Teoría del color o el poemario que nació de una caja de pesca

Teoría del color tiene recién poco vuelo. Hace apenas unos meses que fue editado, pero su autor asegura que llevó más de cuatro años de trabajo. Un poemario que busca entre los recuerdos intentando saber de qué color son.

¿Qué colores tienen los recuerdos?

18 de Agosto de 2024 10:41

El filósofo Ludwig Wittgenstein decía en su obra Observaciones sobre los colores que un mismo color puede parecer diferente dependiendo de la luz, del entorno, del estado de ánimo. Que nuestra experiencia y nuestro contexto media cómo vemos ese color. También afirma que no existe el concepto de color puro, porque la naturaleza es tan vasta que es imposible concluir a partir de ella ese concepto.

Hace pocos meses, Gastón Domínguez nos presentó Teoría del color (Cepes Ediciones - 2024), pero su proceso de escritura viene de la pandemia en plena cuarentena (2020). “Empecé a restaurar una caja de pesca, que es una caja que aparece ahí en uno de los poemas, una caja de madera muy vieja, y me empecé a acordar de esos días de pesca con amigos. No es que me había olvidado, siempre están presentes esos momentos, pero ahí empecé a recordar algunas escenas puntuales y, encima, yo venía leyendo algunas cosas sobre la teoría y el color, que no tiene nada que ver con esto, pero fue como que se unió un poco alrededor de ¿qué colores tienen los recuerdos?”, dice el autor, quien ya tiene un libro de poesía editado: Cosmos.

Gastón agrega, “Viste que cuando uno recuerda, recuerda como puede ser una fotografía en sepia o puede ser algo con colores y a la vez también tenía que ver con esas fotografías que tienen ese revelado tipo granulado. Bueno, a mí me interesaban todas esas texturas”.

Teoría del color entre otros libros editados por Cepes.

Los poemas son cortos. Su estilo tiene que ver con lo micro, con la condensación: pocos versos y breves. Pero no es algo simple. Eso que fue la característica de su primer libro, también aparece en este segundo poemario. Hay una mirada entrenada para detectar el detalle, de eso que quizás pasa desapercibido, pero que tiene una gran potencia. Domínguez asegura no saber cómo funciona eso, pero agrega, “No lo sé, pero eso es lo lindo. Hay algo que une a estos dos libros de alguna manera que es que tienen cierta narración. Hay como una especie de historia contada en poemas, ¿no? Y esto tiene que ver con que yo no empecé escribiendo poesía, yo vengo más del palo del periodismo. Si bien no soy periodista, tengo una formación periodística, y tengo una mirada de cronista, de estar atento a cosas y detalles”.

-Entonces, esto es una especie de narración, pero contada en poemas…

- Esto de la pesca y todo eso son flashes de recuerdos, de momentos. Pero hay cosas que son inalterables, por ejemplo, si vas a la escollera Norte hoy está igual que hace un montón de años. Obviamente, hay más autos, hay más cosas, pero si te parás en ciertos lugares, en ciertos puntos, el movimiento del agua es el mismo, como pasan las lanchitas es igual, el sonido es casi igual, ¿no? Y bueno, yo en líneas generales, por esto que te decía, soy muy observador y a partir de ahí fue saliendo el resto. Lo primero que operó fueron los recuerdos, que tampoco es una sucesión de anécdotas ni nada por el estilo, sino que hay varias líneas que son recordar los días de pesca con un tío, pero que a su vez ese tío era como un padre y la relación en el medio de padre e hijo, porque él tenía hijas, etcétera. Entonces él me llevaba para todas partes. Y ahí está la línea con la pesca y el recuerdo de alguien que ya no está y cómo opera eso en un futuro, que en este caso es presente. Y ahí aparece el color, ¿con qué colores estoy recordando todas estas escenas?

-Claro, y cómo el color de esos recuerdos también depende del contexto, pensando en Wittgenstein, hay algo biológico y físico, pero también algo cultural y algo más…

- Claro, y está bueno eso. Depende del contexto y de todo esto que decíamos recién, tienen su color propio, para mí es ese granulado. Viste que antes se imprimían las fotos y a mí me alucina mucho ver fotos de esa época. Después en los 90 ya fue otra cosa, ahí hubo una explosión de colores. La textura de las cosas fue cambiando también y van cambiando en uno. La caja de pesca está igual, pero indudablemente se ha gastado un poco más el color con el paso de los años. Y uno la ve así, pero el recuerdo es el mismo, digamos, en el sentido de que cuando yo la veía cuando tenía 15 años esa caja tenía un color más vivo, pero no recuerdo ese color.

- ¿Podés encontrar alguna relación entre la pesca y la poesía? ¿Qué hay en la pesca y en la poesía que a vos te indique algo en común?

- Es una buena pregunta esa. Uno puede ir a pescar con amigos, con el padre, con el tío o con los hijos. Pero, también, muchas veces los pescadores van solos. Y cuando vas solo, hay una experiencia muy similar a la de escribir, al enfrentamiento con uno mismo. Básicamente, cuando escribís estás solo, eso es un primer punto que podría ser. Y estar solo, digamos pescando, también te enfrenta al mar o una laguna o la naturaleza. Ahí yo creo que puede haber algo. Y está buena la pregunta porque la poesía trato de verla en todos lados, obviamente en la música hay mucha poesía, como en la poesía hay mucha musicalidad, pero también veo poesía, para mí, en el gol de Maradona a los ingleses. Entonces, pescar también lo es. Hay un movimiento corporal, hay un movimiento del hilo, de la tanza, de las bollitas, de cómo buscás el pique. Ahí puede haber algo.

- Me quedé pensando, a mí me gustaba ir a pescar solo. Y ahí me enfrentaba a mí mismo, solo con tu alma y el azar. Y lo pensaba también en la poesía. Porque digo, vos podés saber dónde está el cardumen, donde se pesca mejor, pero siempre dependés de algo así como la suerte también, del azar…

- Es muy bueno eso. Porque lo que vos decís es el planificar, el poder programar para poder escribir, narrar. Pero, cuando estás ahí, te sale un verso y después vos ponés otro y ¿cómo es eso? Se unieron y salió. Y alguno quedó lindo, una palabra con la otra. Y después viene la corrección, el pulir. Me gustó mucho eso del azar. También pienso la relación entre el disfrute que siento al ir a pescar, a mí me gusta el deporte de la pesca, y en ese punto se acerca a la forma de escribir, porque yo soy de esto que te decía, de tomarme 3 o 4 años para un poemario. Hoy una cosa, a los 4 días escribí otra y a los 2 meses escribí otra. Pero, mientras tanto, todos los días en la cabeza va apareciendo algo. Ya me di cuenta de que es mi modo, mi estilo.

Portada del poemario Teoría del color.

Luego de un primer taller de poesía con Matías Moscardi y Gastón Franchini que dio origen a su primer libro, Domínguez siguió escribiendo poesía por su cuenta hasta llegar a Teoría del color. Él agrega, “En primer lugar, yo no me considero un poeta. Creo que utilizo la forma. Estoy como acercándome recién, indagando en esto, pero es algo muy inasible. Yo, lo que estoy logrando ahora de alguna manera con este segundo libro es algo de ese empezar a tener cierta intuición”.

- ¿Cierta intuición sobre qué? ¿Cómo opera esa intuición?

- Es como que sabés algo y no lo sabés, pero está ahí. Está ahí dando vueltas y tiene que ver directamente con la poesía, ¿no? Yo empecé escribiendo no ficción y adopté la forma de la poesía. Me tiré a escribir algunos cuentos y una novelita que tengo inédita, pero me di cuenta de que para que la literatura funcione tiene que haber esto que decía hoy, una alquimia entre las palabras, tiene que haber una musicalidad. Creo que esa musicalidad yo todavía no la logré del todo. La estoy buscando todavía, me cuesta cortar los versos. Me falta muchísimo, muchísima lectura también, entonces estoy leyendo mucha poesía y sobre el tema.

cuáles son, en verdad // los colores de la infancia”, dice uno de los poemas del libro. ¿Qué son los colores? ¿Dónde está la infancia? La poesía y esa manía de hacer pensar.