Los recuerdos del mítico Elvis Café, el bar en el que tocaron varias leyendas del rock nacional

A lo largo de más de una década, desde el verano de 1994 hasta su cierre en 2005, Elvis Café se transformó en el corazón del rock marplatense. Más que un rincón temático, fue el escenario de noches inolvidables que incluyeron la presencia de figuras como Charly García, su padrino artístico Norberto “Pappo” Napolitano, y Joaquín Sabina.

Una noche cualquiera podía aparecer Charly García y tocar sin previo aviso.

30 de Agosto de 2025 11:52

La historia bien podría plantearse como la de aquel rincón temático que se convirtió en leyenda. Y sería tan acertado como decir que se trata de uno de los lugares más emblemáticos del rock en Mar del Plata.

Pero, vamos al principio. Corría el verano de 1994 cuando, sobre la calle Córdoba, entre Quintana y Saavedra, en pleno barrio Chauvín, nació un espacio que cambiaría la escena musical marplatense. Elvis Café abrió sus puertas como un homenaje al Rey del Rock, con paredes tapizadas de memorabilia, una pantalla gigante que proyectaba sus películas y un muñeco de Elvis Presley recibiendo a los visitantes en la entrada. Lo que comenzó como un local temático, pronto se transformó en un santuario para los músicos más emblemáticos del país.

Elvis Café, su nombre, se asocia inmediatamente a las bandas locales Súper RatonesCorderos y Dios los Cría, a Charly García, Sabina, Pappo, Bersuit Vergarabat, Babasónicos, Ratones Paranoicos. JAF y Miguel Cantilo, entre muchos otros. Elvis Café también evoca muchos recuerdos de toda una generación que halló en su espacio, sobre todo cuando se mudó a la calle Brown y San Luis, un lugar de encuentro y música.

Una programación de lujo para Elvis Café.

Volviendo a sus inicios, la historia tomó impulso cuando Fernando Blanco, integrante de Los Súper Ratones, se acercó al dueño, Walter Rúa, con una propuesta clara: quería tocar allí. El primer show fue un tributo al mismísimo Elvis, con Blanco caracterizado como el ídolo de Memphis. Aquella noche marcó el inicio de una seguidilla de presentaciones que convirtieron al café en un punto de encuentro obligado para artistas y fanáticos.

Sin lugar a dudas, el momento que marcó un antes y un después en la historia del café coincidió con uno de los episodios más intensos: la noche en que Norberto 'Pappo' Napolitano se presentó en el local de Córdoba y Saavedra. La convocatoria fue tan explosiva que el público desbordó el lugar, hubo disturbios, se rompieron vidrios y hasta se escucharon disparos. “Parecía que Pappo lo disfrutaba, ese caos era parte de su esencia”, recordó alguna vez Walter Rúa. Aunque el escenario era pequeño, el espíritu rockero del Carpo lo hacía gigante.

Walter rúa junto a Joaquín Sabina.

Aunque el concepto original no terminó de funcionar, Elvis Café se reinventó. Se sumaron desayunos, almuerzos y fútbol codificado, pero la verdadera apuesta fue la música en vivo. En 1996, Walter organizó un espectáculo llamado “Serrat, Sabina y aquellas pequeñas cosas”, y desde entonces, los jueves se volvieron noches de poesía y rock.

El traslado a Almirante Brown y el pacto con Charly

En 1998, el café se mudó a Almirante Brown, entre Córdoba y San Luis. Allí, durante siete años, se vivieron noches memorables. El escenario ocupaba una cuarta parte del local y era respetado como un altar. Una noche cualquiera podía aparecer Charly García y tocar sin previo aviso. De hecho, así ocurrió: su mánager se acercó y pidió que Charly tocara sin ser anunciado.

Al día siguiente, el mito se hizo realidad. “Cuando salió al escenario, el lugar se vino abajo”, contó Walter. Desde entonces, Charly fue parte de la familia Elvis y amigo personal de Walter Rúa, al punto de regalarle un cuadro pintado por él cuando nació su hijo.

Pappo y su Harley, una entrada triunfal

El padrino del lugar era indefectiblemente Norberto “Pappo” Napolitano, quien protagonizó escenas inolvidables también en este nuevo local. Por ejemplo, en una ocasión pidió un tablón sin explicar el motivo y esa noche, entró al escenario acelerando su Harley Davidson, entre humo y aplausos. Su fanatismo por los fierros era conocido, y su presencia siempre traía anécdotas.

En otra ocasión, se negó a tocar hasta que encontraran a su perro Cactus, que se había escapado del motorhome donde vivía durante sus giras. “Sin el perro, no hay show”, dijo. Y así fue: no subió al escenario hasta que el perro no apareció.

Pappo y su perro Cactus en escena.

Sabina, bombín y madrugada

En una de sus visitas a Mar del Plata, Joaquín Sabina se presentó en el Polideportivo Islas Malvinas, cenó cerca de la Plaza del Agua y terminó la noche en Elvis Café.

La historia comienza con la mediación del sombrero “bombín” para el show, sabiendo que Rúa hacía un tributo a su música. Más allá de las dudas para conocerlo, el encuentro se da antes de la presentación del autor de 19 días y 500 noches. Pero lo mejor estaría por venir, ya que, a las tres de la mañana, llegó a Elvis acompañado por su esposa, la fotógrafa Jimena Coronado, sin previo aviso. Tocaron más de una decena de canciones juntos y, luego, Sabina se arrodilló frente a Walter y le entregó su bombín como gesto de gratitud. Fue una madrugada intensa para los muchos que estaban en el lugar.

El final de una era

Elvis Café cerró sus puertas en 2005, el mismo año en que falleció Pappo, su padrino. Muchos sintieron, en ese instante, que su juventud quedaba irremediablemente atrás. 

Las causas eran muchas y variadas al intentar buscar una explicación: las bandas que habían crecido en su escenario ya llenaban estadios, había una nueva forma de tratar con los artistas y, además, se venían tiempos difíciles. A lo económico, hay que sumar los cambios en la movida nocturna y las exigencias técnicas, como la acústica y el mantenimiento, que también pesaron en la decisión.

Elvis Café: parte de la historia del rock marplatense.

Un legado que sigue sonando

Durante más de una década, Elvis Café fue mucho más que un bar. Fue un refugio para músicos, un escenario para leyendas y un rincón donde la ciudad vibró al ritmo del rock nacional. Por último, Rúa intentó mudarlo a un nuevo espacio más pequeño, en la esquina de Córdoba y la Diagonal Alberdi, pero ya no fue lo mismo. Eran otras épocas, eran otros los protagonistas. Nunca se pudo igualar lo vivido en la etapa anterior. Su historia y el anecdotario de cada uno de los que fueron parte quedaron atrapados en aquellos muros que alguna vez estuvieron vivos de rock y de la ciudad.

Elvis Café fue escuela de sonido y profesionalismo para músicos emergentes. Fue una pantalla para comenzar a mostrarse y compartir su arte, también permitió encuentros íntimos con leyendas del rock nacional e internacional, y dejó anécdotas que aún se cuentan en plazas, estudios de grabación y charlas de café.

Su impronta perdura en la memoria colectiva de Mar del Plata como uno de los escenarios más icónicos de la ciudad. Hoy, los que pasaron por aquel rincón de la calle Brown recuerdan la música y las risas compartidas, acordes que no se olvidan. Quizá sea cierto que "Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Pero también es cierto que muchos músicos y espectadores, locales y visitantes de la ciudad, lo tienen como parte de sus historias. Así como que toda una generación encontró en ese bar su sitio de pertenencia, su música y, hoy, su memoria colectiva.