El Caribe de la Costa Atlántica: un paraíso secreto de aguas turquesas que pocos conocen

El destino ofrece una visibilidad del fondo marino poco común en la región.

El tesoro escondido está alejado de los circuitos turísticos tradicionales.

14 de Febrero de 2026 11:53

Por Redacción 0223

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De la mano de las temperaturas cálidas, los viajeros buscan nuevos oasis playeros para escapar del calor en destinos que se alejan del circuito tradicional. Los Pocitos surge como un pintoresco pueblo bonaerense cerca de Bahía San Blas, destacado por sus arenas claras y aguas de un tono turquesa sorprendente. Este paraje, conocido popularmente como el Caribe argentino, ofrece una visibilidad del fondo marino que es poco común en el resto de la Costa Atlántica.

Para visitar este tesoro escondido desde la ciudad de Buenos Aires, es necesario emprender un viaje de unas 11 horas a través de la Ruta Nacional 3. El recorrido alcanza el kilómetro 918, donde un desvío de ripio conduce a los turistas por un entorno rural que bordea constantemente el Mar Argentino. Este camino final permite a los aventureros sumergirse en la geografía típica de la Patagonia bonaerense antes de llegar al punto de destino.

El color del agua deja atónitos a los veraneantes.

De dónde viene el nombre de Los Pocitos

El pueblo fue fundado oficialmente en 1959 y su nombre proviene de cinco antiguos pozos de agua dulce que eran vitales para los primeros pobladores de la zona. Actualmente, la comunidad local se sustenta gracias al turismo estival y a la recolección de ostras, ya que poseen los bancos naturales más grandes de la región. La fisonomía del lugar cambia drásticamente durante el día, cuando la marea retrocede y deja al descubierto extensas superficies blancas.

Además de su atractivo visual, el muelle de 240 metros de largo se ha convertido en el sitio predilecto para capturar fotografías del atardecer sobre el humedal. El valor ecológico del área es inmenso, ya que forma parte de una reserva natural que protege la migración de flamencos australes y otras aves playeras. Para quienes deciden quedarse, opciones como la Posada Buena Vida brindan la tranquilidad necesaria para disfrutar de este ecosistema único y preservado.