"Nos dimos cuenta de que no éramos los únicos”: cómo nació Nietes en Mar del Plata

En diálogo con 0223, Ramiro, Martín y Lautaro contaron cómo se involucraron en Nietes y reflexionaron sobre el rol de las nuevas generaciones en la construcción de la memoria.

El surgimiento de Nietes Mar del Plata. Foto: @nietes.mdp

24 de Marzo de 2026 16:46

Por Redacción 0223

PARA 0223

En una casa frente al Hospital Materno Infantil de Mar del Plata, mientras un grupo de chicos pintaba una bandera, empezó a surgir algo que ninguno de ellos tenía del todo claro que necesitaba: encontrarse. Era el espacio de H.IJ.O.S. y Martín y Lautaro habían ido a acompañar a su papá. "Cuando entramos nos dijeron ‘los nietos están atrás’”, recordó Martín y contó cómo, casi por casualidad, pasaron al patio. 

Atrás, en ese espacio improvisado, estaban las chicas y los chicos que poco después darían forma a "Nietes" en la región. Para Lautaro, el recorrido había empezado mucho antes, aunque sin un nombre concreto. “Desde muy chiquito voy a la casa de H.I.J.O.S. Ese día fuimos y nos dijeron que los nietes estaban haciendo una bandera. Fuimos con mi hermano y pegamos onda”, contó.

 

 

Ese primer acercamiento no fue una reunión formal ni una convocatoria masiva. Fue, más bien, una conversación que se fue armando sola. “Subimos a una parte de arriba a hablar y se dio una charla muy emotiva”, recordó Lautaro y agregó: “Ahí nos dimos cuenta de que había gente como nosotros, que no eramos los únicos que se quedaron sin la posibilidad de conocer a sus abuelos”.

Martín coincidió. En esos primeros encuentros, lo que apareció no fue tanto la discusión política, sino las historias personales: “Desde el principio hablábamos de nuestras historias y encontrábamos similitudes. Eso es lo que después también nos sirve para hablar con otros, para transmitir”.

Qué es ser Nieto

“Ser nieto es un reclamo constante”, dijo Martín y agregó: “Yo todavía no sé dónde están los restos de mi abuelo, no tengo un lugar donde llevarle flores”. Pero esa ausencia no es solo memoria, sino también motor: “La carrera que elegí, que es Ciencias Políticas, tiene que ver con mi abuelo, con entender las injusticias y querer transformarlas”.

Para Lautaro, en cambio, la relación con la política es más ambivalente. “No me gusta hablar de política, pero cuando se trata de mi abuelo, sí. Porque lo que me pasa es que me quitaron la posibilidad de conocerlo”. En los dos aparece una síntesis que atraviesa a varios de los integrantes de Nietes: el cruce entre la historia familiar, la identidad y la militancia.

La aparición de Nietes no es casual en un contexto donde los discursos sobre la dictadura están en disputa. “Hoy el negacionismo está más habilitado”, expresó Martín y agregó: “No creo que haya cambiado lo que la gente piensa, sino que ahora se animan a decirlo”.

“Se está instalando una idea equivocada sobre quiénes son los responsables de la situación actual”, agregó Ramiro y explicó: “Se evita hablar de los grandes poderes económicos y del rol que tuvieron”. Para él, el desafío de las nuevas generaciones está ahí y es el de conectar procesos: “Entender que lo que pasó no fue para solucionar problemas, sino para imponer un sistema, y que el mundo se puede organizar de otra manera”.

El rol de los nietos como actores de la nueva generación

En este contexto particular, Nietes busca algo más que sostener la memoria: traducirla. “Tenemos que transformar el viejo diálogo sobre derechos humanos”, expresó Martín y continuó: “Las nuevas generaciones se informan por redes, por cosas más cortas. Hay que llegar de otra manera”.

Ese objetivo se traduce en actividades concretas: charlas en universidades, intervenciones públicas, participación en debates locales. También en articulaciones con otros espacios, como el Faro de la Memoria. "Mar del Plata es una ciudad bastante gorila, pero en derechos humanos es sensible”, dijo Martín y ejemplificó con la masividad de las marchas del 24 de marzo o la reacción comunitaria frente a las medidas que afectan (o intentan afectar) a los sitios de memoria.

 

 

Aunque cada uno atraviesa procesos de distinta manera, en Nietes hay algo que los une, que es la experiencia compartida de ser nietos de desaparecidos. “Para mí significa orgullo y angustia”, expresó Lautaro y explicó: “Orgullo porque sé quién fue mi abuelo y angustia porque me lo sacaron”.

Ramiro lo define de otra manera: “Es tener una gran familia. Una red de gente que cree en la justicia”. Pero en todos los casos, aparece un denominador común, en la forma en que esa historia atraviesa su mirada sobre el mundo. “Te da otra sensibilidad, más empatía", sintetizó Lautaro.

50 años después

En la actualidad la dictadura se percibe de un modo muy diferente: “Para muchos jóvenes es algo lejano. En mi curso hay chicos que no saben casi nada sobre lo que pasó”, contó Lautaro. Esa distancia, la ven como un riesgo: "Si no se habla, si se vuelve solo una fecha, puede perder sentido”, planteó Ramiro y agregó: “Y ahí es cuando se vuelve peligroso”.

Por eso, uno de los principales objetivos de Nietes es intervenir en el presente: “porque no es solo lo que pasó, es lo que hacemos hoy con eso”, dijo Martín. En ese sentido, la memoria deja de pensarse como un ejercicio retrospectivo para convertirse en una herramienta política y cultural activa. No se trata solo de mantener la historia viva, sino de disputar sentidos en un contexto donde las narrativas sobre el pasado reciente están en permanente tensión.

A 50 años del golpe, resulta impostergable traducir la memoria sin vaciarla, acercarla sin simplificarla. En esa tarea, Nietes se presenta como un puente entre generaciones y como un actor protagónico, capaz de interpelar, incomodar y generar nuevas preguntas. Si algo tienen en claro, es que la memoria no es un legado cerrado, sino un proceso en permanente construcción.