Ni en el Caribe: la cascada de agua cristalina a minutos de Mar del Plata que cae directo al mar

El paisaje de belleza singular vuelve locos a los visitantes y es un lugar ideal para tomar fotos.

El fenómeno es poco común en la costa bonaerense.

5 de Mayo de 2026 12:11

Por Redacción 0223

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El Arroyo Lobería se consolidó como uno de los tesoros naturales más impactantes del sur de Mar del Plata, ubicado a la altura del kilómetro 24,5 de la Ruta 11. Este curso de agua cristalina serpentea entre los acantilados de Chapadmalal hasta desembocar directamente en el mar, creando un paisaje de una belleza singular. Su principal atractivo es una pequeña cascada natural que cae sobre la arena, un fenómeno poco común en la costa bonaerense que atrae a fotógrafos y amantes de la naturaleza.

El entorno forma parte de la Reserva Turística y Forestal Paseo Costanero Sud, un ecosistema protegido donde conviven aves marinas, acuáticas y especies de pastizal. Las formaciones rocosas que rodean el cauce ofrecen un escenario ideal para caminatas y la observación de fauna autóctona en un ambiente puramente agreste. Aunque es un punto de gran interés recreativo, las autoridades locales recuerdan que actualmente no está permitido bañarse en el cauce para preservar la calidad del agua y la seguridad.

El arroyo tiene un acceso relativamente sencillo.

El Arroyo Lobería, una experiencia de desconexión total

En los últimos años, este rincón secreto se convirtió en el foco de debates sobre el acceso público y la preservación ambiental frente al avance de desarrollos inmobiliarios. Vecinos y organizaciones sociales destacan el valor arqueológico de la zona y la importancia de proteger la desembocadura, que cumple una función vital en el control de la erosión costera. El sitio ofrece una experiencia de desconexión total, funcionando como un refugio de paz a solo unos pocos minutos del intenso ritmo del centro marplatense.

Para quienes buscan una escapada diferente, el sector cercano a la playa Luna Roja permite disfrutar de vistas panorámicas que remiten a paisajes caribeños por la transparencia de sus vertientes. Es un destino ideal para realizar actividades educativas al aire libre o simplemente contemplar el atardecer donde el arroyo se funde. La resiliencia del sistema natural desde 2020 permitió una recuperación ambiental significativa, convirtiéndolo en una parada obligatoria para los visitantes que recorren la ruta costera.