Las gaucheries: notas al pie de página y un Mitre desconocido
Las gaucheries (Cepes Ediciones - 2024), el nuevo libro de Carlos Fratini, comienza con un epígrafe de Sarmiento y con un verso de Fabian Iriarte: “En la pampa argentina / los tordos (no los ruiseñores) / sobrevuelan los campos florecidos de milamores”.
El texto se dispone como un reflejo de la sentencia que aparece en la hoja final del libro: el contenido dicta la forma. Y es así. Todo Las gaucheries son como notas al pie de otras obras. aclaraciones, pero también disparadores de cuestionamientos y pensamientos.
Vale decir también que el libro, en realidad, está compuesto por dos textos, Las gaucheries propiamente dichas y ex Plaza Londres. Este último encierra cartográficamente una vista de la Plaza Mitre que se experimenta de manera directa a través de los ojos de otro.
“Lo que me pasó en un momento de la carrera de Letras es que me tenía que agarrar de ciertas notas al pie o cositas raras dentro de los programas para poder entusiasmarme y curiosear. Esa curiosidad, para mí siempre va muy ligada a la escritura. Eso me pasó con este libro. Arrancó un poco en paralelo a leer el material para esa materia”, comienza diciendo Carlos Fratini a la hora de hablar del libro. Y agrega, “En la segunda parte, que es más relacionada a la Plaza Mitre y con un paseo más topográfico, se dio una circunstancia muy particular: la pandemia. Yo vivía a dos cuadras de la Plaza Mitre y cuando se habilitan los paseos, el mío era salir de casa y pegarle la vuelta a la estatua de Mitre, saludarlo y volver a casa. De eso empezó a salir algo que podía formar una semi-historia de la Plaza Mitre, pero con cierta interacción”.
Paralelo a eso, Carlos fue actualizando lecturas de Mitre, como sus crónicas Las ruinas de Tiahuanaco durante su visita a Bolivia, y algunos otros fragmentos que fueron aportando material para el texto. Durante una primera instancia, el material reunido no parecía darle lugar al libro, pero la lectura atenta de Tomás Rodríguez de la editorial Cepes, “fue fundamental”, según el autor.
Fratini también plantea la posibilidad de que, la relectura y reescritura de las obras de Mitre haya sido una manera de “salir de los textos. Salir de la lectura de los textos de Mitre, o de algunos textos de literatura argentina, sobre todo de la primera parte, y hacer que eso, de repente, cobre una vida o tenga un anclaje vital en un recorrido de una ciudad”.
- ¿Y qué mirada te quedó de Mitre después de haber experimentado el proceso del libro, la relectura, o lectura de las obras de Mitre? ¿Qué pensamiento te quedó acerca de él?
- Está bien la pregunta. Nunca lo había pensado. Mirá, pienso que como lo que yo intenté hacer es deformar a Mitre, el Mitre que aparece no es un Mitre célebre, por ejemplo, ¿qué pasa si yo recorto este fragmento de La Divina Comedia que él tradujo y lo pongo acá? en ese sentido, me interesaba mucho que sea un libro de citas. Que esté la cita puesta y ver qué sentido genera. Y de repente, en un paseo por la plaza Mitre, aparece eso ahí, aparece él y es un delirio, ¿no? Es decir, parece que no tiene sentido o llega a jugar al absurdo, y yo creo que un poco la imagen de Mitre que tanto a mí me queda, como en general a las personas que lo leen, es esa: un Mitre medio deformado, un Mitre que no es el del billete de dos pesos, ni el de los libros de historia, sino otro distinto.
- Pero se da un efecto interesante, porque si bien lo lográs, lo corrés a Mitre del billete, Mitre sigue siendo Mitre y uno lo reconoce. No lo desfiguras…
- Claro, a eso iba cuando decía que no queda ridiculizado por el solo hecho de ser ridículos per se, que sí pasa con Sarmiento en la primera parte. Esto me lo hizo notar un amigo de Bahía Blanca. Pensaba también en el hecho de que aparezca este Mitre joven, el de un libro menos conocido como Las ruinas de Tiahuanaco y no el Mitre historiador más clásico, hace que también sea un Mitre medio tangencial, un Mitre escritor y no tanto el de la política.
- Las crónicas de Mitre me parecieron muy interesantes, pero yo al leer tu libro, no podía dejar de pensar en el cuento Cabecita Negra, donde el burgués tiene en su biblioteca toda la historia argentina encuadernada en cuero de Mitre, la que nunca leyó, pero la tiene para que la vean sus amigos.
- Es que es eso. Uno dice Mitre o Sarmiento y son como los grandes nombres de la patria que están puestos ahí en el anaquel para ser mostrados y para mostrar que uno pertenece a cierta concepción de la argentinidad y demás. Entonces, cuando uno lo baja del anaquel y lo pone al propio Mitre a caminar en la plaza, bueno hay que ver si se lo banca.
-Es interesante porque en los epígrafes que abren el libro hay como un anticipo que, por supuesto, te cierran cuando ya los terminaste. Sobre todo, el verso de Fabián, donde los tordos y no los ruiseñores son los que caminan por las plazas de acá…
- Qué linda lectura esa. Sí, ahí los epígrafes para mí tenían que funcionar como una muestra, un indicio de por qué el libro se llama así, que no es la única definición que se da en el libro, después aparecen otras posibilidades de por qué se llama así, pero originalmente es eso, es Sarmiento llegando a la costa de Francia y diciendo: “No quiero que se vean las gaucheries del provinciano”. Y el texto de Fabián diciendo que cuando nosotros importamos, importamos entre comillas, podemos decir que acá nosotros ya tenemos tordos, no hacen falta ruiseñores.
Las Gaucheries ya tienen cierto tiempo en circulación. Carlos Fratini se ha visto sorprendido por las devoluciones, pero sobre todo por las distintas formas de ser leído que ha tenido y por la cantidad de lecturas y detalles que encontraron en las lecturas. “En Bahía Blanca, hubo alguien que se dedicó a contar cuántas veces mencioné a Sarmiento, a Victoria Ocampo y a Mitre. ¡Realmente increíble!”, cuenta.
Y otra de las grandes experiencias de intercambio con sus lectores le ocurrió en Necochea, dónde una profesora le pidió permiso para darle continuidad a su experiencia en la plaza, pero con todos sus alumnos y en aquella localidad. “Fue como que descubrió una nueva propuesta en esa actividad de la segunda parte del libro y llevarla adelante, eso me pareció fantástico. Todo fue muy inesperado. Hubo lectores que hicieron una aproximación totalmente distinta a otros, algunos se quedan con cuestiones más eruditas, otros con cuestiones más vivenciales de la segunda. Eso es maravilloso, porque sin dudas, de todo lo que ahí sucede, yo no tengo mucho control ya”, concluye Fratini.
Cierra la propia obra: “La lira argentina se imprimió en Francia. Juan María Gutiérrez publicó las obras de Echeverría en las imprentas de Carlos Casavalles, español. Dos historias de la literatura argentina salieron de las editoriales Kraft y Peuser, ambas de inmigrantes alemanes. Estos datos revelan que, en las condiciones tangibles, al igual que en los diversos estados de lengua, no existe un libro puramente nacional”.
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