“Coca” Maggi, la decana que pagó con su vida la defensa por la educación gratuita

Hace 47 años, la entonces decana de la Facultad de Humanidades era secuestrada y desaparecida por integrantes de la CNU. Su cadáver fue hallado el 23 de marzo del '76, un día antes del Golpe de Estado. El crimen de Maggi fue considerado un delito de lesa humanidad y sus responsables -entre ellos, el exfiscal federal Gustavo Demarchi-, juzgados y condenados.

María del Carmen Maggi tenía apenas 28 años cuando la CNU se la llevó por la fuerza de su casa y la asesinó. Su cuerpo apareció casi un año más tarde en Mar Chiquita.

9 de Mayo de 2022 07:59

La madrugada del 9 de mayo de 1975, tres autos se detuvieron frente a una casa ubicada en Maipú al 4000, un grupo de hombres fuertemente armados descendieron de los vehículos e ingresaron al domicilio. Buscaban a María del Carmen “Coca” Maggi, entonces decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica. Sin dejarla siquiera llevar la medicación que tomaba por su diabetes, se la llevaron por la fuerza con el argumento de que debían interrogarla. A pesar de los permanentes reclamos que hicieron sus padres desde las primeras horas esa mañana, nada se supo de la docente hasta el 23 de marzo del año siguiente, cuando su cuerpo fue hallado  semienterrado por dos cazadores en el Partido de Mar Chiquita. Su secuestro y muerte fue el altísimo costo que pagó Maggi por defender la gratuidad de la educación universitaria, una discusión que se había instalado en los primeros años de la década del ‘70 y que derivó en duros enfrentamientos.   

El secuestro de “Coca” Maggi se dio en medio del proceso de unificación de la Universidad Católica y la Universidad Provincial. La primera, fundada en 1958, era una institución privada en la que se estudiaban las carreras de Filosofía, Letras, Historia, Derecho y Enfermería. En la segunda, creada en 1961, contenía las Facultades de Arquitectura y Urbanismo y la de Ciencias Económicas. Ambas casas de altos estudios funcionaron de forma independiente e, incluso, bajo diferentes ideologías: mientras que la Provincial estaba a manos de la extrema derecha peronista, en la Católica prevalecía la izquierda. Esto se iba a profundizar en 1973, con la llegada de Monseñor Eduardo Pironio, en reemplazo del fallecido obispo Enrique Rau: una de sus primeras medidas, en su rol de máximo referente de la universidad Católica fue atender los reclamos de los estudiantes en cuanto a la gratuidad de la educación. 

La decana de Humanidades se había recibido con honores. Foto: gentileza Fondo Antiguo de la Biblioteca Central de la Unmdp.

Por su parte, la Concentración Nacional Universitaria, brazo armado de la Triple A, tomaba el control de la universidad Provincial y no sólo se oponía firmemente a esa posibilidad, sino que además aspiraba a integrarse con la Católica pero no sin antes echar a todo el personal docente y no docente para imponer sus propias reglas sin resistencias.  

En ese contexto, María del Carmen Maggi -profesora de Filosofía y Letras recibida con honores y docente de distintas escuelas de Mar del Plata- asumió como decana de la Facultad de Humanidades y se convirtió, en poco tiempo, en una de las caras visibles del proyecto educativo impulsado por Pironio. “Coca”, al momento de su desaparición, tenía apenas 28 años y había dedicado su corta vida a la enseñanza, su gran pasión. De hecho, renunció al salario por el cargo jerárquico que ocupaba y vivía junto a sus padres con lo que le pagaban por trabajar en colegios privados, como el Minerva y La Sagrada Familia, y sus allegados coinciden en definirla como una persona “apolítica”.

Su notoriedad fue en aumento y se convirtió en la principal cara visible de la Universidad Católica cada vez que el rector Hugo Grimberg viajaba a La Rioja, provincia en la que era presidente del Superior Tribunal. Fue entonces que las amenazas de parte de la CNU, que buscaba integrar ambas universidades y tomar el control total de las institución una vez fusionadas, comenzaron a llegar a ella. 

Maggi, la primera mujer de la segunda fila, de izquierda a derecha. Foto: gentileza Fondo Antiguo de la Biblioteca Central de la Unmdp.

En medio de las negociaciones, Maggi mantuvo en los primeros días de abril del ‘75 una reunión con el rector de la Universidad Provincial,  Pedro Arrighi, y a escondidas, grabó lo que se dijo. En el audio, el funcionario confirmaba que la intención era vaciar la Universidad Católica y designar al abogado Jorge Aguilera -hombre vinculado a la CNU- como decano de la Facultad de Derecho. “Coca” llevó la grabación a los medios de comunicación y su difusión marcó el final de la gestión de Arrighi, al término de ese mismo mes. Pero a Maggi su osadía le significó una sentencia de muerte: un grupo armado la secuestró cerca de las 2.30 del 9 de mayo y la mantuvo desaparecida durante casi un año, hasta que su cadáver en avanzado estado de descomposición fue encontrado en Mar Chiquita. 

La noticia, dada a conocer por los propios padres de Maggi, generó conmoción y el reclamo por su aparición llegó, inclusive, a la presidenta María Estela Martínez de Perón, que esa misma mañana había llegado a la ciudad. Al mismo tiempo, sus allegados recorrían dependencias militares y policiales en busca del paradero de la decana, pero sin resultados. 

El obispo Pironio, por su parte, atento al riesgo que corría su vida, fue promocionado en septiembre del mismo año por el papa Pablo VI a Prefecto de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, lo que implicó su traslado a Roma, ciudad en la que permaneció hasta su muerte, el 5 de febrero de 1998. A esa altura, la ciudad había sido liberada para que la CNU actuara con total impunidad. 

 

Quedarse hasta las últimas consecuencias 

Apenas unos días antes del secuestro de la decana, Maggi compartió un café con Elena Arena, entonces empleada administrativa de la Facultad de Derecho, y con quien tenía una relación de amistad. La reunión, de la que también participó otra conocida, se dio en un café ubicado a pocos metros de la esquina de Rivadavia y San Luis. Allí, un lugar que solían frecuentar, le insistieron con un pedido que ya le había hecho Pironio: que se retirara un tiempo, que tomara licencia hasta que todo se calmara un poco. Sin embargo, recuerda Arena, “ella no le daba bolilla a nadie”. “Nosotros le decíamos que era ‘cabeza dura’, pero realmente era una mujer con convicciones muy fuertes”, asegura la actual secretaria general del Sindicato de Prensa de Mar del Plata, en diálogo con 0223

“Las amenazas telefónicas estaban a la orden del día, la llamaban a su casa, a la universidad para decirle que habían puesto una bomba. Incluso, a veces la cruzaban en la calle para amedrentarla. Pero ella decía que no se iba a ir a ninguna parte porque su presencia era la única que podría generar algún tipo de escollo”, agrega.

Arena se enteró de la aparición del cadáver de Maggi a través del recorte de un diario que le llegó mientras estaba detenida en la cárcel de Olmos y, dice, “fue terrible”. Es que, aunque habían pasado varios meses de su secuestro, no perdían la esperanza de que estuviera en cautiverio. “Realmente era algo que no nos esperábamos. Cuando estás en una situación de aislamiento y te enterás de que hay compañeros que no están, que han sido secuestrados, hasta que no aparecen muertos, tenés la esperanza de que los tengan en algún agujero, como estuviste o estás vos. Eso hizo que cuando salimos en libertad nos lleváramos la realidad por delante. Ahí te das cuenta de que hay gente que no vas a ver más porque ese detenido- desaparecido no está en ningún lado”, dice. 

A la izquierda, con un cigarrillo, "Coca" Maggi. De remera bordó, el exintendente Elio Aprile. Foto: gentileza Fondo Antiguo de la Biblioteca Central de la Unmdp.

A pesar de que tantos su familiares y amigos como sus compañeros de trabajo ratificaron en todo momento que “Coca” no tenía ningún tipo de militancia ni participaba de ninguna organización, el coordinador de la Universidad y Fiscal Federal Gustavo Demarchi se declaró competente en la causa por la desaparición porque, sostenía, el caso tenía implicancias políticas. Sin avances en la investigación, Demarchi cerró la causa el 2 de julio del ‘75

Durante los diez meses que Maggi estuvo desaparecida, el tema fue perdiendo presencia en los medios de comunicación. “El terror hizo que se hablara y se preguntara menos. En ese momento, los únicos que mantuvieron el reclamo fueron los padres”, reconoce Arena. La mamá de "Coca", Elena Mussi de Maggi, se convirtió tiempo después en Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

 

Juicio y condena a los responsables del crimen de “Coca” Maggi

A diferencia del crimen de Silvia Filler, asesinada el 6 de diciembre de 1971 de un disparo en la cabeza durante una asamblea estudiantil interrumpida por la CNU; el secuestro, desaparición y muerte de Maggi llegó a juicio y sus responsables fueron condenados. Fue en el marco de la causa CNU en la que, por primera vez en la historia argentina, civiles y funcionarios judiciales fueron sentenciados por crímenes de lesa humanidad cometidos antes del golpe del ‘76.  

El caso “Coca” Maggi se planteó primero en los Juicios por la Verdad, a partir del 2000, que significaron el paso previo a los juicios penales por crímenes por delitos de lesa humanidad que se iban a desarrollar en los años siguientes. 

El 8 de junio de 2015, en un hecho inédito, diez civiles y un militar retirado del brazo armado de la Triple A comenzaron a ser juzgados por el delito de asociación ilícita y los asesinatos de al menos ocho personas cometidos en Mar del Plata.

A los acusados, entre los que se encontraba el exfiscal federal Gustavo Modesto Demarchi, se les imputó el delito de asociación ilícita y los homicidios calificados de Enrique Elizagaray (hijo del senador provincial del Frejuli, Carlos Elizagaray), Guillermo Enrique Videla, Jorge Enrique Videla, Jorge Lisandro Videla, Bernardo Alberto Goldemberg, Daniel Gasparri, Jorge Stoppani y María del Carmen Maggi.

En diciembre de 2016, el Tribunal Penal Oral Federal 1 condenó a prisión perpetua a Gustavo Demarchi, Mario Ernesto Durquet y Fernando Otero, al considerarlos integrantes de una asociación ilícita que cometía delitos bajo protección estatal. También se comprobó que fueron responsables de homicidio calificado en la causa que se les siguió por los crímenes que cometieron como integrantes de CNU, en los años previos a la dictadura cívico, militar y eclesiástica.

En la oportunidad, los jueces Luis Imas, Víctor Bianco y Alfredo Ruiz Paz sentenciaron a José Luis Granel a 7 años de prisión; Piero Asaro a 5 años de prisión, mientras que a Juan Carlos Asaro se le otorgaron 3 años de prisión. En tanto, Roberto Justel fue condenado a 3 años de prisión en suspenso, y Raúl Viglizzo y Raúl Moleón, por su parte, fueron absueltos.

Durante el juicio, una de las testigos citadas a declarar fue Mirta Masid, quien en la época del secuestro estaba en pareja con Carlos "Flipper" González, uno de los integrantes de la organización ultraderechista que terminó con la vida de Maggi. La mujer reveló ante el TOF cómo fueron los instantes previos a que ultimaran a la decana. Según dijo, conoció los detalles porque, cada vez que su pareja y sus socios de la CNU se emborrachan, hablaban de los crímenes que habían cometido. En el caso particular del de “Coca” Maggi -precisó Masid-, antes de que Durquet la matara, la docente “los había perdonado como Jesucristo” y, una vez perpetrado el asesinato, otro de los presentes, Asaro, habría vomitado, lo que le valía las burlas de sus aliados. 

 

Sus libros, patrimonio de la Universidad Nacional de Mar del Plata

A fines del 2017, los sobrinos de “Coca” Maggi donaron su biblioteca personal a la Universidad Nacional de Mar del Plata. Son entre 2500 y 3000 libros de Historia, Literatura contemporánea, gramática y Filosofía que forman parte del Fondo Antiguo de la Biblioteca Central de la Unmdp (mail: fondoantiguo@mdp.edu.ar) y se encuentran a disposición del público. 

En algunos ejemplares aún se encuentran resguardados los papeles en los que Maggi tomaba notas -prefería no escribir las páginas de los libros- y también fotografías personales. En una de esas imágenes aparece la decana junto a un grupo de personas, todos sentados en ronda sobre el césped, entre las que se encuentra el profesor Elio Aprile, quien varios años más tarde se convertiría en intendente de General Pueyrredon. Además, hay una serie de postales con mensajes de agradecimiento que le escribían sus alumnos de las distintas escuelas en las que trabajaba.

Desde 1995, el Aula Magna de la Unmdp lleva su nombre, y en 2009, el Concejo Deliberante la declaró “Hija Dilecta Post Mórtem” en reconocimiento de su trayectoria y compromiso con la educación.

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