento, mientras que otras sugieren que dejaron de pagar y lo usurparon. Se supo también que, hacia fines de aquel año, el hombre sufrió un accidente doméstico que lo dejó cautivo entre esas cuatro paredes.

A partir de entonces, a él dejó de vérselo en el edificio, aunque sí podía localizarse a su compañera. Esto ocurrió hasta que un día de abril del año siguiente ella abandonó el lugar con otro hombre, dejando el departamento cerrado por completo. La dueña del inmueble, una mujer de 90 años residente en Buenos Aires, había dejado de percibir el alquiler y, tras una serie de intimaciones legales, logró que la propiedad quedara liberada. Este proceso administrativo fue el que posibilitó la limpieza en el mes de septiembre, con el fin de acondicionar el sitio para la temporada. Hasta ese día, la puerta permaneció cerrada bajo llave, custodiando un cadáver que ya había iniciado su lento proceso de momificación.

El sello de un crimen profesional

El fiscal Leandro Arévalo, quien estuvo a cargo de la investigación, confirmó que la data de muerte coincidía con el momento en que terminó la usurpación. No obstante, el estado del cuerpo complicaba cualquier certeza. "Sin huellas dactilares ni dentadura, los métodos tradicionales de identificación son inútiles", deslizaron fuentes cercanas a la investigación. La mutilación de las extremidades y la cabeza no parece haber sido un acto de furia, sino una estrategia calculada para entorpecer la acción judicial.

Pero las dudas no solo giraban en torno a la identidad del cuerpo. Más allá de los documentos hallados en el lugar, también circularon versiones sobre una supuesta mascota, una perra encontrada en la vivienda, y un vehículo Ford Focus que permanecía en la cochera del edificio esperando a su dueño.

¿Era aquel cuerpo el de De Tomaso, quien había desaparecido el verano anterior? ¿Qué sabían los antiguos ocupantes y dónde se encontraban? ¿Quién era aquel hombre que acompañaba a Margarita Bullo al marcharse y por qué no se llevaron el coche? Estas fueron algunas de las preguntas que dejó uno de los hechos más aberrantes en la historia de Mar del Plata.