Entrevista

23 de Julio de 2021 12:00

“Con la agroecología, el futuro de nuestras generaciones dejará de ser una lucha para ser un sueño posible”

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Elsa Yanaje, funcionaria de la Secretaría de Agricultura Familiar, estuvo en Mar del Plata.

Elsa Yanaje es trabajadora rural y feminista popular. Es referente del Frente Patria Grande y forma parte de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación. De cara a la elecciones legislativas, quiere representar como diputada la agenda campesina e indígena

La vida de Elsa Yanaje parece estar atravesada por la resistencia al ejercicio de la crueldad; a esa crueldad que ejercen quienes niegan las raíces de nuestra tierra porque descalifican, con soberbia o por ignorancia, el saber, el poder y la existencia, muy anterior a la llegada de los barcos, de comunidades originarias en estos territorios.

Elsa reconoce en su cuerpo y también en la subjetividad colectiva de quienes habitan y trabajan los campos todas las injusticias que ha sufrido y padece por ser lo que es: una mujer campesina que trabaja la tierra, que honra la Pacha, que se define feminista y que construye comunidad y política popularen respeto del conocimiento ancestral.

Con ese acumulado, que no es personal, porque es la historia de la mayoría del pueblo campesino de nuestro país, Elsa se propone asumir una banca como diputada. Como parte del Frente Patria Grande, la actual responsable del área de Comercialización de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena de la Nación asume el desafío de conquistar un espacio de representación institucional para instalar, debatir y defender la agenda de les trabajadores de la tierra en la Legislatura. O como dice Elsa, una banca “para ver concretar sueños que quedaron pendientes”.

-Te inscribís en el feminismo popular. Lo militas en el territorio, en las zonas rurales. ¿Qué demandas forman parte de la agenda feminista de la ruralidad?

-La ruralidad en sí es muy compleja, por mucho tiempo estuvo instalado el patriarcado y el machismo entre las familias. Se tornó algo muy común ver situaciones de violencia. Más allá que estamos en procesos de mitigar esas prácticas contra las mujeres de los entornos rurales, lo cierto es que no hay un acompañamiento del Estado o al menos no está pensado específicamente para el abordaje en ese sector. Por ejemplo, los botones antipánicoy las perimetrales no funcionan y las mujeres quedamos vulnerables. Como referentas y promotoras de género, hemos buscado alternativas de abordaje: creamos redes de contención desde lo humano, desde lo sentimental, desde la reafirmación de que no estamos solas y para garantizar la búsqueda de una casa temporaria para resguardo o el acompañamiento, en el plano legal, para encontrar abogades y realizar una denuncia en comisarías, que suele ser algo difícil si vamos solas.

-Suele trazarse un paralelismo entre las violencias que sufrimos las mujeres y disidencias y la depredación sobre la Madre Tierra. De alguna manera, ambos abusos permiten la reproducción de este modelo patriarcal. Como mujer y trabajadora rural, ¿qué modelo productivo crees que precisa nuestro país para frenar esas violencias?

-Las mujeres siempre estuvimos presentes en el trabajo rural, sobre todo en la agricultura familiar, campesina e indígena. Sólo que al cambiar de modelo de producción, a la mujer se la invisibilizó y se puso al hombre como el único trabajador del campo. Eso se ve muy reflejado en el modelo agroexportador. La dependencia también ha sido una manera de someternos a producir y trabajar de una manera con la que nunca estuvimos de acuerdo. En relación a esto, nosotras planteamos otra manera de producir: la agroecología. Esa es una de nuestras luchas principales frete a este modelo extractivista, consumista, explotador y dañino hacia nuestro hábitat. En la Agroecología encontramos coincidencias con nuestro sentir (libres), con la necesidad de proteger la salud, no solo de nuestras familias sino también de las familias en general. La agroecología plantea la necesidad de volver a las prácticas ancestrales y retomar el vínculo con la madre tierra.

 

-Planteás que el alimento debe ser una causa nacional. ¿Qué significa y qué implica?

-Veo con mucha preocupación lo que pasa con el pueblo en general y suelo preguntarme, entre otras cosas, por qué el alimento que mi familia y yo producimos no llega a todes. Claramente hay una concentración y especulación que no permite que todes puedan acceder. Es por eso que planteo que el tema de los alimentos no es meramente responsabilidad del campo y de la agricultura familiar, como siempre se dijo. Es un tema y una discusión con la que todes tenemos que involucrarnos

Los distintos sectores tendrían que comprometerse y aunar fuerzas para erradicar el hambre que hay hoy en nuestro país. Es insólito tener un país tan productivo como el nuestro y que el pueblo sufra hambre, que les pibes, les niñes y les no tenga qué comer o ni siquiera puedan acceder a alimentos básicos.

-¿Qué tan ligada está esa causa a la del acceso y redistribución de la tierra?

-Además de que no hay planificación ni protección de los lugares productivos rurales, lo que está ocurriendo en general es que hay un gran avance del sector inmobiliario, que expulsa a los pequeños productores, que encima tienen muchas dificultades para poder sostener una producción por los elevados costos que tienen: no solo por los insumos, sino también por los alquileres de la tierra. En el caso de los pueblos originarios, están siendo desalojados de sus tierras por el avance del agronegocio. Esto demuestra que mientras más lejos están los alimentos, la sociedad deberá pagar mucho más caro para acceder a ellos. Y si esto sigue así, no habrá más productores y ni alimentos sanos, baratos, de cercanía y de calidad. Seremos más dependientes.Si tan solo pudiéramos acceder a un pedacito de tierra, tan solo un pedacito para producir y vivir, eso dignificaría nuestras vidas y nuestro trabajo. Con la agroecología, la vivienda y el futuro de las generaciones que vienen dejaría de ser una lucha para ser un sueño alcanzable y real.

-Sos de las que creen que hay que repoblar el campo y descomprimir las ciudades. Ahora bien: ¿cómo podría impulsarse esa migración y cómo entendés qué habría que trabajar o gestionar el "choque" de idiosincrasias entre quienes nacieron y siempre vivieron en el campo y quiénes, pese a haberse desarrollado en las ciudades, quieren ir a la ruralidad?

-Lo hay que saber es que la mayoría de las personas que migraron hacia las ciudades no se fueron porque quisieron, sino que frente a todo lo planteado anteriormente, la falta de oportunidades y mejores condiciones de vida, muches se tuvieron que ir. De hecho, yo he transitado ese paso y la verdad que me costó muchísimo. Si bien en el campo carecía de muchas de las cosas que en la ciudad son más fáciles de acceder, el estar en el campo es otra cosa. Tuve la suerte de no haber perdido mis habilidades como productora: eso ha hecho que la Pacha me reciba nuevamente. Y yo sé que hay muchas personas en los barrios y en las ciudades que vienen de esa tradición productora. Si hubiera garantías de poder acceder a un pedazo de tierra para producir y garantizar servicios básicos, no habría necesidad de vivir hacinados en las ciudades, como le pasa a las mayorías hoy.

 

-Formas parte de la Secretaria de Agricultura Familiar de Nación, dirigís el área de comercialización. En función de tu trabajo como productora y como funcionaria, ¿cuáles son las dificultades que atraviesan los pequeños y medianos productores para comercializar sus productos?

-Uno de los grandes problemas a la hora de insertarse en los canales de comercialización es el grado de formalización de los pequeños productores, agricultores familiares, campesinos e indígenas de nuestro país. No tenían forma alguna de ser proveedores, ni siquiera mediante una cooperativa u organización. Tampoco había una política pública para revertir esto. Por eso que en este tiempo hemos articulado con varios organismos para cambiar esta situación; de a poco se van concretando algunas experiencias. De hecho, estoy a la espera de que salgan dos programas que van a ser fundamentales para acompañar, justamente, la inserción del sector en muchos ámbitos comerciales, sin perder el origen y la importancia de su rol estratégico en el mercado interno, provincial y local.

-Entre otras cosas, por su propia dinámica, la agroecología promueve los mercados de cercanía y la relación, más humana y próxima, entre les productores y les consumidores. Para reforzar estas experiencias, ¿qué tipo de políticas deben pensarse, necesariamente, desde los Municipios?

-La pandemia ha dejado a la vista las dificultades en algunos Municipios por la falta de planificación de las zonas destinadas a la producción para el abastecimiento local. El cierre momentáneo de los mercados concentradores generócierta escasez y fueron las organizaciones campesinas las que acudieron de manera rápida a solventar este problema. En este sentido, la Secretaría de Agricultura Familiar Campesina e Indígena (SAFCI) creó el programa PROTAAL (Programa de Promoción del Trabajo, Arraigo y Abastecimiento Local), que permite generar un vínculo con los municipios para que pongan a disposición tierras en desuso para emprender proyectos productivos de manera agroecológica. Ya tenemos varias experiencias y proyectos para ser evaluados. Me parece fundamental que los intendentes estén predispuestos a este tipo de proyectos porque no solo generan trabajo, sino que garantizan la accesibilidad a productos agroecológicos y de cercanía.

-¿Te gustaría representar la agenda campesina desde una banca legislativa?

-Sí, claro. Creo que también es una justa reivindicación del sector, porque es la posibilidad de mejorar desde ahí nuestra lucha y concretar sueños que quedaron pendientes. Gente con títulos de todo tipo, gente que no creo que haya pasado hambre o frío, gente que dudo que se haya ensuciado las manos, gente de traje, rubios, de tes blanca, muchos personajes pasaron adjudicándose que nos representaban o nos representarían, pero en lo concreto nada de eso pasó. Y si pasó, no funcionó porque –justamente- no transitaron estos caminos, no viven la realidad a fondo. Eso sólo les permitió hacer políticas basadas en un entendimiento del “me parece” o “les puede servir”. Por eso, insertarnos nosotres es esos espacios es una manera más directa de poder pelearla frente a muchos intereses. Sé que no será nada fácil, pero daré de mí lo que traigo acuestas, que es la resistencia y la lucha de mi sector, para lograrlo. Hoy hay una gran oportunidad de plantearla agenda de la agricultura familiar, campesina e indígena porque hay mucho para trabajar. Espero que esto marque un antes y un después para las nuevas generaciones y tengan la suficiente fuerza de estar siempre de pie y orgulloso y orgullosas de ser trabajadores de la tierra.

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