La tétrica Iglesia de Mar del Plata que quedó en ruinas tras una inundación y se puede visitar

Tras el anegamiento, se vieron afectados gravemente sus cimientos y la cripta.

Es un atractivo para el turismo urbano y lo paranormal.

28 de Febrero de 2026 14:01

Por Redacción 0223

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La iglesia "La Micaela", oficialmente capilla Eustaquio Aristizábal, es un imponente templo neogótico abandonado ubicado cerca de Vivoratá, a unos 40 kilómetros de Mar del Plata, sobre la Ruta 2. Fue construida en 1911 por Micaela Ugalde en honor a su difunto esposo, Eustaquio Aristizábal, y funcionó como capilla, escuela y contaba con una cripta para los restos de la familia. Su diseño es una réplica a menor escala de la Catedral de Mar del Plata, con tres naves, altares de mármol y mobiliario traído desde Francia, reflejando la moda arquitectónica de principios del siglo XX.

El templo surgió en un contexto de crecimiento de Vivoratá, un poblado fundado en 1886 por productores agroganaderos españoles. Aristizábal se había establecido como comerciante próspero y, tras su muerte en 1906, su esposa decidió erigir la iglesia como homenaje. La inauguración tuvo lugar el 22 de enero de 1911, convirtiéndose en el primer templo católico del pueblo. El edificio contaba además con órgano, púlpito de madera tallada y pilas de agua bendita sobre columnas de mármol, destacando tanto por su lujo como por su función religiosa.

La capilla se puede apreciar desde la ruta.

Los visitantes de La Micaela aseguran que se escuchan voces

El abandono comenzó tras la muerte de Micaela, y las inundaciones de la década de 1960 afectaron gravemente los cimientos y la cripta. Los restos de los fundadores fueron trasladados a Coronel Vidal, y la iglesia cerró definitivamente poco después de la inauguración de la capilla de Nuestra Señora de Luján. Desde entonces, el edificio se encuentra en ruinas, con paredes mohosas, sin puertas ni ventanas, y rodeado de altos yuyos que recuerdan el paso del tiempo y la tragedia que dejó la naturaleza sobre el templo.

A pesar de su deterioro, la iglesia sigue siendo un sitio de misterio y curiosidad. Los vecinos cuentan que tras la muerte de Micaela se escuchaban voces y gritos inexplicables en el lugar y en la escuela anexa, hechos que contribuyeron al cierre definitivo. Hoy, automovilistas que pasan por la Autovía 2 pueden verla rápidamente, pero quienes se detienen descubren su atmósfera tétrica y la belleza neogótica de un templo que combina historia, leyenda y ruina, convirtiéndose en un atractivo para el turismo urbano y lo paranormal.