Claudia Piñeiro y un repaso de su obra en Villa Victoria
Claudia Piñeiro será la encargada de abrir en Mar del Plata el flamante ciclo de escritores organizado por Penguin Random House Grupo Editorial.
El festival Penguin Libros – Mar del Plata 2025 nació con la idea de celebrar la literatura y a sus escritores. Este primer encuentro, que tendrá lugar en la Villa Victoria, busca instalarse como una propuesta más de la temporada, así como también fomentar el acercamiento entre lectores y autores.
Para esta primera presentación, los organizadores han elegido a la escritora Claudia Piñeiro, quien recorrerá su obra a través de reflexiones y pensamientos. La autora, que recientemente presentó Catedrales y su primer libro de ensayos, Escribir un silencio, seguramente integrará estos textos en su charla, junto al periodista Federico Bruno.
Escribir un silencio se construye a partir de columnas, ensayos breves, crónicas, reflexiones y una gran cantidad de textos publicados en diversos medios de comunicación. Piñeiro ha dicho que es su libro más íntimo, ya que recoge su pensamiento, pero también porque todos esos textos dialogan y se reflejan en el resto de su obra de ficción.
El libro puede leerse como si fuera una rayuela: uno puede ir saltando de texto en texto y encontrar numerosos motivos y reflexiones sobre la realidad que nos rodea. Muchos de esos textos, escritos tiempo atrás, tienen una actualidad preocupante. Preocupante porque aún hoy esos temas no se han resuelto en nuestra vida política.
“Somos seres políticos y muchas veces escribimos —a pesar nuestro, incluso— con una mirada política”, dice Piñeiro, otorgándole gran importancia a la palabra. Su denuncia se centra en que, desde hace un tiempo, muchas palabras han sido cooptadas por distintas organizaciones e ideologías, lo que hace que esa palabra no pueda ser utilizada por otro. “Se hace muy difícil hablar, pero también está mal no hablar de determinados temas cuando hay otros mucho más urgentes”, declaró en su momento.
Y responde desde uno de sus textos: “La escritura me ayudó a salir del silencio sin correr el riesgo de la palabra pronunciada, de lo dicho sin control. Y, mejor aún, sin asumir los riesgos del silencio. También se paga un precio por el silencio. Lo que no se debe, no se puede o no se quiere decir, se esconde en una zona oscura, indeterminada, donde poco a poco se hace callo. Y el callo crece hasta convertirse en un volcán que un día, irremediablemente, entra en erupción. Escribo para encontrar palabras que cuenten esos silencios, silencios anteriores, los que duelen, los que pueden convertirse en volcán. Escribo las historias que se esconden debajo de él”.
La autora de Las viudas de los jueves, El tiempo de las moscas, Tuya, Una suerte pequeña y Betibú, entre otros títulos, en Escribir un silencio recorre muchas aristas: desde una trombosis cerebral que sufrió, su infancia, la maternidad, las raquetas de tenis de su padre, la amistad, los viajes, las ferias, las reflexiones sobre la propia escritura, sus lecturas, el género policial y la pandemia. Pero también escribe sobre aquellos que la condujeron hasta este lugar: Guillermo Saccomanno, Mauricio Kartun y María Inés Andrés.
Haciendo honor a su título, también en él se habla del silencio y de las nuevas formas de silenciamiento que se dan hoy, sobre todo, de la agresión a través de las redes sociales. “Las redes nos corrieron del lugar de personas para convertirnos en otra cosa: un nombre de fantasía, un huevito en el lugar que debería ocupar nuestra cara”, sostiene.
Claudia Piñeiro es contadora y publicó su primer libro en 2004 (una novela juvenil), Un ladrón entre nosotros, junto a una obra de teatro, ¿Cuánto vale una heladera? En 2005 publicó Tuya y ganó el Premio Clarín Novela por Las viudas de los jueves. Desde ese momento hasta la fecha, se ha consolidado como una de las escritoras más leídas del país.
Por eso, su preocupación por el sentido de responsabilidad que implica escribir y publicar, pero también por la lectura y la importancia que tiene para los individuos. En su momento dijo: “La lectura te amplía horizontes, mundos, perspectivas, puntos de vista; si no tenés todo eso, mirás el mundo de una manera mucho más unidireccional”.
Desde Leer (y escribir) como revancha, Piñeiro agrega: “Necesité leer para poder escribir. Y cuando descubrí el placer de la lectura me afligí por no haberlo descubierto antes; sentí pena por esa niña que fui, que hubiera encontrado consuelo en esos textos amigos, y me lancé a la alocada carrera lectora tratando de recuperar el tiempo perdido. ¿Por qué nadie me había avisado que ese mundo estaba al alcance de mi mano y yo no lo había hecho mío? ¿O me lo dijeron y yo no supe escucharlo? Nunca lo sabré. Lo que sí sé es que tuve mi revancha. Por eso, cuando algunos dicen que la causa de la lectura está perdida si no se acostumbra a los chicos a leer desde una edad temprana, yo callo, pero disiento. Es cierto que sentí un deber de iniciar a nuestros hijos en el mundo de la literatura cuanto antes, aunque haya una responsabilidad compartida con maestros y educadores. Pero a cada niño le tocan los padres que le tocan, y quizás sean padres amorosos, dedicados y protectores, pero no lectores. Y si así fuera, si un niño no recibiera esa iniciación en el momento que la merece, creo que, de todos modos, no hay que dar la causa por perdida. Esa sería la actitud más cómoda. O cobarde. El Estado debe cubrir esa falencia. Y así, tal vez para él, como fue para mí, el destino le tenga reservada una revancha”.
Piñeiro escribe, con placer literario y pensamiento. Sus ideas se dejan ver entre las líneas de sus novelas, así como sus personajes son del aquí y del ahora en el que transcurre la sociedad. Los protagonistas “salen de la calle en la que estoy yo”, como dijo en su momento, convirtiendo a la sociedad en un personaje más dentro de la novela. O como afirma en El lugar del escritor (?): literatura y compromiso: “Cualquier intervención política que hacemos desde la literatura no necesariamente es voluntaria; no escribimos con el afán de cambiar el mundo, sino de contarlo. Escribimos para modelar el lenguaje como si fuera arcilla, para narrar historias, para crear personajes, para inventar mundos. Si alguno de esos textos mueve una cuestión real en una sociedad, en un tiempo y en un espacio determinados, seguramente no habrá sido por voluntad de quien lo escribió. Pero sí es cierto que la literatura de una época contribuye a la educación sentimental de las personas incluidas en esas generaciones. Y la educación sentimental que hemos tenido hasta hace poco nos hizo aceptar como ‘normal’ una serie de reglas que muchas veces fueron y son injustas”.
(*) Claudia Piñeiro repasará su obra en el Centro Cultural Victoria Ocampo el próximo 7 de enero a las 19 hs.
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