Cepes Ediciones: Cinco años de resistencia artesanal y voz propia

A un lustro de su nacimiento en Mar del Plata, Cepes Ediciones consolida un catálogo artesanal frente a la inmediatez digital. Entre libros cosidos a mano, el sello celebra su aniversario con la presentación de Todas las fiebres se curan, una obra que entrelaza memoria e identidad a 50 años del último golpe cívico militar.

El aniversario número cinco de Cepes Ediciones coincide con una fecha de peso histórico: los 50 años del inicio de la última dictadura cívico militar.

5 de Abril de 2026 11:00

Hay que ubicarse en el año 2019. Mar del Plata, esa ciudad de contrastes marcados, sentía un vacío en las estanterías de sus librerías: publicar poesía local era una misión casi imposible. Pero de esa situación de carencia surge un germen: el de Cepes Ediciones, un proyecto que hoy celebra un lustro resistiendo a la velocidad de la época.

La idea primigenia

La idea no fue un capricho. Surgió de las aulas de la Facultad de Letras y de los encuentros “Elixir”, donde poetas de todo el país llegaban a la costa para leer sus versos. Ahí, entre talleres y lecturas, la evidencia golpeaba: Mar del Plata necesitaba una voz propia y no encontraba espacio en su geografía.

“Sentíamos que faltaba una oferta local de editoriales pequeñas y personales”, explica Tomás Rodríguez, hoy a cargo de la coordinación editorial en Cepes Ediciones. Mientras ciudades como Bahía Blanca o Rosario cuidaban sus catálogos con fondos municipales y apoyo estatal, en la ciudad el panorama era desértico tras años de recortes en cultura. Su idea fue siempre esta: “Cepes no vino a suplir al Estado, pero sí a plantar bandera por la identidad marplatense”.

“La idea de una editorial ya venía gestándose desde hacía tiempo: un proyecto que permitiera publicar a autores locales. Cuando empezamos a darle forma, llegó la pandemia, lo que demoró muchísimo el proceso. A fines de 2019 ya estaba el germen de la editorial, pero la emergencia sanitaria nos retrasó bastante. Recién en 2021 pudimos anunciarlo y conformar un equipo más nutrido y consolidado. En ese momento se sumó Carolina, Sebastián y, con el correr de los años, se incorporaron Marcos y Diana, quienes hoy completan este equipo editorial”, cuenta Tomás.

Fue así, entonces, como surgió el interés y la idea de publicar autores, sobre todo locales: escritores de la provincia, de lugares donde no llegan otros sellos. Por supuesto, también se sumaron amigos y personas cuyo trabajo gustaba al equipo y a quienes siempre resultaba un placer publicar. Algunos de ellos ya habían editado antes y tenían otra llegada, pero el foco estuvo siempre en los autores de la provincia de Buenos Aires y, en general, en primeras publicaciones.

—¿Cuándo notaste el reconocimiento, sobre todo en las ferias, que es donde ustedes trabajan tanto? ¿En qué momento sentiste que ya tenían un espacio ganado allí?

—Creo que fue en la Feria Invierno. Justamente, el primer año de la feria coincidió con nuestro inicio. Fue todo muy cercano: fuimos con apenas dos o tres títulos, en una mesa que nos quedaba enorme. Hoy, en cambio, hacemos malabares para que entren todos los libros. En aquella primera experiencia sentimos que la mayoría de la gente no nos conocía, pero al año siguiente, cuando volvimos, ya teníamos otro nombre y otra llegada. En todas las ferias pasa algo parecido, y eso es lo lindo de estos espacios, sobre todo cuando son organizados de manera autogestiva. Nos sucede mucho también en la Feria de Rosario y en el Festival Internacional de Poesía de Rosario, uno de los más importantes de Latinoamérica, que reúne poetas de todo el mundo. Allí vamos desde hace varios años con nuestro estand, y ya hay lectores que nos buscan porque conocen nuestros libros. Se genera algo muy especial: algunos nos cuentan que compran directamente por la editorial, más allá de los autores, porque confían en nuestro estilo de edición. Después de dos o tres años en ferias empezamos a escuchar comentarios como: “El año pasado les compré tal libro y me encantó, ¿tienen algo parecido?”. Ese diálogo directo con los lectores es el reconocimiento más valioso, para nosotros es una gran alegría, sobre todo porque trabajamos con autores que, en su mayoría, publican sus primeros libros y se vuelven muy cercanos.

—¿Cómo fue dándose el sostener la editorial? Porque imagino que la cuestión económica no es fácil para una actividad como esta…

—Todo el trabajo de la editorial es a pulmón, sostenido únicamente por la voluntad. Ninguno de nosotros obtiene un ingreso económico a partir de esto: todo lo que entra se reinvierte en poder asistir a ferias, publicar nuevos libros y cubrir la logística que implica sostener la estructura, algo que cada vez se vuelve más difícil. Por suerte, seguimos teniendo la posibilidad de hacerlo de esta manera y nuestros autores lo valoran. Eso es lo lindo: saben que nunca les cobramos ni les exigimos vender cierta cantidad de ejemplares en preventa para que su libro salga, ni les pedimos dinero para publicarlos. Esa modalidad no existe en nuestro proyecto. Ellos saben que trabajamos con esfuerzo y con plena confianza en los proyectos que encaramos. Y lo más gratificante es que tanto los autores como los lectores lo perciben. Ese reconocimiento, esa confianza compartida, es para nosotros una alegría inmensa.

El equipo detrás de Cepes Ediciones.

Libros cosidos a mano y paciencia

Entrar al taller de la editorial es sumergirse en una lógica que la inteligencia artificial no puede replicar. Aquí los libros se imprimen, se cosen y se refilan ciento por ciento a mano. Es un proceso artesanal donde cada ejemplar es único.

En cuanto al trabajo de edición sobre el texto, Tomás es claro: “Siento que este reconocimiento también se debe al carácter y a la cercanía que tenemos con los autores. El trabajo previo a la publicación incluye una corrección muy minuciosa, aunque siempre aclaramos que no modificamos los textos: hacemos sugerencias. Elegimos una obra porque nos gusta y creemos que merece salir a la luz, nuestras observaciones son opiniones subjetivas de los editores, pensadas para enriquecerla. A veces el proceso lleva meses, incluso ahora estamos por publicar un libro de cuentos que trabajamos durante un año y medio de manera pausada y dedicada. Los autores perciben ese esfuerzo y se entusiasman con la idea de celebrar el libro”.

—¿Qué sentís que aprendiste en todo este tiempo, más allá de lo literario, en todo el proceso de creación de un libro?

—Aprendí muchísimas cosas desde lo práctico: mientras hablamos, estoy rodeado de material para seguir armando ejemplares. Ese trabajo artesanal es hermoso y muy gratificante. Pero creo que, más allá de lo técnico, el mayor aprendizaje fue la paciencia. En una época donde todo parece inmediato, este oficio enseña que nada es automático. Hay libros que llevan años de escritura, corrección y trabajo antes de ver la luz. Nosotros seguimos presentando títulos que salieron hace tiempo, porque cada libro tiene su recorrido. Ese proceso lento también es valioso para los autores: muchos llegan con la ansiedad de publicar enseguida, pero descubren que la demora, la corrección y la relectura enriquecen la obra. Por eso siento que la paciencia es una palabra clave, un aprendizaje que intento aplicar en todos los ámbitos de la vida, sobre todo en estos tiempos marcados por la velocidad.

Los 50 años de la última dictadura cívico-militar

Portada de Todas las fiebres se curan.

El aniversario número cinco coincide con una fecha de peso histórico: los 50 años del inicio de la última dictadura cívico militar. Para conmemorarlo, la editorial lanzó una edición especial de su colección No me olvides.

Nuevamente, con el mismo espíritu de rescatar voces locales y provinciales, el libro incluye textos de figuras como Victoria Montenegro y Juan Carrá, con palabras en el prólogo de Tati Almeida. La obra, Todas las fiebres se curan (Cepes Ediciones – 2026), mezcla ficción, poesía y crónicas desgarradoras sobre hechos reales y cercanos. Es un aporte necesario en un clima de época hostil, donde los discursos negacionistas intentan ganar terreno. “La dictadura es un tema que no se agota nunca, como el amor o la muerte. Seguir hablando es una cuestión de identidad”, sostiene Tomás.

Un brindis por lo que vendrá

Hoy, Cepes Ediciones es mucho más que un sello, es una red de afectos. Lo que comenzó con dos libros de autoras que ni siquiera eran marplatenses por nacimiento (Selena Avalle de Pinamar y Anabel Suárez de Necochea), hoy es un catálogo afianzado que recorre las ferias más importantes del país.

El 20 de marzo quedó marcado en el calendario como el día oficial de su nacimiento, apenas 24 horas antes del Día Internacional de la Poesía. Una coincidencia poética para un grupo de editores que, a puro pulmón, transforman cada venta en un nuevo libro. En la era de los algoritmos y los filtros de Instagram, Cepes Ediciones elige seguir ensuciándose las manos con tinta, apostando a que la literatura local sea, finalmente, algo que nos impregne a todos.