De las batallas en Brigada Cola a la pelea por un título en Mar del Plata
La estrella de artes marciales y protagonista de la serie Brigada Cola, Héctor Echavarría, forjó su leyenda mucho antes de llegar a Hollywood. En 1989, el Superdomo fue testigo de un combate real contra Néstor Barcet, quien luego lo enfrentaría en la ficción. Una rivalidad que trascendió la pantalla y quedó grabada en la memoria de una época.
Para quienes transitaron su infancia y adolescencia a principios de los 90, los nombres de Los Extermineitors o Brigada Cola resultarán conocidos y, quizás, nostálgicos. En estas producciones locales, tanto en la película como en la serie, coincidían varios de sus protagonistas. Uno de ellos era Héctor Echavarría, el referente de las artes marciales que supo ganar una inmensa popularidad en nuestro país.
En el contexto de aquellas historias, Echavarría logró forjar rivalidades con otros dos luchadores que se volverían icónicos: Randolph McClain y "el Dragón", Néstor Barcet. Este último se había hecho conocido por su participación en el programa de Gerardo Sofovich, donde realizaba demostraciones de artes marciales y rompía barras de hielo. Sin embargo, dicha rivalidad, en realidad, nació mucho antes que las peleas ficticias del cine o la televisión.
Entre todo lo que generaba aquella década de los 90, Mar del Plata fue escenario de un episodio que mezcló el deporte, el cine de acción y un combate que dejó huella en quienes lo presenciaron. El 3 de febrero de 1989, el Superdomo de la ciudad balnearia se convirtió en el telón de fondo de este encuentro. Echavarría llegaba tras consagrarse, por tercera vez, campeón argentino de karate. Su rival elegido fue un joven Néstor Barcet. El público, aunque no masivo, estaba compuesto por conocedores del ambiente: entrenadores, competidores y fanáticos que sabían leer cada movimiento.
De exhibición a guerra en el ring
Según la versión de Barcet, recogida en distintos canales de YouTube tomada de una entrevista concedida al ya desaparecido sitio Taringa, la pelea debía presentarse como una muestra amistosa, por ello, no se preparó como para un combate oficial. No obstante, al llegar a la ciudad, se enteró de que el enfrentamiento sería por el título. Lo que siguió fue una transformación: de una exhibición a una riña sin concesiones.
En el ring se cruzaron dos estilos opuestos. Echavarría se movía con elasticidad y técnica, mientras que Barcet apostaba a la resistencia y a golpes demoledores, forjados en su costumbre de partir hielo y madera. Patadas y puñetazos se sucedieron hasta dejar a ambos contendientes al límite. Los dos cayeron a la lona en varias ocasiones y ambos lograron hacerse sentir ante su oponente.
El veredicto que encendió la polémica
Cuando los jueces anunciaron el empate, el estadio estalló en incredulidad. Nadie entendió la decisión: el público, los presentes e incluso los protagonistas quedaron desconcertados. La reacción fue visceral, algunos fanatismos se hicieron visibles y la tensión no se disolvió con el fallo. Gran número de voces expertas aseguraban que el vencedor debió ser Barcet. Echavarría, con la calma del campeón, incluso entonó el himno nacional, en un gesto que quedó grabado como el cierre de una noche intensa.
Lo que vino después
La pelea no solo dejó marcas físicas: sembró una rivalidad que se extendió fuera del ring y que, según cuentan, condicionó la convivencia profesional durante los rodajes posteriores. Y como en tantas historias argentinas, apareció el conflicto económico. La versión que circula es simple y amarga: Barcet nunca cobró lo pactado por aquella función. Un detalle menor para algunos, pero definitivo para otros.
¿Quién es Héctor Echavarría?
Nacido el 6 de diciembre de 1969 en la provincia de Corrientes, su vida parece escrita para el cine: un niño que venció la enfermedad, se forjó en las artes marciales y terminó construyendo su propio destino en Hollywood. Desde sus primeros años, Héctor convivió con un asma severo que lo llevó al borde de la muerte en dos ocasiones. A los cuatro años, sus padres buscaron ayuda en un médico y maestro de kung-fu de origen chino. La acupuntura y las enseñanzas marciales no solo mejoraron su salud, sino que despertaron una pasión que definiría su vida.
El niño que apenas respiraba se transformó en un joven disciplinado. A los 16 años ya enseñaba en su provincia. Sin embargo, la energía juvenil y la calle lo empujaron a un punto de inflexión decisivo: tras un incidente con la ley, optó por cambiar de rumbo y viajar a Estados Unidos.
Del ring a la pantalla chica
En su paso por el deporte, Héctor acumuló títulos nacionales y sudamericanos. En Estados Unidos se especializó en kickboxing y sumó victorias que lo posicionaron en el circuito internacional. El salto a la actuación llegó cuando el director Michael Mann lo convocó para un capítulo de División Miami (Miami Vice). A partir de allí, su imagen empezó a aparecer en publicidades y revistas especializadas; su currículum marcial ya lucía grados altos en karate, kung-fu y taekwondo.
A fines de los años 80, una aparición en La noche del domingo, programa de Gerardo Sofovich, lo catapultó al reconocimiento masivo en Argentina. Aprovechó el auge del VHS para grabar videos de defensa personal que se vendieron masivamente. Su figura, ruda y didáctica, conectó de inmediato con el público. Durante su estadía en el país, actuó en las mencionadas producciones de Los Extermineitors y Brigada Cola, dejando una huella imborrable en la memoria popular.
Un productor con sello propio
De regreso en Los Ángeles, Héctor decidió no conformarse con papeles estereotipados. Cansado de interpretar siempre al delincuente, decidió tomar el control: escribió, produjo y dirigió su propio material. Para financiar su primer largometraje vendió su casa, la apuesta rindió frutos cuando una distribuidora importante le ofreció un contrato millonario.
Con su productora, Destiny Entertainment Production, ha escrito y dirigido cerca de veinte películas de acción, títulos como Extreme Force, Dead Warrior y Duel of Legend, y ha trabajado con figuras como Danny Trejo. Su carrera también lo llevó a entrenar a peleadores de la UFC y celebridades que buscaban su método de disciplina.
En 2022 volvió a filmar en Argentina, participando en proyectos como Gods y Robo mundial. Más allá de las polémicas, queda la imagen de un hombre que transformó la adversidad en motor creativo: de la asfixia infantil a la creación de su propio universo cinematográfico. Una historia que, sin duda, tiene un capítulo fundamental en Mar del Plata.
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