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8 de Abril de 2021 16:29

Cuando el cuarto propio es el barrio: cuidados, género y redes para sostener en la pandemia

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Estar en casa puede ser inseguro para quienes viven situaciones diarias de violencia.

Cómo se adaptó uno de los mitos del feminismo a la realidad que impuso la pandemia del coronavirus. 

Por Agustina Cepeda

En 1929 la novelista británica Virginia Wolf escribió el ensayo Una habitación propia, basado en una serie de conferencias que desarrolló en los College Femeninos de la Universidad de Cambridge. El libro se convirtió en uno de los mitos del feminismo, de corte más clásico y liberal, y la frase el “cuarto el propio” se empezó a utilizar como sinónimo de la necesidad de las mujeres de un espacio individual para crear.

Cuando la pandemia de Covid-19 invadió nuestra cotidianeidad y la fórmula “quedate en casa” se nos repitió como un mantra, los movimientos feministas advirtieron algo que ya sabíamos antes de la pandemia: estar en casa puede ser inseguro para quienes viven situaciones diarias de violencia, trabajar en casa con niñes significa una sobrecarga de tareas para las mujeres a cargo del cuidado y la ilusión de un cuarto propio como liberación se esfuma cuando el espacio físico no permite más que un ambiente, con suerte. La pandemia, como otras situaciones de crisis, volvió a demostrar que las fronteras entre lo público y lo privado, la producción y las tareas reproductivas son lábiles e inquietas, incómodas como definiciones y, sobre todo, estallan. Y estallar, a veces, es bueno.

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