No es el Caribe: el paraíso oculto de aguas esmeralda y acantilados a media hora de Mar del Plata
El balneario es público y, pese a su altura, se puede llegar allí con vehículos particulares.
Por Redacción 0223
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La Playa de la Virgen se ubica en el límite exacto entre San Eduardo del Mar y Miramar, a la altura del kilómetro 33 de la Ruta 11. Este balneario público se caracteriza por sus imponentes acantilados y una costa agreste que se mantiene a salvo del turismo masivo. El paisaje combina formaciones rocosas con amplios sectores de arena clara y médanos bajos que le otorgan una fisonomía única en la región. Su ubicación estratégica, a solo 35 kilómetros al sur de Mar del Plata, la convierte en un refugio ideal para quienes buscan naturaleza pura.
El acceso principal requiere descender por los senderos naturales de los acantilados, aunque es posible estacionar vehículos particulares muy cerca de la línea de arena. Una de sus mayores virtudes es el tono esmeralda de sus aguas, que presentan una transparencia inusual debido a la baja profundidad y el fondo de piedra. A pesar de su perfil solitario y alejado del ruido urbano, el sitio cuenta con servicio de guardavidas para garantizar la seguridad de los bañistas. La mezcla de entorno salvaje y protección define el carácter de este paraíso oculto del Partido de General Pueyrredón.
Por qué la playa no tiene paradores ni comercios
Al no poseer paradores ni infraestructura comercial sobre la orilla, la playa conserva un silencio absoluto interrumpido únicamente por el sonido del mar. Los visitantes deben llevar sus propias provisiones y elementos de sombra, ya que no existen servicios de alquiler de carpas ni venta de alimentos en la zona. La falta de urbanización favorece la preservación de la fauna local y mantiene la limpieza de la costa frente al barrio residencial de San Eduardo: es el escenario predilecto para caminatas extensas y para la práctica de pesca deportiva en sectores de restinga natural.
El trayecto desde la Ciudad de Buenos Aires demanda unas cinco horas de viaje a través de la Autovía 2, conectando luego con la Ruta 11 hacia el sur. El contraste visual entre las paredes de tierra de los acantilados y el horizonte infinito del mar genera una postal de alto impacto para los viajeros. Muchos locales consideran a este tramo de la costa como la verdadera reserva natural del sur, donde el ecosistema se mantiene intacto. Visitarla durante el otoño o la primavera permite disfrutar de atardeceres despejados en un entorno de paz que parece detenido en el tiempo.
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