El tétrico cementerio abandonado que quedó sepultado por el agua

Las tumbas quedaron semiderruidas y las cúpulas, completamente demolidas.

Los vecinos de la zona analizan qué hacer con las instalaciones.

3 de Marzo de 2026 10:49

Por Redacción 0223

PARA 0223

El antiguo cementerio de las Termas de Carhué, a orillas del Lago Epecuén, es hoy una postal de desolación y belleza inquietante. Las tumbas semiderruidas, las cúpulas demolidas y las huellas de la inundación conviven con el blanco intenso que dejó el sulfato en cada superficie. A pesar del deterioro, algunas lápidas conservan detalles artísticos que sorprenden por su calidad. La experiencia de recorrer el lugar mezcla tristeza, memoria y una admiración inevitable por el paisaje petrificado.

En 1985, una sudestada perforó el terraplén que contenía al lago y sepultó bajo el agua a la villa turística de Epecuén, entonces uno de los destinos termales más importantes de la provincia. Con una población estable de 1.500 habitantes y capacidad para miles de visitantes, el pueblo quedó abandonado y el cementerio rodeado por el avance del agua. La evacuación de los restos fue caótica y dolorosa, con traslados a contrarreloj y féretros rescatados incluso con buzos. El 12 de diciembre de 1986 concluyó el operativo, tras retirar más de dos mil ataúdes.

Durante más de noventa años albergó a miles de vecinos.

Qué pasa en la actualidad con los cementerios de Carhué

La historia de los cementerios de Carhué, sin embargo, comenzó mucho antes de la inundación. Hubo un primer camposanto cercano al antiguo fuerte militar, luego otro emplazado al norte del pueblo y finalmente el habilitado en 1897, que fue el que quedó bajo el agua. Durante más de noventa años albergó a miles de vecinos, con panteones familiares, nichos y sepulturas en tierra que reflejaban las diferencias sociales de cada época. Con el crecimiento poblacional, las ampliaciones fueron constantes hasta que el desastre natural cambió el destino del lugar.

En la actualidad, cuando el lago retrocede, las ruinas emergen como un escenario fantasmal y artístico al mismo tiempo. Árboles petrificados por la sal, escombros de nichos dinamitados y estructuras erosionadas componen un paisaje único en la provincia. El debate sobre qué hacer con el viejo cementerio -demolerlo, preservarlo como ruina histórica o convertirlo en paseo turístico- sigue abierto entre los vecinos. Mientras tanto, el nuevo cementerio, inaugurado en 1986 en un predio más elevado, continúa en funcionamiento como el cuarto capítulo de esta historia marcada por el agua.