De Mar del Plata a Copenhague: la historia detrás de “La Bristol”, las medialunas que conquistan Dinamarca

Gonzalo y Rocío emigraron en 2019 y hoy lideran “La Bristol”, un emprendimiento que lleva el sabor clásico de las medialunas marplatenses a Europa. Entre prueba y error, lograron emocionar a argentinos en el exterior y también a daneses.

De Mar del Plata a Copenhague: la historia detrás de “La Bristol”, las medialunas que conquistan Dinamarca

12 de Abril de 2026 15:15

A más de 12 mil kilómetros de Mar del Plata, el aroma a medialunas recién horneadas volvió a hacerse familiar. No fue casualidad: detrás está la historia de Gonzalo y Rocío, una pareja marplatense que en Copenhague encontró su lugar en el mundo y también un nuevo comienzo.

Llegaron en 2019, después de experiencias laborales en el exterior y con la idea de probar suerte lejos de Argentina. “Nos gustó desde el día uno que pisamos acá. Y no hubo vuelta atrás”, cuenta Rocío. Como muchos migrantes, los primeros años fueron de adaptación: limpieza, gastronomía, construcción, jardinería fueron algunos de los rubros por los que pasaron. “Fue un poco de todo”, resumen en diálogo con 0223.

Pero el giro llegó de la manera menos pensada. Todo empezó en el cumpleaños de su hijo Pino. “Decidimos hacer medialunas y la verdad eran horribles”, recuerdan entre risas. Sin embargo, algo pasó: a los invitados les gustaron y eso encendió una idea. En ese momento, Gonzalo se había quedado sin trabajo. “Dijimos: vamos a probar. Estuvimos dos meses haciendo medialunas todos los días. A veces nos comíamos unos panes horribles hasta que un domingo dijimos: es por acá”, cuenta.

Todo empezó en el cumpleaños de su hijo Pino.

Desde entonces, el proceso fue puro ensayo y error. Gonzalo, quien había estudiado gastronomía en Argentina, anotó cada paso en un cuaderno, desde la primera receta hasta la última. “Es hacer todos los días, ajustar temperaturas, tiempos. Si le errás en una parte del proceso, la medialuna final ya no es la misma”, explica.

Tras el secreto de las medialunas marplatenses

El objetivo era claro: acercarse lo más posible a un sabor reconocido para los marplatenses. “La idea era encontrar una medialuna parecida a la de La Boston. Para nosotros es la referencia”, admite.

Devenidas casi en un patrimonio cultural, no hay como las medialunas marplatenses. Son las más ricas. Detrás de ellas corre el mito sobre la calidad del agua de la ciudad, pero el secreto es otro. "Se pueden hacer en cualquier lado. Obviamente, la materia prima cambia un montón de país a país. Pero si respetás los tiempos y las hacés todos los días, vas encontrando en qué le vas errando", cuenta Gonzalo.

Todos los días hornean decenas de medialunas y facturas.

Un pedazo de Mar del Plata en el corazón de Copenhague

Así nació “La Bristol”, un nombre cargado de identidad marplatense. “Es un punto icónico. Cualquier argentino lo reconoce”, dice Rocío. Y también, estratégicamente, es un nombre que suena familiar en Europa: al suroeste de Inglaterra se encuentra Bristol. "Queríamos un nombre que hiciera ruido, pero que lo supieran pronunciar", explica.

Lo que empezó como una prueba casera no tardó en crecer. “A partir de ese domingo fue una cosa que no paraba. Era siempre un mensaje, aunque sea media docena, se vendía todos los días”, cuenta Gonzalo. Hoy producen medialunas dulces, saladas, rellenas, facturas con pastelera, libritos y chipa, siempre con una premisa: mantener lo clásico.

“Acá hay propuestas más modernas, con pistacho o crema con frambuesa. Nosotros vamos a lo tradicional. También porque Mar del Plata tiene un producto muy tradicional. Nuestra medialuna es muy clásica. Y funciona. La gente confía un montón en nuestro producto”, asegura Rocío.

Las medialunas marplatenses triunfan en Dinamarca.

El público, aunque inicialmente latino, se amplió. Los daneses -acostumbrados a otro tipo de panadería- empezaron a incorporar el producto. “Son bastante abiertos en ese sentido. Prueban una medialuna y es como ‘wow’. Les llama la atención”, dicen.

El fenómeno incluso cruzó fronteras: clientes que compran y se llevan las medialunas a Italia o Alemania, fotos que llegan desde otros países, o marplatenses que, al probarlas, se emocionan. “Uno nos dijo que se sentía en la costa, comiendo en una reposera. Eso es lo máximo”, cuenta Gonzalo.

Esa conexión emocional es el motor del proyecto. “Replicar un sabor de Mar del Plata en otro país y que alguien lo reconozca es increíbleA veces vuelvo en la bici después de una entrega y lloro de la emoción", dice.

El crecimiento no se detiene. El 1 de mayo abrirán un food truck en una zona estratégica de la ciudad, cerca del centro. Además, Rocío decidió dejar su trabajo para dedicarse de lleno al emprendimiento. “Ahora nos vamos a enfocar 100% con La Bristol. Es un gran desafío”, afirma.

Rocío y Gonzalo abrirán el food truck de La Bristol el próximo 1 de mayo.

De un antojo casero a embajadores del sabor marplatense

Con el tiempo, “La Bristol” se transformó en algo más que un emprendimiento gastronómico: se volvió un punto de referencia para argentinos y latinoamericanos en Dinamarca. Cada visita, cada recomendación, fue ampliando su alcance hasta convertirse en una referencia gastronómica para quienes buscan un sabor familiar lejos de casa.

Ese reconocimiento también llegó desde figuras destacadas. Uno de los momentos más especiales fue cuando lograron que el reconocido pastelero Osvaldo Gross probara sus medialunas. “Le mandamos, las probó y dijo que estaban buenísimas. Es Osvaldo Gross… es un montón”, razona Gonzalo.

Hoy, “La Bristol” no es solo un emprendimiento. “En cierta forma, es representar a Mar del Plata en otro país”, concluye Gonzalo.