Qué pasaba por la cabeza de Matías Paz antes de asesinar de 40 puñaladas a la hermanita y la mamá

A un año del doble crimen, la Justicia se inclina por el sobreseimiento del chico de 25 años al entender que es "inimputable" por esquizofrenia. Hoy sigue encerrado en el mismo penal de Melchor Romero donde está Ariel Bualo, el psicópata que degolló a sus dos hijos para vengarse de la exesposa. 

26 de Mayo de 2022 08:57

Una semana antes de matar de cuarenta puñaladas a la mamá y a su hermanita, Matías Nahuel Paz no dejaba de pensar en la muerte. Pero no porque ya estuviera planificando el crimen, brutal y fuera de toda lógica, de los familiares más cercanos sino porque temía por su propia vida. Sí, con veintitrés años y sin enemigos aparentes, el chico se había convencido de que alguien lo quería asesinar. Era una idea fija, permanente, una obsesión que le quitaba el sueño y que alimentaba en él toda clase de fantasmas insólitos: pensaba, por ejemplo, que lo vigilaban constantemente a través del celular y hasta desconfiaba de los autos que circulaban frente a la casa porque suponía que los enviaban para seguir sus pasos de cerca.

¿Pero quién enviaba los autos? ¿Quién vigilaba sus movimientos? ¿Quién lo quería matar? Matías no podía responder ninguna pregunta y esa impotencia lo desesperaba aún más. “En mi corazón sentía que estaba muerto, se alteró todo en mi cuerpo”, fue lo que declaró el homicida confeso al intentar explicar las sensaciones que lo atormentaban en aquellos días, durante una de las cuatro entrevistas a las que se sometió con el grupo de psiquiatras forenses de la Asesoría Pericial del Departamento Judicial de La Plata.

Entre tanta confusión e incertidumbre, Matías tenía, al menos, la firme sospecha de que lo estaban “psicopateando”. De hecho, fue a Google, escribió “psicopatía” y amplió varios resultados de búsqueda, creyendo que así develaría quién estaba detrás de las maniobras de las que se consideraba víctima. Las alarmas en el chico, que por entonces estudiaba en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), se habían encendido a partir de un encuentro fallido con una mujer que contactó por Instagram.

En una de las entrevistas con los psiquiatras, el joven dijo que había acordado una cita pero que al llegar al lugar, en el horario pactado, no encontró a la mujer sino dos palabras extrañamente escritas sobre la pared que rezaban la sugerencia “Matías relájate”. Y dijo que después, ese mismo contacto empezó a enviarle mensajes telefónicos con “amenazas de muerte”, lo que despertó en él un estado de alteración extrema.

Se presume que Zoe Paz dormía cuando fue brutalmente atacada con un cuchillo filetero por el hermano.

Matías, al final, supuso que todo formaba parte de un plan para frustrar sus aspiraciones políticas. Ya había acusado problemas en ese ámbito después de involucrarse con un partido dentro de una sociedad de fomento. La "militancia" iba bien pero la tuvo que abandonar después de advertir que los compañeros "lo envidiaban". Los profesionales que lo escucharon, sin embargo, fueron tajantes al concluir que los episodios descriptos por el chico no fueron más que “ideas delirantes persecutorias” y “fenómenos alucinatorios”.

Para los expertos forenses, de todos modos, el tenor de cada uno de estos delirios y alucinaciones guardan un valor clave a la hora de reconstruir y comprender el “proceso evolutivo” del trastorno ezquizofrénico “de naturaleza crónica y deteriorante” que se le diagnosticó al acusado y que en el mediodía del 26 de mayo del 2021 “culmina en las conductas homicidas” contra Zoe Paz y Laura Sánchez, la hermana y la mamá, de 9 y 45 años, respectivamente.

En el informe médico al que accedió 0223, los peritos respaldan su análisis en los postulados del psiquiatra francés Henri Ey sobre los “famosos crímenes inmotivados de los esquizofrénicos” en donde se busca dar un marco teórico a aquellos impulsos homicidas en los cuales el enfermo no puede dar ninguna explicación. “Si bien estos crímenes parecen sin motivo, cuando se analiza el desarrollo patológico que estaba sufriendo el paciente es posible explicarlos como una etapa más del mismo”, explican.

Y es que, efectivamente, Matías Paz en ningún momento refiere algún motivo directamente ligado a las víctimas como para desencadenar el doble crimen. Sí recuerda haber mantenido diferentes discusiones con la madre por razones de convivencia aunque sin llegar a la agresión física mientras que a la hermanita la evoca como una persona “inteligente, activa y agradable”. Ni siquiera se citan confrontaciones con la pareja de la madre ni con el segundo hermano, que eran las otras dos personas que vivían en la casa del barrio Villa Lourdes donde se desató el horror.

El psiquiatra francés Henri Ey escribió sobre los “famosos crímenes inmotivados de los esquizofrénicos”.

Tampoco se mencionan antecedentes de gravedad, aunque sí se hace hincapié en el contexto de violencia que acusaba el chico en su infancia, producto de las peleas frecuentes que tenía la mamá con el papá, quien padecía alcoholismo. El imputado dice que en cada discusión sufría “ataques de pánico y de nervios” y desmayos. Por estos episodios llegó a ser evaluado en el Materno Infantil a los catorce años pero los profesionales del hospital público entendieron que no era necesario recetar tratamiento alguno.

 

“Ataque de locura”

Ante los psiquiatras forenses, el chico fue capaz de brindar un “relato detallado” sobre el aberrante hecho que se gestó a plena luz del día en el domicilio de Triunvirato al 800, y a partir del cual se lo imputó por el delito de “homicidio triplemente agravado por el vínculo, por ensañamiento y por mediar un contexto de violencia de género”. “Estoy tranquilo, estoy bien, me agarró un ataque de locura”, dijo, sobre el doble crimen, en las entrevistas que se desarrollaron mientras él permanecía bajo los efectos de un tratamiento antipsicótico.

Tras propinarle veinte puñaladas a Laura y otros tantas a Zoe, Matías intentó prender fuego la vivienda y escapó, dos gestos que evidenciaban un intento por desligarse de los asesinatos. Los profesionales de la salud que evaluaron al femicida reconocen que “a partir de esto puede inferirse que en ese momento comprendió que las consecuencias de lo ocurrido lo perjudicaban”, a pesar de que ambos crímenes “fueran motivados por los síntomas psicóticos que padecía”.

Sin embargo, los mismos psiquiatras después son contundentes al determinar que “las conductas desplegadas al momento de los hechos investigados en autos permiten concluir que Matías Paz no pudo comprender la criminalidad de los mismos ni dirigir sus conductas al momento de estos”. “Teniendo en cuenta las características del hecho y la enfermedad psiquiátrica que padece, se considera que estas se encontraban afectada al momento del hecho”, ratifican, en otro tramo del informe que se elevó a la fiscalía.

 

Libre de condena

La lectura que hacen los expertos sobre la salud mental del imputado sepulta la posibilidad de una condena a perpetua, tal como habían pedido los familiares de Zoe y Laura en las puertas de Tribunales a los pocos días del doble crimen. En circunstancias ordinarias, no habría demasiado margen para discutir un veredicto con pena máxima pero la singular condición de inimputabilidad que se le atribuye a Matías Paz solo abre la posibilidad de un juicio para definir una medida de seguridad que, a lo largo del tiempo, garantice tratamiento y resguardo bajo cuatro paredes, dentro de un neuropsiquiátrico. Es decir que el dictamen final de este caso no tendrá un carácter condenatorio.

A la espera del juicio, Matías Paz se encuentra en el mismo lugar donde cumple condena el psicópata Ariel Bualo.

“La medida de encierro manicomial se torna obligatoria en función de preservar la integridad de Paz y de terceros. La idea es que esta medida continúe por un buen tiempo hasta que dictámenes específicos acrediten que el joven salió de esta situación psicótica”, explicaron fuentes del Ministerio Público Fiscal consultadas por este medio, mientras se aguardan por definiciones sobre la fecha de debate.

En la Asesoría Pericial de La Plata insisten en que el joven presenta “criterios psiquiátricos de peligrosidad” social, al tener en cuenta que el trastorno mental “se encuentra en la etapa de inicio con preservación de las funciones psíquicas” y la corta edad – tenía veintitrés años cuando ejecutó el doble crimen y ahora tiene veinticinco –, algo que implica “otro factor de riesgo”. “El pronóstico de este tipo de patologías es reservado y evoluciona con recaídas que en general están relacionadas a abandonos del tratamiento durante los cuales puede reaparecer la peligrosidad hacía sí y terceros”, advierten los psiquiatras.

La Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº7, a cargo de Leandro Arévalo, sostiene, al igual que la defensa de Paz, el planteo de sobreseimiento por inimputabilidad y ya solicitó la elevación a juicio para discutir la medida de seguridad a imponer. El destino de la causa aún es incierto porque el tribunal de alzada entiende que esta medida debe resolverse en el ámbito de la Justicia de Garantías pero la misma Justicia de Garantías también insta a que se haga un juicio. Así que, por esta fecha, son los jueces de la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata los que deben resolver a quién le corresponde intervenir para poner fin a esta etapa del proceso judicial.

 

Lejos de casa

A la espera del posible juicio, Paz pasa sus días encerrado en la Unidad Penal Nº34 de Melchor Romero para presos psiquiátricos. Se trata de la misma cárcel donde cumple la pena a reclusión perpetua Ariel Bualo, el psicópata de Mar del Plata que degolló a sus dos hijos chiquitos el 16 de octubre del 2000 para vengarse de Adriana García, la exesposa.

El traslado a esa unidad carcelaria se definió a mediados del año pasado. El fiscal Arévalo lo había solicitado después de que el chico, a muy pocos días de haber cometido el doble femicidio de la mamá y la hermana, se intentara suicidar en el penal de Batán “clavándose un filo en las venas y en el pecho”.

Gracias al tratamiento psicofarmacológico que recibe, Matías Paz se recompuso, pudo controlar sus miedos y ahora, en Melchor Romero, juega al fútbol y continua con los estudios de la carrera de abogacía para “ayudar a otras personas” en el futuro. “Matías está tranquilo, con intenciones de estudiar, y es contenido por algunos familiares que lo van a visitar”, confirmaron al respecto fuentes judiciales.

 

Lo inexplicable

En el mediodía de aquel fatídico miércoles, el horror se desató en un lapso de entre treinta y cuarenta minutos. Matías primero atacó con un cuchillo de tipo filetero a Laura Sánchez. La mamá acusaba heridas que permitían presumir algún intento de defensa. Sobre el torso, el abdomen, los brazos y el cuello se contabilizaron veinte puñaladas, y también durante la autopsia se advirtieron distintas quebraduras en los huesos en zonas cercanas a las heridas punzocortantes, algo que evidenció aún más la saña del hecho.

Matías Paz mató de veinte puñaladas a Laura Verónica Sánchez, la mamá.

Y después, el chico atentó contra su hermanita. La hipótesis fiscal es que Zoe Paz fue sorprendida por el hermano mayor mientras dormía. La nena no solo recibió la misma cantidad de puntazos que la mamá, sino que también fue degollada. "Fue un hecho extremadamente sangriento, uno de los más alevosos en los que me ha tocado intervenir en toda mi carrera", había reconocido el fiscal Arévalo, visiblemente conmovido después de recorrer la escena donde se materializaron los femicidios.

Una vez que consumó ambos ataques, Matías Paz intentó prender fuego la casa para tratar de ocultar las pruebas que lo incriminaban. De hecho, fue por eso que pronto se hallaron los cadáveres de las dos mujeres. El principio de incendio generó tanta alarma en los vecinos que se comunicaron con los bomberos. Y después de apagar el foco ígneo que no había llegado a avanzar demasiado, los efectivos voluntarios encontraron los cuerpos con múltiples heridas de arma blanca, por lo que rápidamente se dio intervención a la policía.

El femicida no estaba en la vivienda porque se había dado a la fuga. Se entregó, minutos más tarde, en la comisaría primera. Por sus propios medios, se acercó hasta la sede policial de avenida Independencia “manifestando a viva voz que quería entrevistarse con el jefe”, según consta en el parte oficial que difundió en aquel entonces la Jefatura Departamental. Después, entre llantos, el chico dijo que habían matado a la mamá y la hermana. Pero al ver el sospechoso corte en la mano derecha y otras manchas de sangre en la ropa, los policías de guardia no dudaron y lo aprehendieron de inmediato.

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