Enfoque global

8 de Septiembre de 2020 07:23

¿Lula 2022?

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Lula en su mensaje en redes sociales.

El ex presidente de Brasil envió un mensaje con tono electoral. ¿Se presenta como candidato en 2022?

El ex presidente de Brasil, Luiz Inazio Lula Da Silva, eligió el Día de la Independencia de Brasil para lanzar algo muy parecido a una candidatura presidencial. Lula criticó la gestión del presidente, Jair Bolsonaro, y resaltó los 130.000 muertes por coronavirus y las enormes consecuencias económicas generadas por la pandemia. Además, planteó la necesidad de "Reconstruir Brasil". ¿Cómo? ¿Desde qué lugar? 

El discurso del líder del Partido de los Trabajadores aparece en un momento de profunda fragmentación de la oposición y a pocos meses de las elecciones municipales en la cual, el PT en particular y la oposición en general, jugaran buena parte de sus posibilidades para 2022. 

Si bien no hubo confirmación de ningún tipo de postulación, el ex mandatario dijo que "está a disposición de los brasileños para terminar con la pesadilla de Bolsonaro". El gran interrogante que se abre es sobre la capacidad de tracción sigue teniendo Lula en los electores. 

"Estamos entregados a un gobierno que no da valor a la vida y banaliza la muerte. Un gobierno insensible, irresponsable e incompetente, que incumplió las normas de la Organización Mundial de la Salud y convirtió al coronavirus en un arma de destrucción masiva", acusó Lula.

Lo que queda del mensaje grabado es la intención del PT de seguir siendo el motor del armado opositor para 2022 y de Lula de ser, al menos, el gran elector. Sin embargo, parte de las diferencias que existen entre los diferentes espacios es justamente la vocación hegemónica del PT y la centralidad de Lula en la toma de decisiones. 

Esto que algunos llaman una "Luladicción" es el motivo principal que aleja a espacios como el de Ciro Gomes de la izquierda petista. El desafío es mostrar amplitud y capacidad de interpelación a sectores moderados. 

El escenario brasileño tiene a Bolsonaro en un proceso de crecimiento en su imagen gracias al Auxilio de Emergencia de 600 reales para los sectores más vulnerados afectados por la pandemia que, si bien fue una iniciativa del Congreso, supo capitalizar como propia.

Además del presidente, la otra figura que sobrevuela en la imagen de los brasileños es la de Lula, para apoyarlo o denostarlo e intentar correrlo de la discusión pública de lo que viene es una tontera. No obstante, aferrarse tan solo a sus buenos gobiernos y al carismo no deja de ser insuficiente cuando enfrente lo que ordena es al antipetismo y el antilulismo. Con Lula no alcanza pero sin Lula no se puede, podría ser el mantra que abrace a quienes buscan construir una alternativa. 

En una reciente entrevista a medios internacionales, Lula reconoció que podría haber un frente opositor sin el PT liderando. Muchos pensaron en Ciro Gomes pero la estrategia está orientada en otra figura que crece: Flavio Dino. En la órbita del lulismo, el gobernador de Maranhão del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) es el hombre ideal para enfrentar el proceso electoral del 2022. Buen orador, con experiencia de gestión, sin problemas con la justicia y, a pesar de ser de izquierda, un buen interlocutor para los votantes de centro. Dino probablemente esté acompañado de Fernando Haddad quien desistió de participar de las elecciones municipales para ser parte del binomio o, en su defecto, del esquema que se construirá para disputa la presidencia. 

En los más de 20 minutos de mensaje, Lula dejó en claro su posición sobre el oficialismo, el perfil autoritario del presidente y acusó al gobierno de "subordinar Brasil a los Estados Unidos de una forma humillante", al permitir que un general brasileño sirva en el Comando Militar Sur y firmar un acuerdo con Washington para que use la Base Aeroespacial de Alcántara, en el estado de Maranhao. 

Lula, tal como ocurre desde que salió de cárcel, optó por una retórica de confrontación con Bolsonaro. Esto es insumo para el electorado antipetista del presidente, con lo cual, la pregunta que es si la estrategia es correcta o permite un crecimiento de las alternativas de centroderecha. Como sucede con otros progresismos latinoamericanos, el PT tiene que lidiar con el síndrome del techo bajo (con una intención de voto del orden del 35 por ciento) que le impediría ganar en una segunda vuelta. Además, el rol del poder judicial en la inhabilitación a Lula en 2018 y las recientes proscripciones a la candidatura a Senador de Evo Morales en Bolivia y a la vicepresidencia de Rafael Correa en Ecuador nos permiten anticipar que no será sencillo impulsar una candidatura para quien aún tiene varios procesos judiciales abiertos.

Los factores de poder están incómodos con Bolsonaro pero no quieren la vuelta de Lula, ya que, las diferencias no son de modelo sino de forma. Eso ordenará al poder real alrededor de una candidatura moderada al estilo Sergio Moro o Joao Doria y alineará la artillería mediática y judicial contra toda posibilidad de retorno petista.

Lula decidió meterse con las consecuencias de una  pandemia que dejó un total de 300.000 desempleados más en la segunda semana de agosto, hasta un total de 12,9 millones de personas sin trabajo, según datos publicados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Con ello, se registró un nuevo incremento en la tasa de desempleo durante esta semana, pasando del 13,3% en la primera del mes al 13,6% a finales de la segunda.

A su vez, la informalidad se situó en el 34,1%, estable con relación a la semana anterior (34,2%). El IBGE indicó que aproximadamente 4,3 millones de trabajadores (o el 5,2% de la población con empleo) no estaban en actividad debido a las medidas de distanciamiento social.

El PT se volvió con el tiempo un fenómeno urbano de clases medias progresistas pero con una base popular fuerte en el Nordeste y relación con estructuras sindicales y sociales organizadas. Lula, que opera más fuerte en la sensibilidad popular que su propio partido, tiene el desafio de volver a convertirse en la esperanza de los excluidos, mucho de los cuales votaron a Bolsonaro en 2018 y ven la firma del ex capitán del ejército en cada auxilio de emergencia. 

Si la economia no mejora, el armado opositor puede potenciarse, de lo contrario Bolsonaro caminará hacia una reelección segura reforzada por la fragmentación de sus adversarios. Las elecciones municipales serán una prueba de fuego para medir la capacidad de tracción de Lula y la relación de la izquierda con la sociedad luego de la Operación Lava Jato y el juicio político contra Dilma Rousseff. 

Si el Partido de los Trabajadores quiere ser parte de un nuevo acuerdo social y emular la experiencia del Frente de Todos tendrá que articular una unidad que incorpore a sectores que hoy se mantienen lejos. La del 2018 fue una derrota digna para Haddad en un contexto de enorme adversidad. El desafío para el 2022 sigue siendo la capacidad de ampliarse y construir algo diferente.

 

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