El escribiente

21 de Febrero de 2021 10:51

El basilisco, animal feroz y fantástico

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 La figura del basilisco aparece a lo largo de la literatura desde hace un largo tiempo. Nace como leyenda, pasa al medioevo como simbolismo, llega al Siglo de Oro español como poema y hoy en día protagoniza sagaz juveniles, mangas y comics. Larga vida al basilisco.

Seguramente las nuevas generaciones de lectores recordarán la batalla entre Harry Potter y el basilisco que vive en la cámara de los secretos de Salazar Slytherin en Hogwarts. Así como la mordedura y su cura a través de las lágrimas del ave fénix llamado Fauwkes.

A otros tantos, quizá más grandes, al oír hablar sobre un basilisco se les vendrá a la cabeza aquel episodio donde Inodoro Pereyra, uno de los personajes más queridos de Roberto Fontanarrosa, lo enfrenta para salvar a Miss Leghorn, la gallina campeona, matándolo al hacerlo reflejar en un espejo de oftalmólogo colocado en su frente. El basilisco apareció desde siempre como un animal feroz y fantástico. Nacido de la mitología, ha protagonizado muchas aventuras literarias.

Pero ¿Qué es un basilisco? ¿Qué tipo de animal es? 

Según Plinio el Viejo, el basilisco era originario de la región de Cirene, actual Libia, al norte de África. Lo describe como una serpiente que no media más de 30 centímetros de largo y llevaba en la cabeza una marca similar a una corona. Se movía casi erguido y de ahí su nombre (basilisco proviene del griego basilískos y significa ‘pequeño rey’).

Si bien viene de mucho más atrás en el tiempo, esta fue una de las criaturas más populares del medioevo. Comenzaron ahí a tejerse las leyendas y se llegó a asegurar que, no solo podía matar con la mirada, sino que su veneno era tan poderoso que su sola presencia acababa en segundos con todo ser vivo a su alrededor. Por eso también decían que vivía en los desiertos -en realidad que creaba los desiertos- y recomendaban que aquel que viajara por esos parajes llevara una mangosta, pues era el único animal capaz de hacerle frente, aunque en el combate ambos morían.

Borges dirá en su Manual de Zoología fantástica que, “En el curso de las edades, el basilisco se modifica hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvida”.
A partir de la Edad Media, pasó a ser un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo y con grandes alas espinosas. También tenía cola de serpiente que podía terminar en otra cabeza de gallo o en un garfio. Este cambio de fisonomía también trajo aparejado varios cambios de nombre. Chaucer,
por ejemplo, lo llamaba Basilicock. 

Pero lo que sí tenían en común era el poder mortífero de su mirada. Todos aseguran que ninguna otra fiera era capaz de matar tan rápido. Se pensaba que, al igual que la mirada de la Gorgona Medusa, los ojos del basilisco y su aliento envenenado eran letales. Borges aclara que, según el poeta romano Lucano, de la sangre de Medusa “nacieron todas las serpientes de libia: el áspid, la anfisbena, el amódite, el basilisco”.

Se supo decir que el olor de la comadreja lo mataba. También el canto del gallo. Por eso los viajeros se proveían de ellos para cruzar por regiones desconocidas. Otra de las armas más mencionadas fue el espejo. El reflejo de su mirada o su propio reflejo todo, lo mataba instantáneamente. Algunas leyendas aseguran que el propio Alejandro Magno acabó con el basilisco que devoraba a sus soldados con un escudo pulido como espejo en la India.

El basilisco nacería de un huevo de gallo viejo, algunos indican que debe ser entre los 7 y 14 años. El huevo es redondo y debe ser empollado por un sapo, una rana o una serpiente. De esta leyenda surge todo su simbolismo: en medicina, algo del basilisco mezclado con otros ingredientes se transforma en
un remedio preciso; también está entre los cuatro animales que Cristo aplastó; en alquimia simboliza al fuego devastador que precede a la transmutación de los metales.

Finalmente el mito del basilisco, tal como su compleja fisonomía, es un rejunte de creencias e inspiraciones que lograron, hasta hoy, cautivar la imaginación del ser humano. Muchos autores, buscando identificarlo, alteraron su versión del retrato original. Por ejemplo, algunos describían su aspecto como el de un monstruo de piel verrugosa y escamosa, cabeza de gallo, ojos de sapo y cresta como una corona, otros, simplemente como una gran serpiente de un solo ojo.

 El nombre se utilizó, con el paso del tiempo, para muchas otras cosas. Es así que un género de lagartos similares a las iguanas en América tiene su nombre. Una estrella de las que conforma la constelación de Leo y hasta una planta muy reconocida y cotidiana, la Ocimum basilicum, que todos nombramos albahaca. También ha tenido, y tiene, un lugar ganado en la literatura. Durante el Siglo de Oro español, Lope de Vega, Quevedo y Cervantes lo mencionan.

Aparece en diversos Bestiarios tradicionales, así como en Historias naturales. La literatura fantástica se nutrió de él y otras tantas bestias durante todo el siglo XX. Al ya mencionado Harry Potter de J. K. Rowling hay que sumar, por ejemplo, la saga Los héroes del Olimpo de Rick Riordian, donde aparece en el segundo libro llamado The Son of Neptune. También asoma en los manga de Saint Seiya (聖闘士星矢, lit. Seiya El Santo), conocida como Los caballeros del Zodiaco, donde es uno de los 108 Surplis del ejército que protege a Hades.

Los mitos, las leyendas, así como sus personajes, no conocen más voz que la de aquellos que los narran. En el espíritu de cada una de ellas está el encanto y el misterio, el miedo y el simbolismo del alma común de la humanidad. El basilisco, como otros tantos seres maravillosos, estaban y están íntegramente sumados al saber popular. Nada justifica el olvidarlos. Muchos creyeron en ellos y, aún hoy, estimulan el seguir creando
tanto como el goce por una buena historia.

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